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  • Marruecos vs Senegal, una final de Copa África con la tensión previa de un Mundial y la felicidad de todo un país detrás de una pelota

    » Clarin

    Fecha: 18/01/2026 07:30

    Esto que se respira en Rabat parece la tensión previa a la final de un Mundial, o mucho peor. Para Marruecos es una final que se juega en casa, con la presión de romper 50 años de sequía y ante el rival más peligroso de todos. Fuera del continente africano no se llega a tomar noción de lo que representa aquí el partido que este domingo desde las 20:00 (las 16:00 en Argentina, se ve por el YouTube de Claro Sports) disputarán la selección local contra Senegal. Es que la felicidad de todo un país dependerá de cómo se levante el equipo liderado por Achraf Hakimi y de lo que del otro lado puedan hacer Sadio Mané y los suyos. Habrá un duelo fascinante en el sector de la cancha donde se crucen los dos futbolistas de mayor renombre en esta Copa Africana de Naciones. El defensor atacante del PSG tratará de controlar y sorprender al extremo del Al Nassr, aquel que brilló en Liverpool y presiona como nadie. Pero el corazón le gana a la táctica. Fueron campeones de todo con sus clubes, hasta de la Champions League, pero quieren darle una alegría a su gente. Algo así siente Brahim Díaz, el mismo que tiene el mérito de haber sido campeón de liga en Inglaterra, Italia y España, pero que reconoció que vivió la mejor noche de su vida como profesional tras el drama de los penales contra Nigeria en semifinales. Desde este microclima de locura e ilusión siguió las noticias del despido de Xabi Alonso en el Real Madrid, su club. Lleva cinco tantos en sus seis encuentros y es el goleador del torneo. En Rabat, la sede de la final, no hay entradas disponibles desde hace rato, y la reventa ya toca límites impagables: se habla de tickets a 800 euros cuando lo normal es que no pasen de los 100. Para Senegal es la chance de lograr su segundo título tras el obtenido en 2021, cuando Mané se sacó la presión a lo Messi, tras perder la final en 2019, y ya no sólo fue héroe nacional por sus inversiones millonarias ayudando al pueblito donde nació sino que también les regaló el orgullo de sentirse campeones. Lleva dos goles y tres asistencias en una Copa donde la figura fue todo el equipo, nutrido por grandes estrellas y muchos jóvenes. Tras pasar bien a Egipto con gol de Sadio, tendrán que suplir ahora las ausencias por acumulación de tarjetas de Kalidou Koulibaly, quien también se lesionó, y Habib Diarra, dos nombres fundamentales en los armados de Pape Thiaw. La visita llega tocada en lo anímico. El viernes por la noche, bien tarde, emitieron un comunicado criticando a la organización. Se quejaron del hotel, de la obligación de entrenar en el complejo de Marruecos, de la escasa disponibilidad de entradas para su publico y de la "flagrante" falta de medidas de seguridad. En Marruecos hablan de "victimización", una estrategia a la que ya apelaron Camerún, Argelia y Nigeria. Lo que sobra es confianza, aunque ya no desde la lógica como la había contra los nigerianos, cuando daban por descontado que el equipo récord que fue cuarto en Qatar 2022 y que llevaba 22 triunfos en sus últimos 23 partidos, debía ganarle a las caóticas Aguilas Verdes, que se quedaron afuera del Mundial 2026. El fútbol también se trata de sufrir y los dirigidos por Walid Regragui precisaron de los penales y las manos de Bono para llegar a la final. Esta generación de marroquíes, jugadores, hinchas y hasta su propio Gobierno, necesita coronar un proceso que lleva 15 años de gestación, una inversión millonaria y logros de todo tipo, pero a la que le falta traducir en un trofeo para sus vitrinas. Si hasta un museo construyeron pensando en el pasado y en el futuro. El país será una de las tres sedes del Mundial 2030 junto a España y Portugal, y están convencidos de que el primer africano campeón del mundo tendrá camiseta roja y una estrella verde en el pecho. Ganarle o no a Senegal puede torcer el destino. Hay sensación de que en Marruecos se avecina una jornada que se recordará durante décadas. El Ministerio de Educación, por ejemplo, decidió postergar al martes 20 los exámenes semestrales que estaban programados por ley para el lunes 19 en todas las escuelas primarias y secundarias del país. La semifinal contra Nigeria terminó pasada la medianoche del miércoles y los bocinazos se seguían escuchando en la madrugada del jueves, con la salida del sol. En Rabat se aguarda la presencia de grandes personalidades para ver la final, entre ellas Kylian Mbappé y Vinícius Jr., además del ganador del The Best y el Balón de Oro, Ousmane Dembélé, y los exfutoblistas campeones del mundo, Zinedine Zidane y Andrés Iniesta. Gianni Infantino, presidente de la FIFA, estará en el palco de honor, y hasta una celebridad de Netflix dijo presente en la previa: el actor francés Omar Sy, protagonista de Lupin, apoyó a Senegal, el país de su padre. Es una incógnita saber si la familia real asistirá al estadio. A sus 62 años de edad, Mohamed VI, rey desde 1999 tras la muerte de su padre, Hassan II, fue el principal impulsor de este boom por el fútbol y del crecimiento imparable de la selección marroquí. Lo hizo porque es fanático de este deporte pero también porque sabe que no hay mejor manera de llegar al pueblo que a través de las cosas que más se aman. Son muchas sus fotos en cuadros por todo Rabat pero hay una en especial de hace 50 años que lo muestra bien pequeño, con traje, en la premiación de los campeones de 1976. De allí para acá, Marruecos sólo jugó una final y la perdió ante Túnez, en 2004. Esta noche tienen una cita con la gloria. 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