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  • Noel Barrionuevo: Cuando tenés muchos atracones y no podés parar estás en un infierno

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 18/01/2026 09:14

    Muy pocas mujeres han hecho historia en el deporte argentino, en el hockey argentino las contamos con los dedos de la mano. Entre las primeras está Noel, con una trayectoria imposible de resumir. Ganó el diploma de los Juegos Olímpicos y tres medallas con el seleccionado. Estuvo 15 años en Las Leonas, en la selección argentina. Participó de cientos de partidos inolvidables e hizo jugadas únicas. Su carrera estuvo atravesada por trastornos alimenticios. Es la dueña de un liderazgo muy particular, pudo adaptarse a una nueva vida sin competición. Hoy está terminando el libro que cuenta su historia. Me impresiona la cantidad de logros a lo largo de tu vida y cuántos de esos momentos no los pudiste disfrutar. Sí, hubo muchos momentos que no pude disfrutar porque estaba atravesando un TCA, trastornos de la conducta alimentaria y fue muy difícil. Estaba en Las Leonas. No, no podía disfrutarlo. No podía conectarme con el equipo, con el juego, con la gente. Mis padres, tengo una familia muy contenedora, se dan cuenta de que algo en mí estaba pasando y acuden a pedir ayuda a un centro de rehabilitación y ahí arranca una odisea para poder estar bien. Tu autobiografía va a contar todo lo que viviste desde los inicios del hockey hasta hoy. ¿A qué edad empezaste a jugar? A los cuatro años arranqué a jugar. Somos cinco hermanos y todos jugaban al hockey, yo era la cuarta así que los seguía y los veía jugar. Arranqué con el hockey y no paré. ERA MIRARME AL ESPEJO Y VERME HORRIBLE, FEA, GORDA. ESTABA DÍAS SIN COMER PARA QUE EL ESPEJO ME DEVOLVIERA UNA DELGADEZ EXTREMA En algún momento te diste cuenta que tenías un trastorno que no tenía que ver con el deporte. No, con el deporte cero. Era mirarme al espejo y verme horrible, fea, gorda. Entonces dije, qué puedo hacer para verme bien? ¿Para que el espejo me devuelva una imagen delgada? Empecé a hacer dieta, la típica dieta de las revistas de aquel momento. Y le decía a mi mamá: voy a empezar a comer solo milanesa de soja con calabaza. Era mi alimento, fruta y nada más. O estaba días sin comer, porque quería estar flaca para que la imagen del espejo me devolviera una delgadez extrema. ¿Qué edad tenías cuando empezó a pasar? 15, 16 años. Ya estaba entrenando con el club y empezaba a tener las concentraciones con los seleccionados de Buenos Aires, ya empezaba a competir. ¿Se puede competir con una dieta tan restringida en la que intentás estar flaca? Fue un desastre. No tenía fuerza, pero yo disimulaba todo con una sonrisa para que estuviera todo bien, para poder jugar y pasar ese momento. ¿La fantasía era estar muy, muy flaca? El deseo era estar extremadamente flaca. Veía esos desfiles típicos con modelos con unas patas espléndidas, largas, flacas. Yo quería eso. ¿Por qué a la flaca se supone en el imaginario que les va mejor? Si, que todo te queda mejor. El look, a mi me gusta mucho la moda. Yo decía, si me compro este jean me va a quedar como a ella. La comparación aparece mucho con estos trastornos de la alimentación. El deseo es que todo te va a quedar mejor cuando te mires al espejo o cuando te vean los demás También los demás, porque cuando te ven un poco más delgada, siempre hay un comentario. ¡Qué linda que estás! ¡Estás más delgada!. Yo decía: entonces está bien lo que estoy haciendo. Y no. TENÍA LA AUTOESTIMA POR EL PISO. ESTABA AISLADA, NO QUERÍA SALIR Te ven más linda por flaca. Exacto. Y yo por dentro decía, me estoy muriendo de hambre, la estoy pasando muy mal. Tenía la autoestima por el piso, estaba aislada porque no quería salir. Un TCA te tira muy para adentro. ¿Qué es aislada? ¿Dónde? ¿Había un cumpleaños? No, yo me quedo en casa. ¿Hay una reunión con las chicas? Me quedo en casa. ¿El tercer tiempo después de jugar los partidos? Me tengo que ir porque tengo un cumpleaños. Mentira, me iba a mi casa, no quería compartir con nadie. La enfermedad lo que hace es aislarte de tu círculo de amigas, de tu familia, de tu entorno más cercano. ¿Estabas deprimida? ¿No querías tentarte con comida? ¿No habías contado lo que te pasaba? Claro, nadie sabía lo que me estaba pasando, nadie. Yo estaba atravesando un TCA, nadie lo sabía. Yo quería estar sola, no quería tener un diálogo con nadie. En las reuniones sociales hay comida, se junta la gente y come, yo eso lo quería evitar y para evitar eso me iba. Una locura. Y me fui aislando cada vez más, hasta que, arranqué el tratamiento. ¿Cuánto duró todo ese padecimiento hasta que arrancaste el tratamiento? Tres años. De comer, no comer, comer demasiado. El atracón. El atracón, exacto. Bulimia no purgativa, yo comía y no vomitaba, atracones de mucha ingesta de comida y no vomitaba. ¿Y después dejabas de comer? Después tenía periodos de no comer, de una restricción total. ¿No hay conciencia alguna en ese momento de que uno le está provocando daño al cuerpo? No, en ese momento tenés la cabeza tan, tan enferma, que no tenés conciencia real de lo que sucede. Piezas dentales ¿Qué les pasa a los dientes? Con el vómito se deterioran. Mucho bruxismo. Mucha fuerza para contener la tensión. Pero uno en ese momento no se da cuenta y tampoco lo quiere asumir. Aceptar lo que a uno le pasa que es el camino para recuperarse. Durante esos tres años ¿no les contabas ni a tu familia ni a tus compañeras de hockey ni a las autoridades lo que te pasaba? No, a nadie. Mi mamá lo descubre porque ve el cambio de humor. Un día estás feliz y al otro día que no te hablen porque explotás. Mi mamá, que estaba todo el día en casa con los cinco hijos, veía en mí los cambios de humor y detectaba que yo solo comía ciertas cosas y mis hermanos no. Mi mamá tenía que hacerme una comida distinta de la que comían todos. ¿Siendo una deportista de élite no te faltaba fuerza? ¿Te controlaban en el club la nutrición? No, en el club a los 14 o 15 años no tenías algo estructurado. De más grande, sí y yo disimulaba todo. En el seleccionado, en Las Leonas, tenía un nutricionista, un plan de alimentación, mediciones. Era otro cantar. ¿Te pesaban? Me pesaban, sí. Cuando estaba con Las Leonas estaba en tratamiento, ya tenía una contención. ME PESABAN CADA 15 DÍAS, ERA HORRIBLE. LA NUTRICIONISTA DECÍA EL PESO EN VOZ ALTA. TODAS SABÍAMOS EL PESO Y LAS MEDIDAS DE TODAS Debe ser fuerte, si estás en tratamiento por trastornos alimenticios, el momento en que te tenés que pesar. ¿Cada cuánto te pesaban? Cada 15 días. Horrible era, no sabés lo que sufría cuando El Chapa decía, mañana viene el nutricionista, no sabés la angustia que tenía. Al principio, cuando nos pesaban, estábamos todas en una sala y la nutricionista agarraba a cualquiera de las chicas y empezaba a cantar las mediciones, peso, bíceps, tríceps, femoral. Todo así. Y las chicas lo iban anotando. ¿En voz alta? En voz alta. Todas sabíamos el peso, las medidas de todas y para mí que estaba pasando un TCA, era tremendo. Escuchar mi peso era algo Y escuchar el peso de las demás compañeras para mí era una comparación constante. ¿A pesar de que estabas con una alimentación equilibrada y de que ya estabas en tratamiento? Si, ya estaba controlada, tenía una contención, pero igualmente yo estaba muy, muy mal. ¿Cuánto tiempo duró ese sufrimiento? ¿Seguís sufriendo? Duró muchos años. Ya no, gracias a Dios, no. Sé que hay una cura, sé que hay una recuperación en el TCA porque yo lo viví. Sé que se puede salir de un infierno porque es un infierno lo que vivís, y que podés tener una vida mucho mejor, plena y feliz. De eso no tengo dudas, por eso también lo quiero transmitir. Me llegan muchos mensajes de padres pidiéndome números de teléfonos porque sus hijas están pasando por esto. Siempre les digo que no bajen los brazos, les aseguro que vale la pena el esfuerzo. Padecer esto con un integrante de la familia no es fácil. ME ACUERDO DE ESTAR JUGANDO UN PARTIDO Y DECIR: ME QUIERO IR, NO QUIERO ESTAR ACÁ, ESTOY ANGUSTIADA Jugabas al hockey esos años, pero cada tanto debías estar muy angustiada. Totalmente. Me acuerdo de estar jugando un partido y decir, me quiero ir, no quiero estar acá, estoy angustiada. Me incomoda la ropa, me están observando. Quizás era un torneo súper importante, no un amistoso, y yo me quería ir. Mi cabeza estaba pensando, cómo voy a hacer para saltearme y no comer la cena? Antes de estar metida en el partido estaba pensando en el TCA. ¿Se te metía en la cabeza el tema de la próxima comida? Sí, exacto. El TCA te lleva al límite constantemente. ¿Alguien se dio cuenta de la depresión que estabas viviendo? En el equipo no. Nunca nadie me vino a hablar porque yo disimulaba todo, yo siempre con una sonrisa y estaba todo perfecto, todo me pasaba por dentro. Llegaba a mi casa angustiada, lloraba y al otro día me levantaba e iba a entrenar. Hay que aprender a distinguir cuando uno come por hambre, cuando come por disfrute, cuando come por angustia o por otra emoción? ¿Se puede? Sí, yo lo aprendí. Yo sé cuando estoy comiendo por ansiedad y cuando realmente tengo hambre y como, o cuando comparto una cena con amigas y lo disfruto. Antes no lo podía disfrutar, ahora lo re disfruto y me encanta lo social. Había novios en ese momento, ¿estaban al tanto de lo que te pasaba? No. Los pocos que tuve con tanto viaje, con tanto entrenamiento, no eran muy fuertes. No duraban. En algún momento te dijeron qué gorda estás y contestaste una historia de Instagram. Sí. También me pasó cuando era chiquita a los diez o 12 años, que estaba jugando al hockey en el club y la entrenadora del equipo contrario dijo que yo no tenía la edad correspondiente para jugar en esa categoría. Gracias a Dios estaba mi mamá ahí afuera viéndome. ¿Porque sos alta y grandota? Exactamente. Eso me quedó María Laura en la cabeza, clavado. Mi mamá tuvo que ir a buscar a mi mamá el documento a casa. A esa edad empezaba a tener más noción del cuerpo, de las dimensiones. Yo decía: claro, me ven gorda y no puedo jugar en esta categoría. Fue terrible para mí en ese momento, a esa edad. Cuando te animaste a decirle a la gente si opinan de mi cuerpo me duele. Me duele a mí, le duele a cualquiera. De grande, retirándome de las Leonas, lo empecé a blanquear. En el deporte de alto rendimiento hay mucha patología alimentaria que está tapada y nadie lo cuenta. ¿En hombres y en mujeres? En hombres y en mujeres, sí. Entonces está bueno también concientizar. Que se animen a pedir ayuda, que se puede. ¿Se vive como una adicción? Los adictos dicen solo por hoy, tienen presente que pueden recaer. Sí, es una adicción, totalmente. Es solo por hoy, día a día. Te recuperás y aprendés a alimentarte, tu cabeza cambia. Con el alcohol dejan de tomar por completo, pero uno no puede dejar de alimentarse por completo, tenés que aprender. Pero te juro, María Laura, que se puede, que hay una salida y que tenés una vida después de esto mucho más linda. YO ME LASTIMABA, NO QUERÍA VIVIR. TENÍA OBSESIÓN POR LA DELGADEZ ¿Por qué es más linda? Porque no tenés esos pensamientos que tenés cuando estás enferma. Eran feos, horribles. Yo me lastimaba, no quería vivir. Tenía obsesión por la delgadez. Entonces veía desde la comparación constante con mis amigas. Cuando decís me lastimaba, ¿a qué te referís? ¿Te lastimaste físicamente? Sí, una vez me lastimé. Héctor, un psiquiatra que me salvó la vida, me tranquilizó y me ayudó y me hizo ver otras cosas que yo no estaba viendo en ese momento. Pero si, una vez me lastimé. ¿Te acordás que te estaba pasando antes? No podía controlar los atracones. Cuando estás con muchos atracones y no podés parar estás en un infierno, tenés estos pensamientos de lastimarte. Yo hacía terapia de grupo y lo compartíamos, había chicas con intentos de suicidios, con internaciones. Ahí conocés mucho, mucho de la enfermedad. También tuve momentos de depresión y tuve que tomar una medicación. Mi papá decía, ¿cómo vas a tomar si vos estás bien? Todo lo que sea necesario hay que tomar. Todo. Si es necesario tomar por un tiempo una medicación que te ayude, ¿por qué no lo vas a hacer? ¿Cuánto tiempo estuviste pendiente de la balanza, más allá del club? Cuando arranqué el tratamiento me costó mucho, porque yo tengo que tener todo bajo control. La enfermedad te lleva a que tengas todo bajo control, si se te pasa algo de la raya, ya estás mal. Al principio tuve mucha resistencia al tratamiento, hasta que pasaron unos meses y me fui aflojando, fui confiando en lo que me decían para recuperarme. Es clave confiar en el terapeuta, en la nutricionista, en el psiquiatra, en que estás en buenas manos. Es el camino para la recuperación. ¿La balanza? ¿La tiraste, la regalaste? Sí. Yo no me peso ya. En el tratamiento está prohibidísimo pesarse, te pesaban de espaldas. No veías el número y estabas sola con la nutricionista, no había más nadie. En cambio en el seleccionado vos veías el número y cantaban todas las mediciones. El peso no lo vas a ver más. No, no me interesa ya. ¿Cuántos años duró en total todo el proceso de la recuperación? Como diez años. Sí, es fuerte, yo me resistía mucho. Al principio no aceptaba que estaba enferma, después me fui aflojando. El tratamiento no es lineal, no es que te recuperás y estás diez puntos. Tenés tus picos, subís y bajas. ¿Cuando un entrenador te sacó de la lista del seleccionado argentino en 2016, en qué momento estabas de la enfermedad? Estaba bastante recuperada, pero seguía en terapia, seguía en contacto con el grupo. Fue difícil para mí ese momento porque no me lo esperaba. No era una decisión mía, no me quería retirar de las de Las Leonas. Fue un entrenador que dijo no quiero tenerte en cuenta, quiero probar chicas más jóvenes. Son las reglas del juego y te la tenés que bancar. Lo aceptás, pero fue algo muy fuerte. Las jugadoras le dedicamos todo al seleccionado, es un deporte amateur, que esa sea la despedida es doloroso. Cuando me retiré después del Juego Olímpico de Tokio 2021 fue diferente, fue otro tipo de proceso. Fue una decisión tuya. Una decisión mía, te vas preparando. Antes fue de un día para el otro no estás en la pretemporada. AL DEJAR EL SELECCIONADO TUVE QUE HACER EL DUELO, FUE MUY DIFÍCIL, ME COMÍA LAS PAREDES Además estaba rindiendo, eras muy exitosa, cuatro años después seguiste ganando. En 2021 empezó la adaptación a una vida sin competición. ¿Es una abstinencia? Tenés que hacer el duelo. Por la terapia que tengo me fue más fácil que a otras, pero fue muy difícil. Me levanté un día y no fui más al Cenard a entrenar. ¿Qué hago? Muy fuerte. A la tarde también tenía que ir a entrenar y estaba en mi casa, me comía las paredes. Soy muy disciplinada en la vida, entonces empecé a ir al gimnasio a la mañana, a armarme una rutina, a disfrutar de mi familia porque nunca pude con el seleccionado. Me he perdido el casamiento de mi hermano y un montón de situaciones familiares y de amigos. Y empecé a ocupar ese espacio con entrenamientos míos personales. ¿Todos los días? El cuerpo estaba acostumbrado a eso. Todos los días. Porque me gusta entrenar, porque es bueno para la salud, y me gusta estar con gente diferente. Lo disfruto, no lo padezco. Llenar el día, llenar la agenda, con otras cosas con las que te pudieras enganchar. Exacto, sí. También se me vino a la mente empezar a hacer campus, clínicas, estar con chiquitas, poderles transmitir mi experiencia. ¿Qué hiciste con la necesidad de competir? ¿Cómo lo compensás? Es muy difícil. Eso no lo llenás nunca más con nada. Entrar a la cancha Todavía no lo encontré. ENTRAR A UNA CANCHA CON EL ESTADIO LLENO, CANTAR EL HIMNO CON LA CAMISETA DE ARGENTINA, REPRESENTAR A TU PAÍS. ES DIFÍCIL LLENAR ESE HUECO A vos te gusta ganar. Sí, a lo que sea. Juego al pádel con mis amigas y quiero ganar, meto mucho el foco ahí. Pero no es lo mismo entrar a una cancha de hockey con el estadio lleno, cantar el himno, tener la camiseta de Argentina, representar a tu país. Es difícil llenar ese hueco. ¿Ahora te animás a decir todo? ¿Te sentís más libre? Re, sí. Al haber contado esto del TCA, me siento mucho más relajada, la gente siempre va a opinar y lo que diga me tiene sin cuidado. Yo sé lo que hice y lo que soy. El esfuerzo que has hecho esos años es mayúsculo, con todo lo que te estaba pasando ibas a jugar, no creo que faltaras. No, siempre fui muy disciplinada. Por ejemplo, me bajaba un paquete de galletitas a la tarde y después tenía que ir a entrenar, a hacer pasadas a la pista. Yo no faltaba, estaba ahí firme haciendo pasadas con el atracón de dos horas antes. Muy disciplinada siempre, no faltaba, iba aunque no tuvieras ganas. Eso me lo enseñó Héctor, no le des bolilla a las ganas. No hay lugar a un pensamiento que te diga que no. ¿La moraleja es la disciplina? Uf, sí. Y saber que se puede confiar. Porque si yo no confiaba en estas personas que tenía... Te llegó la necesidad de contarlo, de escribirlo, de que todo el mundo sepa, más allá de ayudar a los demás. ¿Qué querés que se sepa de vos? Que con el TCA, como muchas personas que lo padecen y lo padecieron, estás en un infierno, no ves salida, ves todo negro, todo te parece apático, horrible. Pero encontré que sí, que tiene sentido la vida, que está buenísima, que podés ser feliz, ser plena, podés tener una autoestima por las nubes, podés sentirte realmente bien. Transmití esto porque lo viví en carne propia. A mí nadie me lo contó, yo lo viví, soy una persona segura y creo que hay una cura, que podés estar bien. Realmente podés vivir feliz. ¿Qué te hace feliz hoy Noe? Mi familia, mis amigos, mis sobrinos, los amo a los seis. Mi hermana tuvo mellizos, tienen nueve meses y los re disfruto. Antes no los podía disfrutar porque estaba todo el día entrenando. Me hace muy feliz estar con las personas que quiero y disfrutar cada momento, cada instante. Este momento que estoy con vos lo estoy disfrutando, no nos conocíamos y estoy feliz de poder contarte mi vida, mi historia, que la gente me conozca más. Esto es lo que soy.

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