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  • Alterio y los códigos perdidos en el exilio

    » Clarin

    Fecha: 18/01/2026 08:33

    Las muertes tienen esas cosas. Nos obligan a mirar atrás, a rescatar del fondo de la memoria retazos de conversaciones, imágenes olvidadas, una frase, una foto, un destello. El reciente adiós de Héctor Alterio, a sus vitales 96, tuvo ese efecto. Ante la noticia de su desaparición alguien comentó Ahora nos queda su hijo. Sí y no, pensé. Sí, porque Ernesto Alterio es un gran actor, digno de la estirpe de su padre. Y no, porque por fuerza no es Héctor, único e irrepetible como cada quien. En una asociación ilícita de ideas me encontré entonces recordando una entrevista que tuve el placer de hacerle mientras filmaba acá La historia oficial, la película que terminaría por darle un Oscar a la Argentina. Hacía años ya que Alterio estaba radicado en España con su mujer e hijos, corrido por las amenazas de muerte de la Triple A. Ya había edificado allá una carrera, ganándose en buena ley un amplio reconocimiento. Sin embargo, con esa media sonrisa de tipo bueno sin dobleces, hablaba conmovido de los dolores y nostalgias en la patria ajena. Los códigos, decía. Lo que faltan son los códigos de uno; decir una palabra y que sepan de qué estás hablando. Su descripción no podía ser más exacta. A veces los dolores del exilio no se trasuntan tanto en las pérdidas mayores como en esas pequeñas faltas cotidianas. Explicar que La Bombonera es una cancha y no una caja con bombones, que la Plaza no es cualquiera sino una sola, la de Mayo, ni a qué aludimos cuando hablamos de un colectivo. Se trata de ese lenguaje común, amasado a fuerza de haber vivido la misma historia, de haber atravesado los mismos dolores... El exilio es aquello que tan bien plasmó Cristina Peri Rossi: Partir es siempre partirse en dos. Sobre la firma Newsletter Clarín

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