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» La Nacion
Fecha: 21/01/2026 04:13
Su vida en Argentina transcurría entre una carrera sólida y una crisis personal que había impactado en su salud; con 50, sintió que cambiar de atmósfera sería el mejor camino... - 9 minutos de lectura' Llegar a España fue una experiencia intensa y profundamente movilizadora para Mariel Murias. Con cinco décadas vividas, estaba ante un codo de la vida inesperado, dispuesta a explorar un volver a empezar con esa curiosidad que se suele llevar naturalmente a los veinte, pero acompañada por la experiencia de una vida impregnada de claroscuros. Barcelona, una ciudad donde la arquitectura y el diseño se respiran en cada rincón, la inspiró desde el primer instante, mientras que el entusiasmo y vértigo convivían a diario en su anhelo de un renacer: La belleza del entorno contrastaba con la incertidumbre de reconstruir una vida: buscar un lugar donde vivir, adaptarme a nuevas costumbres, entender otros ritmos y empezar a generar vínculos, dice Mariel, mientras recuerda aquellos primeros tiempos. Me llamaron la atención ciertos hábitos cotidianos, como el valor que se le da al tiempo personal y a la vida social, pero también algunas rigideces administrativas y culturales que, para alguien latino, pueden resultar desafiantes. En aquellos primeros tiempos, y a medida que las semanas transcurrían, Mariel halló riqueza en la convivencia entre lo familiar y lo extraño, pero justo cuando comenzaba a acomodarse apareció la pandemia, que sumado a su propio nivel de incertidumbre y desafíos, la obligaron a alterar todos los planes. Pero fue este mismo contratiempo, el que la abrió a un espacio inesperado en el que, a través de la exploración de los cinco sentidos -tan adormecidos en la era digital-, halló la llave de su reinvención. Argentina: entre una carrera sólida y una crisis personal Antes de su revolución, la vida de Mariel en Argentina se balanceaba entre su sólida trayectoria profesional y un momento personal muy movilizador. Como arquitecta independiente, integraba la arquitectura y el paisajismo en proyectos que abordaba desde la pasión y el orgullo por su profesión. Tal vez por ello, su decisión provocó asombro: al momento de patear su tablero había cumplido 50 años, llevaba ya dos décadas de trabajo comprometido, y dejarlo todo atrás implicaba, por lo menos, un gran riesgo. Sin embargo, atravesada por una crisis personal importante que había impactado directamente en su salud y en su manera de habitar la vida cotidiana, Mariel comprendía que necesitaba cambiar de atmósfera. Fue así que en el año 2020 dejó sus miedos de lado, tomó coraje y decidió saltar. Ese proceso me llevó a replantearme muchas certezas y a tomar una decisión que no fue fácil, pero sí muy consciente: darme un año para tomar distancia, ordenar, aprender y volver a empezar desde otro lugar, explica. Así fue como decidí irme a Barcelona para estudiar diseño de interiores. No se trataba únicamente de sumar una formación académica, sino de ponerme nuevamente en un lugar de aprendizaje, en una etapa de la vida en la que muchos optan por aferrarse a lo conocido. Sentí la necesidad de volver a empezar, de abrir una nueva etapa con curiosidad y valentía. Mi familia y mis amigos recibieron la noticia con una mezcla de sorpresa y orgullo. No fue sencillo para nadie, pero siempre hubo acompañamiento. Tengo tres hijos y cuatro nietos que han sido y siguen siendo un gran sostén, alentándome a seguir mis sueños y a confiar en mis decisiones. Barcelona inesperada, ordenarse y volver a los cinco sentidos: Los espacios que habitaba no lograban sostenerme emocionalmente Barcelona en contexto de pandemia surgió muy diferente a lo imaginado, las oportunidades y los vínculos se vieron afectados, y Mariel no pudo comenzar a trabajar tal como lo había planificado, ni a relacionarse de manera presencial con las personas en la universidad. Sin embargo, lejos de paralizarse, la mujer argentina transformó aquel período en un tiempo de investigación profunda. Me enfoqué en estudiar cómo la naturaleza, los colores, los aromas, la iluminación y las texturas influyen en el bienestar dentro del hogar. Fue una etapa de pausa y reflexión que me permitió ordenar y profundizar una mirada profesional que venía construyendo desde hacía años, integrando de forma más consciente los aspectos sensoriales del espacio, revela. En su estado de contemplación, Mariel observó cómo en el contexto de incertidumbre de lo vivido, el hogar necesitaba recuperar algo esencial: la capacidad de hacernos sentir bien, de acompañarnos y de devolvernos presencia a través del estímulo de los cinco sentidos tantas veces adormecidos: En mi caso, me di cuenta de que los espacios que habitaba no lograban sostenerme emocionalmente ni reflejar quién era en ese momento de mi vida. El camino de reinvención: espacio, naturaleza y personas La pandemia llegó a su fin, el máster concluyó, y con los nuevos cambios, Mariel le dio inició a otro período de inestabilidad. Con sus más de 50 años, emprendió una odisea que jamás hubiera imaginado: se mudó más de quince veces, tras la búsqueda de algo más que una casa. Sin saberlo, Mariel buscaba un hogar donde poder echar raíces, y en ese proceso, comenzó a integrar los aprendizajes durante el confinamiento, con una mayor atención hacia el vínculo entre la arquitectura y el paisaje: El lazo sensible que existe entre los espacios, la naturaleza y las personas, remarca. De ahí nació una guía clara que desarrollé para acompañar a otros en ese mismo camino, continúa Mariel, quien hoy halló hogar en Marbella y tiene su empresa, que fusiona principios de interiorismo sensorial, interiorismo para el bienestar y arquitectura en armonía con la naturaleza. Cuando las circunstancias comenzaron a normalizarse, empecé a crear nuevos vínculos. Si bien el idioma español facilitaba la comunicación, elegí orientar mi trabajo hacia un público internacional, especialmente aquel que llega a la Costa del Sol y busca profesionales cualificados que puedan comunicarse con fluidez tanto en inglés como en español, y que ofrezcan una visión integral del espacio. Los regresos a Argentina son siempre muy emocionantes A lo largo de la historia, por muy diversas razones, hombres y mujeres han migrado. Alejarse de las raíces de crianza nunca es fácil, sin embargo, en la exploración de la propia identidad a través del universo sensorial, el ser humano es capaz de construir hogar, sin importar en qué parte del mundo habite. Y para Mariel, una mujer que eligió volver a empezar a los 50 años, abrazar esta certeza fue clave en su camino profesional y personal. El año planificado inicialmente se transformó en un un tiempo indefinido. Y en el camino de transformación, estar lejos de Argentina y elegir rodearse de vínculos internacionales, implicó un esfuerzo de sobreadaptación muy importante. En sus nuevas relaciones, Mariel no solo halló a sus clientes, sino a sus amistades, que hoy en su mayoría se desarrollan en inglés, convirtiendo el proceso en un desafío de alta exigencia personal y profesional. En este presente desafiante, la importancia de crear un hogar que refleje su identidad a través de los sentidos es esencial, así como sus regresos de visita a la Argentina, donde está su raíz: Es el lugar donde pasé la mayor parte de mi vida y donde recibí una formación académica de excelencia, asegura Mariel, recibida en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y especializada en paisajismo en la Facultad de Agronomía. Los regresos a Argentina son siempre muy emocionantes, disfruto profundamente reencontrarme con los míos, volver a los afectos y a los lugares que forman parte de mi historia. Al mismo tiempo, esta experiencia de vida me ha permitido ampliar la mirada, conocer otras culturas y valorar un estilo de vida donde el disfrute cotidiano del tiempo, del entorno, de la comida y de los vínculos ocupa un lugar central en la calidad de vida. Construir hogar, regresos y aprendizajes: Reinventarse no tiene edad Por otro lado, esta experiencia de vida me enseñó, y me sigue enseñando, a soltar certezas y a convivir con la incomodidad sin vivirla como un fracaso. Aprendí a confiar en los procesos largos, a aceptar que no todo se resuelve de inmediato y que muchas veces el verdadero crecimiento ocurre en los tiempos de pausa, observación y adaptación. También me permitió redefinir el concepto de éxito. Hoy lo asocio menos a la velocidad o a los resultados inmediatos, y más a la coherencia, al recorrido y a la posibilidad de construir algo con sentido a largo plazo. Aprendí a valorar el paso a paso, a proyectar con una mirada amplia y a no forzar los tiempos solo por ansiedad o presión externa, agrega Mariel, creadora del Método MUMA, que aborda el diseño desde una visión integral y el diálogo entre la naturaleza y las personas que habitan los espacios. Vivir en otro país también me reafirmó algo importante: las oportunidades existen, pero no aparecen solas. Se construyen, se buscan y, sobre todo, se valoran. Sigo aprendiendo a confiar en mis recursos, en mis conocimientos y en la experiencia acumulada a lo largo de los años. Aprendí que reinventarse no tiene edad y que siempre es posible abrir un nuevo camino cuando hay disposición para aprender, adaptarse y comprometerse con lo que uno hace. Esta etapa de mi vida me confirmó que animarse a dar ese paso vale la pena, tanto a nivel profesional como humano, concluye. * Destinos Inesperados es una sección que invita a explorar diversos rincones del planeta para ampliar nuestra mirada sobre las culturas en el mundo. Propone ahondar en los motivos, sentimientos y las emociones de aquellos que deciden elegir un nuevo camino. Si querés compartir tu experiencia viviendo en tierras lejanas podés escribir a destinos.inesperados2019@gmail.com . Este correo NO brinda información turística, laboral, ni consular; lo recibe la autora de la nota, no los protagonistas. Los testimonios narrados para esta sección son crónicas de vida que reflejan percepciones personales.
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