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  • El inédito bar que abrieron en un edificio de Saavedra

    » Clarin

    Fecha: 17/01/2026 07:27

    El hombre, de unos 50 años, llega a su casa en bermudas a las nueve de la noche, después de un día de calor agobiante. Llave en mano, esquiva la decena de personas que hay en la entrada de su edificio sin inmutarse y abre la puerta principal. Seguirá su día en su departamento, mientras el resto de la gente lo hará como lo estaba haciendo: comiendo y bebiendo. La postal, curiosa e inédita, sucede de miércoles a sábado desde las 19 en una tranquila cuadra de Saavedra. Allí funciona, desde hace un mes, el que se promociona como el primer hall bar de Argentina: un bar en el hall de un edificio. Jöl queda en Vilela al 2900, a dos cuadras del polo gastronómico del boulevard García del Río. En una construcción que tiene un año, su particularidad es que el local ocupa solo 12 m2 y se mete en lo que técnicamente sería un espacio de circulación del edificio. No exactamente el hall que está detrás de la puerta de entrada donde se ubican los ascensores sino en esa especie de zaguán entre la línea oficial y la puerta propiamente dicha, que solían tener muchos edificios y que en algunos casos se bloquearon con rejas por seguridad. ¿En qué difiere el hall bar de un local normal, como los miles que hay en la planta baja de construcciones en altura en toda la Ciudad? En que acá está integrado directamente a la zona de circulación, a través de una barra que conecta ambos. Lo explica Mariano Varela, del estudio de arquitectos BVARQ, que con su socio Julián Berdichevsky realizaron el diseño de este inmueble de 14 unidades en cuatro pisos que ya está todo vendido y habitado. Siempre en el estudio tuvimos una línea de pensamiento de que hay espacios en edificios que son funcionales: cumplen una función y nadie los cuestiona. El hall, los pasillos, las terrazas. Pensamos cómo reutilizarlos. Acá, nos encontramos con la problemática de que el espacio era muy reducido, no podíamos hacer una cochera ni un negocio grande. Y pensamos en un local que funciona, que le da vida, reflexiona. En un lote estándar (8,66 metros por 35 metros de fondo) los arquitectos le dieron una vuelta de tuerca para divertirnos un poco. Dice que vieron muchos pequeños localcitos o ventanitas en otras ciudades (en Amsterdam, por ejemplo) y esa inspiración los llevó a desterrar lo obvio, un local con la puerta o una ventana en la línea oficial, y hacer lo que siempre quisimos de fusionar espacios medio desperdiciados y transformarlos. No puedo intervenir el espacio público, pero sí este intermedio entre el público y el privado. El arquitecto asegura que lo que hubiera sido un pasillo ocioso se transforma en un lugar con movimiento, donde, por ejemplo, la gente se sienta en el cantero adosado a la pared opuesta a la barra. Y que como el bar funciona hasta tarde, no es propicio para que nadie se instale allí. Consultados por Clarín, expertos en normativa explicaron que la reforma del Código Urbanístico de 2018 habilitó este tipo de usos mixtos en toda la Ciudad. Y Varela confía en que el ejemplo se expanda en otros nuevos edificios. Me gustaría que repensemos los espacios para darles alternativa de uso. Esta es una y hay otras combinaciones que serían interesantes. Por ejemplo, que algunas terrazas emblemáticas se puedan visitar. El Microcentro por ejemplo tiene mucho paño para esto, plantea el arquitecto, que en este edificio de Vilela puntualmente armó una original terraza intermedia en la que colocaron un mural que estaba en la casa que fue demolida para levantarlo. Quizás esta curiosidad sea una de las razones del éxito de Jöl. Pero no la única. Clarín pudo comprobar este jueves, después de la lluvia y del apagón, el desfile incesante de clientes para probar los platos de Misael Noe. El bar se pegó, como dicen los chicos, en las redes sociales, donde se multiplican reels y stories que muestran sus "sándwiches atrevidos", como los llama el cocinero. Tiene una carta corta, pero consistente, con dos de carne y dos veganos. El hit es el sándwich de tapa de asado, que sale super tierna con cebollas encurtidas, mostaza en granos y aderezo de miso y tahini a $ 16.000. También sirve uno muy original de tartar de lomo curado ($ 18.000) y otro de melena de león con salsa toné veggie ($ 17.000). El perfil del cocinero podría merecer una nota en sí mismo. Con solo 23 años, Misael cuenta que en su casa se encargaba de cocinar para la familia: siempre hacía el almuerzo para sus tres hermanos menores. Sabía que lo suyo sería la cocina, aunque a su mamá no le gustaba la idea y aspiraba a que el primogénito siguiera una profesión tradicional, como ingeniero o abogado. Misael no se anotó en ninguna escuela de gastronomía, sino que hizo carrera a la antigua: fue a Yiyo el Xeneize y pidió trabajo. Empezó en el escalón más bajo, como bachero. No descuidaba su tarea de lavar, pero siempre estaba atento a lo que pasaba en la cocina, preguntándose y ofreciéndose a ayudar para lo que fuera. Con la plata de sus primeras changas, empezó a salir a comer por su cuenta con sus dos mejores amigos "y a descubrir nuevos sabores. Un click fue Green Bamboo, que ya no está más. Era increíble, todo lo agridulce, recuerda. Autodidacta, hizo cursos de todo tipo, desde lo básico a fermentos. Y ensayó mucho: Salía de laburar, iba a a comprar al Barrio Chino y me ponía a cocinar en mi casa y así me fue desarrollando y creando. A los ocho meses, en Yiyo lo pasaron a cocina. Su formación siguió en otros restaurantes, en catering (hizo servicios para 500 personas y algunos exclusivos como para los Red Hot Chili Peppers) y el año pasado decidió emprender, cocinando por la suya. Entre los cursos que hizo, uno fue de creación de contenido digital. Y terminó resultando clave para la apertura de Jöl: dice que nunca estudió marketing, pero el plan de lanzamiento parece diseñado por una agencia de esas que presupuestan millones. A lo largo de 2025 fui desarrollando una comunidad que me fue bancando en eventos, pop ups y cenas privadas. No soy conocido en el mundo gastronómico y no tengo contactos para estar en distintos lugares: mi única herramienta son las redes. Sé que un negocio hoy en día importa mucho cómo lo contas, lo vendés y la exposición que le das en redes, introduce. Cuando lo convocaron los arquitectos para sumarse al hall bar, Misael dudó: el local está en una calle tranquila de barrio por la que pasa muy poca gente. Entonces, planteó una estrategia de comunicación en la que documentó todo el recorrido y lo fue contando por redes sociales, lo que hizo que la gente empezara a verlo y se guardara el posteo para ir cuando abriera. Además, organizó pre aperturas espontáneas. Subía una historia, iba al gimnasio y me ponía el temporizador a los 10 minutos y la bajaba. Y capaz me respondían 150 personas: 'Ay, me lo perdí, no puedo ir pero voy la próxima'. Estaba ese hype, describe. A la apertura oficial, el 13 de diciembre, vino bastante gente. En un mes, ya tienen 21.600 seguidores en Instagram: los últimos 1.600 los consiguieron en sólo 24 horas. Misael asegura que es todo orgánico. Y en la barra, se comprueba: mientras despacha, conversa con cada cliente y le pregunta cómo conoció el local. La respuesta es siempre la misma, Instagram. También es unánime el elogio a sus sándwiches. Otro punto de la estrategia fue la mascota. Siempre supo que el local tenía que tener una, pero no quería caer en la obviedad de un sándwich en movimiento. La elección fue un rescate emotivo: Pinky, el conejito blanco que tenía a los cinco años. Ahora su recuerdo perdura en Joly, el conejo blanco con aires de animé que domina la barra y que también tiene merchandising propio. Por ahora, el bar abre por las noches porque desde la mañana Misael se dedica a hacer toda la producción (sólo compra a un proveedor los panes y una pastelera se encarga de los postres). Está feliz con la repercusión y, asegura, la convivencia con los vecinos del edificio es muy buena: algunos ya son clientes y uno bajó tres veces en pijama a las nueve de la noche a comprar su cena. A mí me encantaría vivir en un edificio así, cierra el chef. AS Sobre la firma Mirá también Newsletter Clarín

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