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  • Una mansarda imponente, vitrales y el salón de actos: recuperan una "escuela monumental" de la Ciudad

    » Clarin

    Fecha: 20/01/2026 18:07

    Durante décadas la mansarda del Colegio Nacional Mariano Moreno, en Almagro, fue el nido de una bandada enorme de palomas. La acumulación de guano, la falta de mantenimiento y las filtraciones de agua hacia el interior del edificio dañaron el corazón de esta escuela centenaria: el salón de actos, que lleva once años en desuso, clausurado. Afortunadamente para la comunidad de esta institución -que nació como apéndice del famoso Colegio Nacional Buenos Aires- ahora mismo el salón de actos, la mansarda y todo el bloque estructural que da sobre Avenida Rivadavia se encuentra en plena obra de puesta en valor. En esta etapa de la obra, un andamio gigante ocupa todo el salón. El andamio permitió montar un piso elevado para acceder a un vitraux original que se encontraba afectado por el ingreso de agua, suciedad y, claro, también por la caca de las palomas. Fue desmontado por completo. Estaba compuesto por 178 piezas que ya están en un taller, en plena reparación. "Cada pieza fue identificada y catalogada. A futuro, esto permite que quede un registro de cómo fue hallada y cómo se hicieron los trabajos para la restauración. En las partes faltantes, se reintegran los vidrios en base a los colores originales. El vitral primero se limpió en seco y luego con detergentes neutros para que no se afecte nada de su estructura", explicó a Clarín la jefa de obra, María Belén Ramírez, experta en temas patrimoniales. Tanto en la estructura metálica que sostiene el vitral, como en las paredes de todo el salón de actos, se realizaron estudios estatigráficos para dar con los colores originales, debajo de capas y capas de pintura. Como ocurría en muchas de estas construcciones, eran de un color dentro de la gama del gris, tipo "simil piedra París". Este edificio que hoy es sede del colegio se construyó en sólo dos años, entre 1909 y 1910; y se inauguró en 1911. Obra de los arquitectos Eduardo Lanús Terrero y Pablo Hary. Esta dupla hizo milagros para la época: al mismo tiempo que construían este colegio, levantaban una de las joyas patrimoniales más destacadas de la Ciudad y del Bajo porteño, la Aduana, en Azopardo 350, declarada Monumento Histórico Nacional. Nació como respuesta a una época en que la población del país comenzaba a crecer -impulsada por las olas migratorias europeas- y que la educación pública también se expandía a otros niveles socio-culturales; dejaba de ser sólo para las elites y además se promovía la idea de una educación laica, que no estuviera atravesada por la religión. El Mariano Moreno fue entonces primero apéndice oeste del Nacional Buenos Aires. Hubo otros tres colegios que nacieron en las mismas condiciones: el Sarmiento al norte, el Rivadavia al sur y el Nicolás Avellaneda en el noroeste. Luego todos se "independizaron" del Buenos Aires. "En la Ciudad el 30% de los edificios escolares tienen entre 60 y 100 años. Y el 15%, tiene más de cien años. Por el momento los trabajos se pueden hacer sin demasiadas interferencias. Este verano estamos haciendo alrededor de 600 obras de renovación en más de 400 escuelas", dijo Ignacio Curti, subsecretario de gestión administrativa del Ministerio de Educación porteño. Desde 2010 el colegio es Patrimonio Histórico y Cultural de la Ciudad. En el mismo edificio funcionan dos instituciones: la secundaria (con más de 900 alumnos) y un instituto técnico, no universitario, con más de 200 estudiantes. Además de estas obras con un espíritu patrimonial, Curti detalló que se lleva a cabo la renovación de los núcleos sanitarios y la impermeabilización general de los techos. El proceso de modernización, también en las escuelas. El libro "Arquitectura, educación y patrimonio", de Fabio Grementieri y Claudia Shmidt, aborda la concepción de este tipo de construcciones que se dio durante una etapa previa al Centenario del Patria y en el contexto de un gran proceso de transformación del país: "En 1880 concluye una etapa de disputas y enfrentamientos, y se ponen en marcha grandes iniciativas para la edificación de un país moderno", describen. Sólo para mencionar algunos ejemplos: el desarrollo de la red ferroviaria, ampliación de los puertos, de los correos y telégrafos. Y en las ciudades, las políticas públicas de ordenamiento urbano y las obras de salubridad e higiene. Además las iniciativas privadas en relación a las viviendas, la construcción de fábricas y comercios. "Es el periodo de la constitución de una idea de nación moderna que cruza miradas devotas hacia Europa desde el optimismo americano", enfatizan Shmidt y Grementieri. Así es que las llamadas "escuelas monumentales" de la época responden a estilos italianizantes y franceses, como el caso del Mariano Moreno: "Es una evolución de este tipo de colegios, es un edificio más compacto, entre medianeras, sin el entorno de jardines como era típico de la época. Es un estilo francés clásico, Luis XVI, con la mansarda con tejas pizarra negras. Tiene su apogeo en el Centenario", explica a Clarín Grementieri. En la Ciudad, las dos grandes obras que antecedieron a las que llegaron con el Centenario fueron el Normal Nro 1, de Avenida Córdoba, entre Riobamba y Ayacucho; del arquitecto Ernesto Bunge, que uno de los fundadores de la Facultad de Ingeniería de la UBA, intervino en las obras de saneamiento de Buenos Aires y proyectó la Capilla de Santa Felicitas, en Barracas. Y lo que hoy es la sede del Ministerio de Educación de la Nación, el Palacio Pizzurno, fue originalmente la escuela Petronila Rodríguez, solo para "señoritas"; tiene en su interior una de las bibliotecas públicas más hermosas de la Ciudad. Ambas se construyeron en la década del 1880. PS Sobre la firma Mirá también Newsletter Clarín Newsletter Clarín

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