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Fecha: 19/01/2026 09:26
En redes sociales y buscadores, cada vez más mujeres se encuentran con anuncios que prometen mejorar la fragancia vaginal, eliminar el flujo, aclarar la piel íntima o restaurar el equilibrio del pH. Se presentan como soluciones terapéuticas, con lenguaje científico y estética cuidada, pero muchas veces sin explicar qué problema real estarían tratando. La médica y divulgadora en salud femenina Emmalee Ford advierte que este tipo de mensajes desdibuja la frontera entre lo cosmético y lo médico, y pueden instalar la idea de que la vagina necesita correcciones constantes. Los anuncios hacen que las personas duden de lo que es normal La investigadora australiana Giselle Newton, de la Universidad de Queensland, analizó más de 175.000 anuncios de productos íntimos difundidos en redes sociales y detectó un patrón claro:Las afirmaciones suelen centrarse en el olor, la apariencia y el bienestar, más que en problemas de salud concretos, explica. Según la especialista, esta vaguedad no es casual: Cuando los anuncios hablan de olores desagradables o desequilibrios del pH sin mencionar una condición médica específica, pueden hacer que las personas se pregunten si lo que sienten es anormal y las impulsa a comprar un producto innecesario. Algoritmos que refuerzan inseguridades A diferencia de la publicidad tradicional, los anuncios digitales no aparecen al azar. Los algoritmos detectan búsquedas, pausas, clics y hasta el tiempo que una persona mira un contenido. No se trata solo de qué anuncio ves, sino de cuántas veces, en qué momento del día y con qué insistencia, señala Newton. Ese mecanismo puede generar una sensación de urgencia o problema inexistente. Cuanto más se interactúa con ese tipo de contenidos, más se refuerza la exposición a mensajes similares, creando un círculo difícil de romper. Entre lo cosmético y lo terapéutico Uno de los puntos más delicados es que muchos productos íntimos se presentan con supuestas propiedades antibacterianas, antifúngicas o reguladoras del pH, sin haber pasado por evaluaciones sanitarias rigurosas. Newton es clara:Si un producto se promociona como si fuera un tratamiento médico, pero no pasó por procesos de aprobación, el riesgo es que se use algo inadecuado en una zona muy sensible del cuerpo. El problema no es solo la ineficacia, sino el daño potencial: irritaciones, alteraciones del microbioma vaginal o el retraso en la consulta médica cuando sí existe una patología. La vagina no necesita perfumes Los especialistas coinciden en un mensaje clave: la vagina es un órgano autolimpiante. El uso de jabones, cremas o productos perfumados dentro de la vagina puede alterar su equilibrio natural y favorecer infecciones. Presentar la vagina como sucia es un error frecuente en la publicidad. En la mayoría de los casos, el agua es suficiente para la higiene externa, remarcan desde el ámbito médico. El flujo vaginal, por ejemplo, es un proceso fisiológico normal que varía según la edad, el ciclo menstrual, el embarazo o el uso de anticonceptivos. No debería ser eliminado por mandato publicitario. Cuándo consultar y no autotratarse Los expertos recomiendan no guiarse por anuncios ante síntomas como olor muy intenso, cambios marcados en el color del flujo, picazón persistente o dolor. En esos casos, la indicación es clara: consultar a un profesional de la salud. Leé también: Hablemos de vaginas: de qué se quejan las mujeres en el ginecólogo Dejar que un algoritmo defina qué es normal puede llevar no solo a gastos innecesarios, sino también a decisiones que afecten la salud íntima. En tiempos de hiperpublicidad digital, cuidar la salud íntima también implica desarrollar una mirada crítica. No todo lo que se presenta como natural, científico o terapéutico lo es. La información confiable y la consulta médica siguen siendo las herramientas más seguras para tomar decisiones sobre el propio cuerpo.
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