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» La Nacion
Fecha: 22/01/2026 07:57
En un nuevo entorno, el flamante hogar de sus padres condensa arte, recuerdos y hábitos compartidos - 4 minutos de lectura' En el edificio Punta del Río, en la ciudad de Rosario, la arquitecta Clara Griot proyectó el nuevo hogar de sus padres con el objetivo de condensar la historia familiar en sus 220m². La propuesta integra materiales audaces como el acero inoxidable en una atmósfera cálida, logrando un espacio que se proyecta hacia adelante. Tenía que verse nuevo, pero sentirse propio, define la arquitecta. La vida cambia, los hijos crecen y los metros cuadrados que antes eran escenario de juegos y corridas, de repente sobran. Eso fue lo que movilizó a los padres de la arquitecta Griot a dejar su casa familiar de los años 90 y mudarse a un piso a estrenar. Mis padres ya sabían que se iban a mudar, pero no cuándo. Como el edificio se estrenaba, fue el momento de aprovechar, cuenta Clara. El objetivo era claro: transformar una planta moderna y vacía en un hogar con identidad propia. Con esa libertad de acción y la confianza absoluta de sus clientes más íntimos, Clara diseñó una caja arquitectónica de altos contrastes. Mis padres querían un departamento que se sintiera como su antigua casa. Pero no buscaban trasladar todo tal cual; más bien, empezar una nueva etapa que tuviera guiños a su historia. Arq. Clara Griot, al frente del estudio Griot Concept Trabajamos mucho con la idea de puntos de tensión, explica la arquitecta. El living-comedor, un espacio generoso con vistas al río Paraná, se estructura a partir de decisiones materiales fuertes. Por un lado, un revestimiento de madera laqueada a poro abierto en color negro que guía el recorrido hacia el área privada; por otro, la irrupción del acero inoxidable. Rescatamos dos sillones individuales con tapizado cuadrillé que eran de mi abuela; los tenían hacía 30 años en un altillo. Hicimos un restyling total, con más relleno y retapizado, para que convivieran con los sofás diseñados a medida por el Estudio, detalla Clara. Esa dualidad se repite en las mesas ratonas: una de madera negra, sintética y perfecta, junto a otra de madera rústica, orgánica e imperfecta. Es el juego entre lo artesanal y lo industrial que define al proyecto, agrega. Reflejos y contrastes Si bien la distribución original se mantuvo, hubo intervenciones quirúrgicas para cambiar la percepción del espacio. La cocina y el lavadero quedaron envueltos en un volumen revestido completamente en acero inoxidable. Fue un desafío porque, al principio, mi mamá no estaba convencida; le parecía un material frío, de restaurante, confiesa Clara. Sin embargo, el resultado logra todo lo contrario: El acero esconde el volumen de servicio y genera una espalda que refleja el atardecer y el río, amplificando la luz y el paisaje. Una cocina jerarquizada Aprovechando su gran escala, Clara intervino el diseño estándar del edificio para elevar la categoría de la cocina sin romper la estructura. Cambiamos los frentes, mesadas y tiradores y diseñamos unos varillados de madera para camuflar los radiadores. Arte inmersivo El paso hacia el área privada deja de ser un simple distribuidor para convertirse en una experiencia. Tanto en el toilette como en el pasillo, la decisión fue apostar por lo teatral. Clara eligió un empapelado de Edición Limitada que reproduce fragmentos de pinturas clásicas e históricas para cubrir las paredes y el techo. Vivir cada metro Con la partida de sus hijas, la madre de Clara tenía una exigencia: No quiero ver camas vacías de gente que no está. Así, un dormitorio se planteó como un espacio multifunción. Un sofá-cama (para visitas eventuales o futuros nietos) convive con un escritorio y una pared que funciona como galería de arte y recuerdos. Acá armamos una composición con cuadros heredados, recuerdos de viajes y una maqueta chiquitita de la casa anterior, escondida en la estantería. Siguiendo con la premisa de que no hubiera espacios de sobra, sino que todos tuvieran un uso activo y diario para ellos dos, un segundo dormitorio se transformó en un vestidor-lounge para su padre. Él necesitaba su propio lugar de desconexión, cuenta Clara. Lejos de ser solo un lugar de guardado, el espacio incorpora un rincón de lectura con un sillón, una lámpara de pie y un banco rústico de madera que aporta carácter. La suite principal En la suite, un respaldo de grandes dimensiones resuelve la planta triangular, pero el verdadero guiño está en las paredes: se sumaron molduras para evocar el estilo clásico familiar. Aunque es un departamento nuevo, queríamos traerle un toque de su casa anterior. La intención fue lograr esa conexión sin sobrecargar, cuidando que no se sintiera como algo impuesto, explica Clara sobre ese recurso. Se diseñó un vestidor integrado con un sector de maquillaje. Al ser artista, mi madre tiene una sensibilidad especial con la luz y los objetos. No queríamos solo estantes, sino un lugar donde el arreglo personal tuviera su propio escenario.
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