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  • Las asombrosas medinas de Marruecos: el paraíso del regateo donde piden fortunas por un ticket para la final de la Copa Africana

    » Clarin

    Fecha: 17/01/2026 08:21

    Las medinas de Marruecos tienen estas semanas de Copa Africana de Naciones dos señales claras del fervor que se siente por el fútbol en este país, especialmente en la previa de la final ante Senegal. Uno es que todos los localcitos, no importan lo que vendan, tienen alguna referencia al equipo nacional, al certamen o a la bandera roja con la estrella verde que se muestra con un orgullo que estremece; la otra es el ir y venir de los turistas con sus celulares en la mano preguntando una sola cosa: "¿Billet pour le match?". En las horas previas al día que puede terminar en fiesta patria, nadie quiere perderse el duelo del domingo a las 20 (las 16 en Argentina) en el estadio de Rabat que lleva el nombre del príncipe heredero, Moulay Abdellah: las entradas que en la fase de grupos costaban 80 euros ahora se ofrecen en la reventa a 500 y hasta 800 euros, y las medinas son el lugar indicado para ir a buscar precio. Aquí una aclaración para los desprevenidos, "medina" no es una referencia al Cacique que dirigía Talleres y Vélez, o a Cristian, el de rulos que se fue de Boca a Estudiantes, mucho menos al Teto. Las medinas son una atracción típica de Rabat y otros puntos de la región como Fez y Marrakech, especies de "ciudades viejas" que quedaron ancladas en el pasado, rodeadas de murallas altísimas construidas en el Siglo XII a modo de defensa de las invasiones y que se convirtieron en laberintos de callecitas, galerías y patios con puestos de todo tipo, llenos de excentricidades y buenos precios. Allí funciona el regateo y todo es en efectivo, dirhams, la moneda local, dólares o euros. La tarjeta de crédito o débito no sirve para nada, mucho menos el QR o cualquier plataforma de pago con el celular de las que se usan en Argentina: en resumen, hay más chances de cruzarse con Luciano Castro chamuyando en árabe que con un posnet. La casa pone las reglas y se las respeta. Se vende de todo y el olor a fritanga (no hay otra palabra para describirlo) contrasta con la limpieza y la sensación de orden que se observa en otras zonas más modernas de Rabat, como la mezquita donde están las tumbas de Mohamed V y Hassan II, los dos primeros reyes de este joven estado que hoy reina Mohamed VI bajo un régimen de monarquía constitucional y que el 2 de marzo cumplirá 70 años de independencia. En las medinas, en cambio, hay una historia que se remonta cientos de años hacia atrás y se observa en cada fachada y en cada rostro. El caos organizado que se siente en este mundillo exótico recuerda más a las ferias de Buenos Aires, aunque acá estamos en pleno invierno y las temperaturas vienen siendo de frías a muy frías, con muchas lluvias. Pero el clima no importa a la hora de las compras, o en todo caso habrá que hacerse de un paraguas tipo sombrilla de 10 euros. A propósito, ¿algunos precios? Las cosas en su mayoría son bellísimas, muy pintorescas, y hechas con buenos materiales. Lo que más sale es todo lo vinculado al té marroquí y su ritual: un juego de tetera, bandeja y seis tazas finísimo se encuentra a 20 euros, y si se le agregan portavasos, 7 euros más. Las tazas, solitas, 2 euros. Y el paquete de té de medio kilo se consigue a un euro o menos, depende la variedad, pero es mucho más barato que la yerba argentina. Algo bueno es que los vendedores no invaden a los curiosos, sólo aguardan que alguien les pregunte. Y otra cosa, no les gusta que les saquen fotos a sus productos sin pedirles permiso, algo que no todo el mundo respeta. Siguen los precios: hay alfombras persas de 3x3 metros a 30 euros, que combinan con almohadones tipo puff a 20 (sin relleno, para que no ocupen lugar en la valija). Una pequeña joyería ofrece pulseras y cadenitas de plata con medallitas a 20 euros, junto a anillos, también de plata, a 18 euros. Hay bolsones de un cuero preciosos a 10 y 20 euros, de acuerdo al tamaño, los cuadros artísticos rondan los 30, mosaicos con inscripciones a 20, y la compra casi obligada de la aventura es la camiseta de Marruecos con el nombre de Hakimi, aunque en su versión trucha pero de muy buena calidad: 10 euros, y para niños incluye pantaloncito. Nada mal. La medina de Rabat pide pausa y un cafecito, que llega con agua y unas masitas deliciosas a 3 euros. El descanso ya no es en el frenesí de puestos, turistas y hasta motitos que piden permiso tocando bocina sabiendo que ellos son los verdaderos dueños de ese lugar. Se da en un patio interno que apareció de la nada, bajo la copa de un árbol que cubre la llovizna y resiste al tiempo. Mientras tanto, la pregunta sigue sonando aquí y allá: "¿Billet pour le match?". Sobre la firma Mirá también Mirá también Mirá también Mirá también Newsletter Clarín

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