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Fecha: 17/01/2026 05:26
La secuencia de los hechos que llevaron a la guerra que enfrentó al Imperio del Brasil con la República Argentina, por entonces país conocido como las Provincias Unidas, que hemos transitado en el artículo anterior, muestran una serie de antecedentes que sirven para establecer algunos ejes. Más allá de las decisiones políticas, el sentir y el obrar de los pueblos de la América del Sur que habían sido parte del decadente imperio español, luego de las gestas independentistas iba a tener una trascendencia mucho mayor que la anterior a 1810. Esa comprobación definiría los acontecimientos de la segunda mitad de la década de 1820, a pesar de la inexistencia de un gobierno central en el Río de la Plata. El fervor patriótico en contra del invasor en la Banda Oriental iba a determinar los hechos por venir. Los 33 Orientales El apoyo que los jefes orientales (verdadero gentilicio de los nacidos hasta hoy en el Uruguay), los generales Manuel Oribe y Juan Lavalleja, recibieron del Congreso General reunido en Buenos Aires desde 1824, sumado a los de los gobernadores, de Santa Fe, brigadier general Estanislao López, y de Entre Ríos, Juan León Solas, hizo que fuera naciendo una corriente de opinión favorable a una expedición libertadora de la Banda Oriental. El objetivo era expulsar a los brasileños, quienes además no lograban adhesión en lo que ellos llamaban la provincia Cisplatina, gobernada por entonces por el portugués Carlos Lecor. Leé también:Fue un ser humano, amó a su patria, las palabras que Arturo Frondizi dejó para su lápida En abril de 1825 se congregaron en el puerto de San Isidro, unas cinco leguas al norte de Buenos Aires, unos cincuenta hombres dispuestos a desembarcar en la otra orilla, quienes partieron en la noche del 18 de abril navegando rumbo al río Uruguay a través de las islas del delta del Paraná y desembarcaron en la Playa de la Agraciada, un enorme arenal al norte de la actual ciudad de Nueva Palmira en la madrugada del 19. Allí desplegaron entonces la bandera de tres franjas azul, blanca y roja con la inscripción Libertad o muerte, que se convirtió en la insignia de los patriotas orientales. Existen una veintena de listas con los nombres de los fundadores de la República Oriental del Uruguay en las que figuran al menos 56 nombres, pero el relato histórico cerró en 33 los hombres desembarcados en su tierra aquel 19 de abril, hace ya 200 años. Es probablemente la influencia de la masonería en la fijación de ese número, sin discutirse la presencia de Juan Lavalleja como jefe y Manuel Oribe secundándolo. Inmediatamente, muchos habitantes de la campaña se sumaron a las tropas y fueron avanzando hacia el centro del territorio, venciendo al comandante imperial, el oriental Fructuoso Rivera, quien se arrepiente de su adhesión a los invasores y se pliega al movimiento. Vale destacar que la historia oriental estará marcada por estos tres hombres durante varias décadas. La independencia de la Banda Oriental Prácticamente en un mes, Lavalleja y Oribe lograron tomar control de toda la Banda Oriental, quedando sitiada la capital Montevideo, donde se produjeron varias escaramuzas sin consecuencias. En junio ya se había consolidado el liderazgo político del general Lavalleja, quien convocó en La Florida a una asamblea de representantes de todos los pueblos de la campaña que en agosto de 1825 pudo reunirse, nombrar gobernador a Lavalleja y en la sesión del día 25 dictó tres leyes para fundar la Provincia Oriental: la ley de independencia del Rey de Portugal, del Emperador del Brasil y de cualquier otro del universo; la ley de unión de la provincia a las demás de este nombre en el territorio de Sud América; y la ley de la bandera, adoptando la tricolor sin inscripciones. Durante todo 1825, los orientales sostuvieron gran cantidad de combates en todo el país, ayudados por la ausencia del ejército brasileño, desplazado para reprimir un levantamiento en el norte del imperio. Al tiempo del Congreso de La Florida, en agosto el gobierno porteño del general Juan Gregorio de Las Heras ordenó apostar tropas sobre la orilla occidental del río Uruguay bajo el mando del general Martín Rodríguez como Ejército de Observación, que estableció su cuartel general en Concepción del Uruguay. Se debe recordar que el gobernador Las Heras detentaba el mando de la defensa nacional y de las relaciones exteriores, atribuciones delegadas por todos los gobernadores de las provincias interiores. El Congreso General de 1824 Desde su convocatoria en los primeros días de 1824, el Congreso General dio la impresión de ser el instrumento adecuado para organizar políticamente a las Provincias Unidas, a las que ya se llamaba República Argentina en algunos documentos. Todos los gobernadores ordenaron elegir representantes para la asamblea que se reuniría en Buenos Aires, comenzando sus sesiones el 16 de diciembre de 1824, con la presencia de diputados de Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, Córdoba, La Rioja, San Luis, San Juan, Mendoza, Tucumán, Salta, Jujuy y Catamarca, a las que se sumaron representantes de la Banda Oriental, Misiones y Tarija. La reunión constituyente reunió a figuras relevantes de nuestra historia, como Francisco N. de Laprida, Dalmacio Vélez Sarsfield, Juan José Passo, el deán Gregorio Funes, Alejandro Heredia y Lucio N. Mansilla, entre otros notables de su tiempo y en general de tendencia unitaria. El caso de la provincia de Santiago del Estero es muy interesante, porque la representación fue variando a tono con la tensión entre el pensamiento unitario y el federal. Primeramente, se nombró a Félix Frías. Más adelante, la consolidación de Juan Felipe Ibarra al ser nombrado por la Legislatura permitió el nombramiento del líder federal porteño Manuel Dorrego, quien se incorporó en 1826. El desarrollo ordenado de las sesiones permitió sancionar el 23 de enero de 1825 la ley Fundamental, que reafirmaba la independencia del país y de las autonomías provinciales hasta la sanción de una Constitución del Estado. Sin embargo, el apoyo del Congreso a la gesta de los 33 orientales y la movilización del ejército hacia el río Uruguay fue deteriorando la relación con el Brasil, sobre todo cuando el 25 de octubre se sancionó una declaración que reconocía a la Banda Oriental como una provincia más, apoyando las acciones de Lavalleja y aceptando el diploma de Javier Gomensoro como diputado por la Banda Oriental. Las declaraciones de guerra entre el Imperio y la República El imperio reaccionó con el embarque de tropas en Río de Janeiro para despacharlas hacia Montevideo en octubre de 1825. El gobierno carioca debió enfrentar además también una rebelión independentista en la provincia de San Pedro del Sur, hoy Río Grande do Sul, que lo obligó a dividir sus fuerzas terrestres. El emperador Pedro I y su consejo de estado decidieron escalar el conflicto, y ante la falta de una respuesta satisfactoria del gobierno porteño al reclamo por su interferencia indebida en la provincia Cisplatina, el 10 de diciembre de 1825 declaró la guerra a las Provincias Unidas y dispuso el inmediato bloqueo del río de la Plata. Un hecho que suele omitirse entre los eventos de la guerra contra el Brasil es que la diplomacia argentina logra en esos tiempos un éxito notable al firmar en julio de 1825 el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación celebrado entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y Su Majestad Británica, primer convenio diplomático con una potencia europea que aún está vigente, que significó la neutralidad de Gran Bretaña en el conflicto sudamericano, más allá de gestiones oficiosas que no obtuvieron ningún resultado. Un dato relevante sobre la guerra iniciada es que si bien el Brasil contaba con una poderosa escuadra y un numeroso ejército, sus fuerzas no habían enfrentado conflictos bélicos importantes anteriores, mientras que la Argentina contaba con miles de veteranos que habían participado durante dos décadas en las campañas guerreras que comenzaron en 1806 con las invasiones británicas a Montevideo y Buenos Aires, tropas que estaban regresando al territorio nacional luego del retiro español de Sudamérica producto de su derrota en la batalla de Ayacucho el 9 de diciembre de 1824. La presidencia de Bernardino Rivadavia El 1° de enero de 1826, la Argentina declaró el estado de guerra al imperio del Brasil, dando comienzo a la primera guerra entre naciones independientes sudamericanas. El 6 de febrero de 1826, el Congreso sancionó la ley de Presidencia, nombrando dos días después como titular del Poder Ejecutivo al diputado porteño Bernardino Rivadavia. El gabinete estaba formado por los ministros de Gobierno, Julián S. de Agüero, de Hacienda Salvador del Carril, de Relaciones Exteriores Francisco Fernández de la Cruz y de Guerra y Marina Carlos de Alvear. Es curioso que el juramento de Rivadavia fuera como Presidente de las Provincias Unidas de la República Argentina. Leé también: Bernardino Rivadavia: el presidente del sillón El gobierno de Rivadavia convirtió al Ejército de Observación en el Ejército Argentino, utilizándose por primera vez en la historia esta denominación y designó como su comandante al general Carlos de Alvear. El coronel mayor de marina Guillermo Brown fue convocado para organizar la escuadra republicana, asignándole recursos y hombres, con el fin de acabar con el bloqueo del puerto de Buenos Aires que provocaba un perjuicio económico brutal por el cierre del comercio exterior. Al ser nombrado Brown como jefe de la flota fue ascendido a almirante, el único de la flota argentina hasta su muerte en 1857. El inicio de 1826 iba a ser febril con reuniones de mandos militares y navales para establecer una estrategia central para derrotar al imperio. Todos los recursos de las provincias fueron puestos al servicio de la causa nacional, incluyendo los fondos destinados a la construcción del puerto de Buenos Aires obtenidos por el famoso préstamo de la casa londinense Baring Brothers & Co.. En el Brasil fue nombrado comandante del ejército en operaciones Feliberto de Oliveira, el marqués de Barbacena, quien propuso invadir el Paraguay y la Mesopotamia para convencer a los gobernadores de apoyar al imperio, desconociendo el espíritu nacional patriótico existente ya en las Provincias Unidas. Como jefe de la flota imperial se destacó el almirante Jacinto Roque de Sena Pereira. El escenario estaba listo para los combates. Los enemigos se tanteaban y se semblanteaban. Comenzaría en poco tiempo la primera campaña del ejército argentino en una guerra exterior. Las naves republicanas iban a intentar forzar el bloqueo. Los brasileños anhelaban invadir por varios frentes la Argentina. De todo eso se tratará el relato que el próximo domingo nos reunirá nuevamente en tn.com.ar.
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