Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • Los caprichos personales de Milei y Lula | Análisis

    Parana » AnalisisDigital

    Fecha: 18/01/2026 08:56

    La preponderancia en la política exterior de las ideas y las simpatías de los presidentes exhibió ayer un Mercosur débil en el marco de la firma de la escritura más importante que le tocó en sus cuatro décadas de vida. Joaquín Morales Solá El tercer Lula no es el mismo que el de sus dos primeros mandatos. Perdió la sonrisa y algo de la moderación que practicó con coherencia en sus gobiernos anteriores, tal vez herido ahora por la prisión precipitada a la que lo sometió el entonces juez Sergio Moro, que terminó siendo ministro de Justicia de Jair Bolsonaro. Lula no pudo competir con Bolsonaro por la decisión de Moro de ponerlo preso. Hubo una sospechosa parcialidad judicial. El caso de Lula no es el de Cristina Kirchner; ella está presa en su casa porque hasta la Corte Suprema dijo la última palabra sobre su condición de culpable de hechos de corrupción. Es necesario aclararlo porque el kirchnerismo suele igualar la situación de su lideresa con la de Lula en su momento. Aquí y ahora, Milei ha hecho de la política exterior una cuestión ideológica a la que le agrega -cómo no- algunas burlas propias de adolescentes. Un tuit suyo, conocido poco después de la detención de Nicolás Maduro y de su esposa por una fuerza de élite norteamericana, lo cerró con una foto de un encuentro anterior de Lula con el exdictador venezolano. Una provocación. ¿Para qué hizo eso? Fue una chanza característica de él. No lo vamos a cambiar, explica un funcionario cercano al Presidente. La más lamentable consecuencia de esos caracteres, de esos estilos y de esas ideas tan distintas es que ayer no estuvieron en Paraguayfirmar el tratado de libre comercio con la Unión Europea; esa firma significó, en principio, la creación de la más grande área de libre comercio que existirá en el mundo. En ella habitan más de 700 millones de personas. Lula no fue, ofendido con Milei y molesto porque ese acto no se realizó durante la presidencia pro tempore del Mercosur por parte de Brasil, que concluyó en diciembre pasado. Lula considera que el acto de ayer fue posible por su tenaz insistencia ante los europeos y, por eso, calificó como una injusticia que no haya sido Brasil el anfitrión de la ceremonia que reunió a tres presidentes del Mercosur con los principales líderes de la Unión Europea. Paraguay desempeña ahora esa presidencia temporal. Lula tiene razón cuando señala que fue Brasil el que más trabajó en los últimos años la culminación de ese tratado. Como es evidente, la política exterior de Milei es unilateral y está dirigida solo a llevarse bien con el gobierno de Donald Trump. Europa no figura en su radar internacional, a pesar de que ese continente es el segundo o el tercer destino (depende de los años) de las exportaciones nacionales y que una parte de ella son productos manufacturados, no solo materias primas. La diplomacia argentina está conducida por un hombre sensato, Pablo Quirno, respetado por los diplomáticos profesionales, pero es imposible que un ministro cambie, si es que intentó cambiar, a una persona como Milei. Por ejemplo, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, está pasando por su peor momento político y, además, cometió el enorme error político de alejarse de la generación que protagonizó la exitosa transición española. Pero, ¿tenía que ser Milei, presidente de otro país, quien le reprochara las acusaciones de presunta corrupción que caen sobre Sánchez? España fue uno de los países que más bregó por la firma europea del acuerdo con el Mercosur. Sin España y sin Italia, la firma de ayer hubiera sido imposible. Italia cambió su posición a último momento, seguramente porque su primera ministra, Giorgia Meloni, es la única europea que tiene una buena relación con Milei. Otros datos son también significativos para explicar las posiciones de España y de Italia. La primera colectividad en la Argentina es la italiana y tiene derecho a votar en las elecciones de Italia; puede, inclusive, poner legisladores en el Parlamento de Roma. La segunda colectividad es la española, muy cerca de la italiana, y sus ciudadanos argentinos también tienen derecho a participar de las elecciones españolas. Dicho de otra manera: hay miles de argentinos que votan para elegir gobiernos o parlamentos en esos dos países. En cambio, Francia lideró la oposición al tratado, aunque quedó en minoría. El presidente francés, Emmanuel Macron, le prometió al entonces presidente argentino, Mauricio Macri, con quien tiene una buena relación personal, que intentaría flexibilizar la posición de su país. Macri y su canciller, Jorge Fourie, actual embajador en Chile, lograron en 2019 que se firmara el primer acuerdo de libre comercio con los europeos, veinte años después de que se iniciaran las primeras negociaciones. Francia no flexibilizó nunca su posición. La segunda etapa consistió en lograr los votos necesarios de los presidentes europeos, gestión que llevó seis años más. Triunfó la mayoría, pero no hubo unanimidad. Francia fue consecuente y estuvo a la cabeza del grupo de países refractarios al tratado. Ese voto mayoritario a favor es lo que permitió la firma de ayer, que, de todos modos, no es el último trámite para que el tratado esté vigente. Todavía falta la aprobación del Parlamento europeo, que es muy probable que ocurra, y la ratificación de los parlamentos de cada uno de los países firmantes del tratado. También se requiere una mayoría importante de los parlamentos nacionales europeos, pero no la unanimidad. Francia ratificó que su Parlamento no lo aprobará. No hay mala predisposición de Macron, pero está muy limitado políticamente. De hecho, en los últimos diez días hubo manifestaciones de tractores en las principales avenidas y calles de París. Los productores agropecuarios franceses piden más ingresos por su trabajo, y detestan el tratado con el Mercosur porque suponen que los productos rurales del sur de América competirán deslealmente con ellos. El sector agropecuario de Francia tiene una participación menor en el PBI de ese país, pero cuenta con una decisiva influencia histórica, política y cultural. Débil y con las encuestas en contra, Macron no está en condiciones de darles la espalda a los ruralistas de su país. Ideologizar la política exterior es siempre una mala receta Lula no fue a Paraguay, pero la principal lideresa de la Unión Europea, la alemana Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, visitó primero al presidente brasileño, el viernes, en Río de Janeiro. El otro jefe de la UE, el portugués António Costa, presidente del Consejo europeo, no pudo llegar a la reunión con Lula porque le cancelaron a último momento un vuelo comercial. No es no quiso estar: no pudo. Solo al día siguiente, en Asunción, Von der Leyen y Costa estuvieron con Milei y los presidentes de Uruguay, Yamandú Orsi, y de Paraguay, Santiago Peña. Primero sucedieron las reverencias al principal líder sudamericano. No pocos diplomáticos europeos les reprocharon a Costa y Van der Leyen que se hayan metido en las peleas internas entre Lula y Milei. La reunión era en Asunción. No era necesario ni elegante, que ninguno pasara primero por Brasil porque su presidente decidió no ir, explicó uno de ellos. La decisión de los líderes europeos se explica por el simple pragmatismo. El Mercosur sería mucho menos importante sin Brasil. El PBI de Brasil cuadruplica el de la Argentina, que es la segunda economía de la alianza comercial del sur americano, y el número de su población es también cuatro veces más grande que el de la Argentina. Brasil tiene un intercambio comercial con la Unión Europea muy superior a la suma total del resto de los países del Mercosur. Un alto ejecutivo mundial de una empresa automotriz europea sintetizó la posición de los empresarios de Europa: La inversión en la Argentina es posible si está en el Mercosur, porque lo más importante de esa alianza es el mercado brasileño, aclaró, sin ambigüedades. Según el último informe del Fondo Monetario Internacional, Brasil es la economía número 11 del mundo, mientras la Argentina está en el número 24. Guste o no, los europeos no podían pasear por el sur de América para firmar el más importante tratado de comercio exterior que podría existir sin conformar los caprichos de Lula. Europa tiene también más coincidencias en política exterior con el Brasil de Lula que con Milei. Brasil pregona el multilateralismo como una idea compartida con Europa. Por eso, la posición contraria a Francia en el tratado con el Mercosur la lideró Alemania, la principal economía europea, porque considera que el libre comercio es la mejor réplica a los proteccionismos. Léase: la mejor refutación a Trump. El poderoso país europeo aspira también a ampliar los mercados para productos de ese continente cuando las más importantes potencias mundiales están cerrando sus fronteras al comercio internacional. También la mayoría de los países europeos, aunque no todos, disienten con la incursión norteamericana en Venezuela. Es la misma posición de Lula. Con la soberanía de Groenlandia en tensa discusión con Trump (es ahora territorio autónomo de Dinamarca), los europeos ven la incursión militar en Caracas como un mal precedente. Casi todos los líderes europeos -eso sí- consideran que Maduro fue un dictador cruel y asesino. Lula fue siempre menos vehemente para criticar al chavismo. Es fácil criticar a Venezuela desde Europa; nosotros tenemos a ese país en la frontera, precisó un diplomático brasileño. La historia indica que la ideologización de la política exterior es siempre una mala receta. Milei no solo ideologizó la suya; también la sometió a sus simpatías personales. Las relaciones exteriores se establecen con los Estados y los países, no con los gobiernos, transitorios por definición. Sobresale el caso de Brasil porque es el primer socio comercial de la Argentina desde hace más de treinta años. Las exportaciones argentinas a Brasil están compuestas, además, por muchos productos manufacturados. Con avances y retrocesos, y con contradicciones también, la democracia argentina respetó siempre el principio esencial de no colocar las ideas en medio de sus relaciones con el mundo. Raúl Alfonsín, el primer presidente de la restauración democrática, firmó un acuerdo con el dictador chileno Augusto Pinochet por el diferendo sobre el Canal de Beagle, luego de una consulta popular a la sociedad argentina. Carlos Menem, que impulsó una clara política económica ortodoxa y liberal, tuvo excelentes relaciones con líderes socialistas, como el español Felipe González o el francés François Mitterrand. Cristina Kirchner prefería, sin duda, el liderazgo de Hugo Chávez o el de los Castro en Cuba, pero tuvo una buena relación con Sebastián Piñera, el presidente que gobernó Chile durante uno de los dos mandatos de la expresidenta argentina; Piñera expresaba a la derecha de su país. El fallecido exmandatario chileno llegó incluso a hacer gestiones ante la entonces presidenta argentina en nombre de su amigo Mauricio Macri, cuando este era jefe del gobierno de la Capital. El expresidente y exlíder del progresismo uruguayo, el también fallecido Tabaré Vázquez, solía decir que con Macri, al frente entonces de la centroderecha argentina y presidente de su país, resolvió cuestiones bilaterales con mucha más rapidez que con los Kirchner. La relación de cualquier país occidental con los Estados Unidos es más que importante, pero Europa y el Mercosur han sido también históricas prioridades de la política exterior argentina. Nadie puede pedirle a Milei que no agradezca el inédito gesto de Trump de salvarlo del naufragio cuando su barcaza hacía agua y zozobraba. Le ofreció al presidente argentino 20.000 millones de dólares en las vísperas de las elecciones nacional de octubre pasado y cuando Milei venía de perder de mala manera la provincia de Buenos Aires. Milei terminó con un notable triunfo en las elecciones nacionales del 26 de octubre último. Se trata solo de apartar los sarcasmos y las ofensas de la política exterior, y de respetar las decisiones electorales de las sociedades de otros países. La fórmula de cualquier país serio es no satisfacer en política exterior los gustos de sus pasajeros líderes, sino de hacer prevalecer el interés nacional. La preponderancia en la política exterior de las ideas y las simpatías de los presidentes exhibió ayer un Mercosur sin fuerza, débil, cuando firmó la escritura más importante que le tocó en su vida de cuatro décadas. (*) Esta columna de Opinión de Joaquín Morales Solá fue publicada originalmente en el diario La Nación.

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por