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Parana » Lasexta
Fecha: 20/01/2026 09:27
Lucas Merakio, youtuber argentino y sobreviviente del accidente en Adamuz, no supo dónde estaba hasta que salió. Desde dentro del vagón no se veía si aquello era un túnel, una vía secundaria o el borde de nada. Viajaba en el vagón 5 del tren de Iryo junto a su mujer cuando todo se detuvo. "Desde dentro no se veía nada", diría después en Al Rojo Vivo, al reconstruir las primeras sensaciones tras el descarrilamiento. Volvían de Marbella. MálagaMadrid. Una hora de trayecto. Una conversación mínima si ir o no al bar del tren y una vibración leve que no parecía importante. Luego otra. Y otra más. Hasta que el vagón empezó a balancearse de lado a lado y las maletas cayeron desde los portaequipajes como si alguien las hubiera empujado. Primero hubo gritos sueltos. Después, silencio. Un silencio extraño, total. "Sepulcral", lo llama Merakio. Y entonces el golpe. Detrás. De pronto, los gritos de ayuda. Del vagón 6 empezó a salir humo. Pensó en fuego. Pensó en salir. Buscó los martillos de emergencia para romper las ventanas. El vagón iba lleno. Nadie sabía nada. Nadie veía nada. Pasaron unos veinte minutos hasta que apareció un empleado de Iryo. Habló despacio. Pidió calma. Dijo que cuidaran la batería del móvil, que se ayudaran entre ellos. Fue entonces cuando la calma empezó a parecer sospechosa. "Cuando escuchamos que íbamos a necesitar luego la batería del móvil, pensamos: ¿qué va a pasar?, ¿dónde estamos?, ¿qué está pasando?", recuerda. El ambiente se sostuvo, en parte, gracias a algunas mujeres mayores que viajaban en el vagón. "Ellas nos daban tranquilidad", dice. La palabra que cambió todo fue otra. Fallecido. La dijo una chica, médica, que viajaba en el mismo vagón. En ese momento, la pareja de Merakio empezó a hiperventilar. Un episodio de angustia en medio del caos. "Ahí te das cuenta de que es grave. Cuando aparece esa palabra". Desde el vagón, el paso del Alvia solo lo percibieron a través de la vibración, que duró unos veinte segundos. "Para nosotros, el Alvia siguió de largo. No teníamos idea de que estaba a 800 metros, caído en un barranco de cuatro metros", cuenta. El miedo entonces fue otro. Que viniera otro tren. Uno más. "Como en 'La sociedad de la nieve', cuando temen que caiga otro alud", dice.
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