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Larroque » Surer
Fecha: 21/01/2026 18:59
La pregunta es ¿por qué rechazamos hablar de política?, es el punto de partida de la columna de Luis Alem. si en la mayoría de las reuniones algunas personas solicitan no hablemos de política o a veces de fútbol, temiendo que las diferencias, lógicas y razonables que existen, desemboquen en discusiones y más. Es decir, temor a que se arme el reconocido y nunca bien ponderado tole-tole. Partamos de la base que el problema no es la política en sí, porque somos insoportablemente intolerantes a las diferencias, no queremos perder ni una discusión y somos cerradísimos y tercos. Vaya. ¡Parece que son varias cosas! Por eso, muchos prefieren anticiparse, evitar posibles encontronazos y que la reunión se centralice por otros temas. La pasión, el fanatismo, el creer que la sabemos a todas juegan en contra, porque en verdad deberíamos poder intercambiar opiniones sobre la temática política sin ninguna clase de problemas. También es cierto que los argentinos en general poseemos una habilidad espantosa llamada repugnante, que surge cuando creemos ir perdiendo una discusión, o tomamos la charla en broma solo para molestar al otro, etc. También es cierto que las charlas sobre política han destruido relaciones familiares y amistades profundas. Eso refuerza los renglones anteriores en los que más o menos describen en gran parte la realidad. Resabios Ahora ¿de dónde puede venir no hablemos de política? Lo primero que surge es que quienes más tienen esta suerte de temor han vivido seguramente procesos militares y gobiernos de facto, donde efectivamente se prohibían reuniones de carácter político y por ende hablar del tema. Particularmente, allá por los años 70, recuerdo una charla entre dos familiares que en un momento dado uno de ellos menciona el sobrenombre Pocho. Y el otro le contesta: no digas Pocho que está prohibido. Así le decían a Juan Domingo Perón y estaba proscrito y vedado hablar de él y del peronismo obviamente. Sabemos, porque lo vivimos en carne propia, de esa habilidad comunicacional de los procesos militares en nuestro país, con mensajes milimétricamente dirigidos e intencionados a la población, penetrantes y contundentes, que hicieron mecha profunda en la sociedad a tal punto que hasta el día de hoy muchas personas continúan con esa tesitura. Son resabios de ese temor a la represalia que hoy en democracia no existe o no debería existir. ¿Interesa el tema? En los ámbitos de quienes hacen política se habla permanentemente del tema. Me animaría a decir que es de lo único que se habla. Y son sectores que aman la política, otros dirán de quienes viven de la política (no implica que cobren por ello, pero puede ser) y reconocen que el estar pendiente de las movidas políticas, de los mensajes, de las acciones y demás, forma parte de ese grupo cerrado (por darle una calificación), mientras que al resto de la población le resbalan o directamente no les interesa Pasa en la previa de elecciones donde se puede observar a muchas personas que ni saben cuando se vota, ni saben por qué y menos a quien. Como consecuencia de esto, lamentablemente, cuando las gestiones de quienes son elegidos en una elección no satisfacen, empiezan los reproches y vociferan en contra de la política. Menosprecio Es cierto que desde los propios ámbitos políticos también se menosprecia la actividad política. ¿Escupen para arriba? No, al contrario: parece ser que cuanto menos sepa de política la gente, el pueblo, los votantes o como quieran llamarlo, mejor. Lo vemos diariamente con el desprestigio a políticos y a su forma de actuar. Si fallan en algo vienen los palazos, y si hacen las cosas bien es lo que corresponde. Significa un cambio profundo el que viene sufriendo el quehacer político, en parte porque la realidad nos indica que es una gran verdad que muchos se aprovechan del espacio que ocupan temporalmente, esto hay que decirlo, dándole la razón a quienes maltratan a la política. ¿Hay plan B? Ahora pregunto: ¿qué hacemos sin política? Si es porque hay una preferencia a gobiernos autoritarios es bueno saber que ellos hacen política también. ¿Qué dejen de existir los partidos políticos? Esto implicaría achicar y centralizar aún más el círculo de decisiones, es decir serían menos personas las que tomarían determinaciones sin dejar lugar a intercambio sobre cuestiones que hacen al accionar de un partido, por ejemplo, y por ende trabajar para hacer mejor política. Más allá de que cada uno de nosotros vivimos haciendo política y de manera diaria (que no es la partidaria, pero es política, al fin y al cabo), hay una gran verdad (y ya termino) es que sin política es difícil accionar, proyectar y llegar con soluciones comunitarias y/o individuales. Por un lado, es la que determina mejoras en infraestructura, en salud y educación (reconociendo que falta mucho en ambas) y podríamos seguir sumando acciones y varios etcéteras. Motor de la democracia Además, no debemos dejar de perder la brújula porque es la política la que posibilita movilizar la maquinaria de la democracia. Y este no es un punto menor, sino que es fundamental para garantizar libertades y derechos de los ciudadanos. Y deberíamos cambiar nuestro humor a la hora de hablar de temas que necesitamos hablar en pos de mejoras para todos los sectores de la sociedad. Pensemos que con madurez y compromiso podríamos empezar a hablar de política más seguido. Es más, inmiscuirnos en los ámbitos donde se hace política y quienes conducen también abran sus espacios sean un poco generosos a la hora de incorporar no solo personas que sumen un número, sino también para que aporten ideas y propuestas. Ah no dejar que la tele o las redes maliciosas nos convenzan de que la política es sucia, porque no lo es. Basta que nos bañemos seguido y hablemos de lo que tenemos que hablar.
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