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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 20/01/2026 09:56
La Tierra atraviesa uno de los episodios de actividad solar más intensos de los últimos 22 años. Una poderosa eyección de masa coronal, originada por una llamarada solar extrema, avanzó desde el Sol a velocidades extraordinarias y desencadenó una tormenta solar y alertas en los principales centros de monitoreo del clima espacial del mundo. El impacto ya mostró efectos visibles, como la aparición de auroras en regiones donde rara vez se observan, y obligó a operadores de infraestructuras críticas a revisar sistemas eléctricos, satelitales y de navegación. Posible tormenta geomagnética de nivel G4 Los servicios meteorológicos espaciales advirtieron que el fenómeno alcanzó niveles que no se registraban desde octubre de 2003. Antes de su llegada, la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos elevó la advertencia a una posible tormenta geomagnética de nivel G4, una categoría asociada a riesgos serios para la estabilidad de las redes eléctricas y el funcionamiento de satélites. En esa fase de la escala, los sistemas de protección pueden desconectar componentes clave para evitar daños mayores, lo que incrementa la posibilidad de interrupciones. La tormenta solar no se manifestó como un evento aislado. Fue parte de una secuencia de erupciones asociadas a una región activa del Sol, caracterizada por un grupo de manchas solares de gran tamaño. Ese contexto explica por qué los especialistas no descartan nuevos episodios en los próximos días. La actividad solar atraviesa una fase de crecimiento dentro de su ciclo natural, un patrón de aproximadamente once años que alterna periodos de calma con otros de gran intensidad. Qué ocurre cuando el Sol libera su energía hacia la Tierra Las tormentas solares se originan cuando el Sol expulsa enormes cantidades de plasma y campos magnéticos al espacio interplanetario. Estas nubes viajan a través del viento solar y, cuando su trayectoria apunta hacia la Tierra, interactúan con la magnetosfera, el escudo magnético que protege al planeta de la radiación cósmica. Ese choque desencadena corrientes eléctricas inducidas que pueden propagarse tanto en el espacio como en la superficie terrestre. En este caso, la eyección de masa coronal fue impulsada por una llamarada solar de clase X, la categoría más intensa dentro de la clasificación científica. Fue el primer gran destello solar del año y liberó partículas cargadas de alta energía. Al alcanzar la magnetosfera, esas partículas alteraron el campo magnético terrestre y dieron lugar a una tormenta geomagnética de alcance global. Las tormentas geomagnéticas comienzan de forma simultánea en todo el planeta, aunque su intensidad varía según la latitud. Las regiones cercanas a los polos suelen registrar los efectos más fuertes, mientras que las zonas ecuatoriales presentan perturbaciones menores. Sin embargo, durante episodios severos, los impactos se extienden a latitudes medias y bajas, lo que explica la visibilidad de auroras en áreas poco habituales. El grado de perturbación se mide mediante índices geomagnéticos. El índice K refleja la variación local del campo magnético durante intervalos de tres horas, mientras que el índice Kp representa una media ponderada a escala planetaria. A partir de estos valores, la NOAA definió una escala de cinco niveles, de G1 a G5, que permite estimar tanto la intensidad como la frecuencia de estos eventos dentro de cada ciclo solar. En paralelo a la tormenta geomagnética, los instrumentos también detectaron una tormenta de radiación solar clasificada en nivel S4 sobre cinco posibles. Ese tipo de tormentas implica la llegada rápida de partículas energéticas que elevan la radiación en el entorno cercano a la Tierra. El Centro de Predicción del Clima Espacial del Servicio Meteorológico Nacional monitoreó el fenómeno en tiempo real y comunicó su magnitud a través de canales oficiales. Actualmente está en progreso una tormenta de radiación solar severa S4; esta es la mayor tormenta de radiación solar en más de 20 años, informó el organismo. La última vez que se observaron niveles S4 fue en octubre de 2003. Los efectos potenciales se limitan principalmente a lanzamientos espaciales, aviación y operaciones satelitales. Riesgos tecnológicos, prevención y un espectáculo visible desde la Tierra El aumento de la radiación asociado a una tormenta solar severa representa un desafío particular para las actividades que dependen del espacio cercano. Los astronautas en órbita terrestre baja, como quienes se encuentran a bordo de la Estación Espacial Internacional, enfrentan un incremento del riesgo de exposición. En esos casos, los protocolos prevén el traslado temporal a módulos mejor protegidos, una medida que ya se aplicó durante tormentas solares anteriores. La aviación comercial también figura entre los sectores más atentos. Los vuelos que atraviesan rutas polares pueden experimentar interferencias en las comunicaciones de alta frecuencia y un leve aumento de la radiación recibida por tripulaciones y pasajeros. Por ese motivo, las autoridades notificaron a aerolíneas y organismos reguladores para que evalúen ajustes operativos. El SWPC comunicó la situación a la NASA, la Administración Federal de Aviación, la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias y a operadores de redes eléctricas y satelitales. Hemos estado haciendo todas estas llamadas telefónicas para asegurar que todos los operadores de infraestructuras tecnológicas clave estén al tanto de lo que está sucediendo, explicó el pronosticador Shawn Dahl. Las redes eléctricas constituyen otro punto sensible. Las corrientes geomagnéticas inducidas pueden ingresar a los sistemas de transmisión y afectar transformadores, sobre todo en regiones de alta latitud. Ante tormentas de nivel G4, algunos sistemas de protección desconectan activos estratégicos para evitar daños físicos, una decisión que reduce riesgos técnicos pero puede generar interrupciones temporales. La experiencia previa ofrece un marco de referencia. En octubre de 2003, durante las llamadas tormentas espaciales de Halloween, se produjeron cortes de energía en Suecia y daños en transformadores eléctricos de Sudáfrica. Más recientemente, una tormenta geomagnética extrema registrada en mayo de 2024 causó inconvenientes puntuales en sistemas que dependen del GPS. En el evento actual, los especialistas no anticiparon impactos tecnológicos generalizados para el público. Ryan French, físico solar del Laboratorio de Física Atmosférica y Espacial de la Universidad de Colorado Boulder, señaló que los operadores de satélites probablemente deban tomar medidas preventivas, pero el sistema mostró una capacidad de respuesta robusta frente a episodios recientes. Más allá de los riesgos, la tormenta solar ofreció una de sus manifestaciones más visibles y atractivas: las auroras. Cuando las partículas energizadas ingresan a la atmósfera terrestre, interactúan con gases como el oxígeno y el nitrógeno, lo que produce emisiones luminosas de distintos colores. Durante este episodio, las auroras boreales y australes se observaron en regiones alejadas de los polos, un fenómeno que captó la atención de miles de personas. Las auroras no se mantienen constantes. Presentan ráfagas breves de actividad, conocidas como subtormentas, que duran alrededor de veinte minutos. Durante esos intervalos, las luces se intensifican y se desplazan hacia latitudes más bajas. Usuarios de distintas zonas compartieron imágenes y relatos del cielo iluminado, lo que reflejó el alcance inusual del evento. La posibilidad de nuevas erupciones permanece abierta. La región activa de manchas solares que originó la llamarada de clase X continúa orientada hacia la Tierra, y cualquier evento que ocurra en los próximos días tiene probabilidades elevadas de producir nuevas eyecciones dirigidas al planeta. En ese escenario, los organismos de meteorología espacial mantienen la vigilancia constante. La tormenta solar más intensa en más de dos décadas recordó que la actividad del Sol no solo define fenómenos astronómicos lejanos, sino que también influye de manera directa en la vida moderna. Desde las comunicaciones y la navegación hasta la energía eléctrica y la exploración espacial, el vínculo entre el Sol y la Tierra se volvió visible una vez más, tanto en los desafíos tecnológicos como en el espectáculo luminoso que cruzó el cielo nocturno.
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