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  • Redes sociales, estrés y ansiedad: 7 herramientas para dejar de vivir "con la cabeza en otro lado"

    » Clarin

    Fecha: 22/01/2026 06:43

    Usar menos el celular debe haber estado entre los objetivos de muchísimas personas para este 2026. Uno de cada dos argentinos, según una encuesta de Avalian, señaló el uso desmedido de redes sociales como un hábito negativo que incorporó por sobre el tabaquismo, el consumo de alcohol excesivo u otras conductas de riesgo históricas. Y es que, el lado bueno de todo esto, es que parece haber cada vez más conciencia de los perjuicios de la hiperconectividad, que tiene efectos concretos: mayor probabilidad de ansiedad, estrés y depresión, distracción en momentos indebidos (desde cuando se está en compañía de personas hasta las más peligrosas, como mientras se maneja), baja en la productividad, estrés, falta de foco, pérdida de tiempo, insomnio, menos tolerancia a la frustración; entre muchísimas otras. También hay cada vez más evidencia de que, lejos de tratarse de un problema personal, este efecto está diseñado por quienes están detrás de plataformas y redes sociales, cuyo objetivo (y capital) es la atención de las personas. Recientemente fue el propio Elon Musk el que admitió que el peor invento para el cerebro humano son los videos cortos, como los reels o shorts, propios de estas redes. Debemos entender cómo funcionan estas tecnologías", proponía Diego Fernández Slezak, doctor en Ciencias de la Computación y experto en IA, director del Laboratorio de Inteligencia Artificial Aplicada de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA (donde también es docente); en una nota en esta sección. "Las redes sociales están diseñadas con conocimiento neurocientífico para activar circuitos de recompensa, dependencia y ansiedad. El circuito dopamínico en el que muestran contenido está estudiado, y está absolutamente diseñado para que sea adictivo, tanto como la cocaína. Cuando uses el celular de esa manera, sabé que estás consumiendo estupefacientes, comparaba con crudeza. Fuente de malestar contemporáneo Gabriela Martinez Castro, directora del Centro Especializado en Trastornos de Ansiedad (CEETA), explica a Clarín que las causas frecuentes en cuadros de ansiedad y depresión están vinculadas a tres factores: la genética, el ambiente, y estresores desencadenantes. Un factor es que la persona ya nazca con una predisposición genética heredada de primero o segundo orden, como padres o abuelos. El segundo se refiere a que la persona haya crecido a cargo de personas que son más bien ansiosas, temerosas, sobreprotectoras o depresivas. Y por último, cualquier tipo de estresor, eso es algo muy subjetivo. Estar hiperconectado a las redes o a internet es un buen ejemplo, expone. Suscribite a Buena Vida En este último sentido, la profesional admite que la hiperconexión a las redes es uno de los fenómenos más extendidos de malestar. Se usa mucho el celular, se vive con la atención colonizada, la mente siempre en otro lado y esperando algo, la estimulación constante viene bajo la forma de notificaciones, mensajes, noticias, reels, apps, ejemplifica. Esto tiene efectos concretos: Las micro descargas de dopamina generan no solo un hábito, sino también dificultad para estar en silencio, aburrirse o sostener una tarea sin interrupciones. Su planteo va en línea con Fernández Slezak, dado que según su perspectiva excede la responsabilidad individual: No es falta de voluntad, sino que las plataformas están diseñadas para generar dependencia. Estrés Fernández Slezak explicaba que mantener una relación adictiva con las redes no genera cambios en el cerebro a nivel estructural, pero sí en la activación de los circuitos primitivos de nuestro cerebro. Estos son recompensa, ansiedad, que tienen un objetivo evolutivo de alerta, protección y supervivencia. Si comparás a alguien que vive en un entorno natural, con bajo estímulo digital, con alguien que vive en la gran urbe conectado 24/7, las estadísticas de activación de los circuitos de recompensa y ansiedad son muy distintas. ¿Qué es lo que pasa a nivel emocional y corporal?, se pregunta la psicóloga. Y en línea con el experto en IA, señala que además de que el descanso deja de ser reparador, el sistema nervioso queda en un estado permanente de alerta, por lo que aumenta el cortisol, es decir, la hormona del estrés. Y el cortisol debilita la capacidad de introspección: evidentemente, si estamos todo el tiempo atendiendo notificaciones, claramente no vamos a poder pensar en nosotros y en lo que nos pasa. Se empobrece el contacto con el deseo propio, profundiza. Cómo generar un vínculo más sano Martínez Castro no propone dejar de lado las redes, sino recuperar la soberanía en cuanto a su uso. El objetivo es volver a elegir y no que este tipo de información nos elijan, como está sucediendo hasta ahora, propone. En ese línea, sus consejos se basan en: - Chequear los estados de ánimo. Preguntarnos ¿para qué entró en las redes?, ¿En qué estado salgo? Evaluar si me siento mejor, igual o peor después de estar conectado, así como qué emoción estoy evitando cuando agarro el celular. - Disminuir el contacto. Otra posibilidad es la de crear lo que denomina micro ayunos digitales, pequeños pero sostenibles, como por ejemplo no mirar el celular los primeros 30 ó 60 minutos del día, para poder despertar los sentidos de manera paulatina. Dejarlo fuera del dormitorio, comer sin pantalla, establecer un día a la semana sin redes o con mínimo acceso. Usar las redes en horarios definidos, en lugar de hacerlo todo el tiempo, - No ceder al primer impulso: cambiar el gesto automático cuando aparezca el impulso de conectarse a las redes o agarrar el celular, pausar 10 segundos, hacer una respiración profunda, nombrar el hecho de que estoy inquieto, aburrido o ansioso, y muchas veces el impulso se disuelve solo, alienta. - Volver al cuerpo: la hiperconexión es una desconexión corporal, por eso ayuda mucho hacer caminatas sin conexión, baños de inmersión, masajes, estiramientos lentos, respiración conciente de 3 a 5 minutos. - Revalorizar experiencias sin pantallas: leer aunque sea un poco, escribir a mano, mirar una serie sin celular al lado, cocinar algo simple, estar en silencio. - Editar el feed: ordenar las redes, esto significa silenciar cuentas que generan comparación o malestar, seguir contenido que nutra, no que excite, propone. -Sacar las notificaciones innecesarias. Las redes no llenan un vacío, lo producen Debemos entender que las redes no llenan un vacío, lo producen, y al mismo tiempo nos evitan contactar con preguntas más profundas, como por ejemplo, ¿qué necesito?, ¿qué me duele?, ¿qué deseo ahora? Engancharse de esa manera con las redes, es evitarse, concluye. *** ¿Tenés alguna duda sobre salud y bienestar que te gustaría que abordemos en notas de la sección? Escribinos tu consulta a buenavida@clarin.com. Sobre la firma Newsletter Clarín

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