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» Clarin
Fecha: 17/01/2026 11:51
El silencio de "progresismo" argentino y global sobre las matanzas del régimen oscurantista iraní aturde desde el ruido sordo de su cinismo. El feminismo es una causa noble, pero el feminismo cooptado por un sector y solo por un sector del espectro político es una ignominia. Una vileza militante. Es una burla cruel a la víctimas usadas como combustible para propagandizar a un segmento particularmente abusador de la política. Las feministas sectarias que otrora vociferaban con furia que llenaban plazas y redes con consignas de denuncia global al machismo, enmudecen de manera ostensible cuando los verdugos son iraníes obedientes al Imán medieval que tutela desde su policía moral la vida de los otros. Antes, un vendaval de stand-up, performances y marchas contra el patriarcado; hoy, un vacío absoluto frente a las matanzas teocráticas que castigan con látigos, prisión y muerte a cualquier mujer que se atreva a quitarse el chador o el velo impuesto desde Khomeini a la fecha. El enmudecimiento ante las valientes iraníes que, con el cabello al viento y el grito de Mujer, Vida y Libertad, desafían a un régimen que las considera propiedad del Estado, como si fueran un Harén para el ultraje moral al que las somete el líder supremo y sus súbditos devotamente misóginos. Es el régimen que liquidó en 2022 a Mahsa Amini detenida y asesinada por usar mal el velo. Ante tantos bocas cerradas que no denunciaron ese horror, se convirtió la supuesta solidaridad feminista universal -en su versión sesgada- en una causa de doble vara, profundamente hipócrita que exhibe sin vergüenza sus arbitrariedades selectivas. Las iraníes sí tomaron la palabra. Expusieron su cuerpo ante los clérigos que ordenaron matar a mansalva. El jueves, aquí en los Estados Unidos desde donde se escribe ésta columna, María Corina Machado se entrevistó con Donald Trump. Salió de la Casa Blanca afirmando que el presidente de los Estados Unidos está comprometido con la libertad de Venezuela. ¿Es verdadero o falso? La verdad o la falsedad en éste caso son noticias en desarrollo. Está por verse. Es la historia la que verifica la veracidad de las palabras. La historia ya demostró sin embargo que María Corina es la mujer que sola, perseguida y castigada, cruzando el mar hasta quebrarse una vértebra, puso la libertad en la brújula de los venezolanos con rumbo firme, enorme coraje y sin desmayos. Ella tomó la palabra. Mientras era acosada y golpeada por el infecto régimen de Maduro, las feministas extraviadas en la Argentina y más allá de la Argentina también callaron. María Corina ha enfrentado persecuciones brutales, inhabilitación, amenazas y aislamiento, todo mientras lideraba y lidera una épica lucha por la democracia desde la clandestinidad. Ahora, en un gesto que expuso su pragmatismo y su mirada estratégica, le dió su medalla del Nobel de la paz a Donald Trump para alimentar la egolatría presidencial. Todo en pos de lograr la adhesión a la causa de la libertad en Venezuela. Su valentía, incluyendo lesiones físicas en el pasado, es innegable. Sin embargo, sectores de izquierda paleolítica en Argentina y en la región la ignoraron. Es un fenómeno singular. No defienden lo que dicen defender y así defiende por omisión, a los machos agresores, en ese caso Maduro, Diosdado Cabello, y su banda. Delcy Rodríguez es una mujer, que declamó feminismo, y que persiguió a diestra y siniestra. Ahora, obedece a Trump, pero su naturaleza es la traición. Propagandizó la ficción denominada Gran Misión Venezuela Mujer. Pero las mujeres venezolanas continuaron empobrecidas y perseguidas. Si no se alineaban al gobierno, no recibían beneficio alguno. Por el contrario. Eran esclavizadas por el régimen. En la Argentina esas ráfagas persistentes de inautenticidad son un mal enraizado no sólo en las variantes fake del feminismo. Son muchos los que no ven lo que es y ven lo que no es. Ven el Plan Andinia, ese invento antisemita que afirma que los israelíes y los judíos en general quieren conquitsar La Patagonia. Eso no es una realidad sino una patraña que volvió a encenderse ahora con asombrosa virulencia . Una fábula sin el menor asidero en la realidad, ridícula. Manipularon el origen de los incendios devastadores que azotaron Chubut y otras zonas patagónicas para resucitar una conspiración vacía. Las llamas reales, trágicas, que consumieron miles de hectáreas, desplazaron familias, se convirtieron en el pretexto perfecto para que los embusteros profesionales y los crédulos intoxicados por la locura alucinatoria volvieran a encender la mecha del irracionalismo. Se desató una vez más la pasión de los embusteros y la credulidad de los narcotizados por leyendas perversas y asumidas irresponsablemente como ciertas. La intoxicación de las masas. Las supersticiones colectivas. La pasión de los abolicionistas de los hechos. La mancha venenosa de las creencias huecas pero extremadamente dañinas. La excitada feligresía de los enamorados de las estupideces. Es el fenómeno de los acusadores seriales, de los que le echan la culpa de cualquier cosa siempre a los otros, porque criticar es sencillo y hacer y construir nunca es tan sencillo. Sherezade, en la Mil y una noches, enhebra sus intrigantes relatos al Sultán Shahriar, el verdugo de todas las mujeres que había poseído de su Harén innumerable. Pero Sherazade toma la palabra. Nunca cuenta el final de cada relato, y el monarca asesino no la ejecuta, aguardando la culminación de la historia al otro día. Y así llega una nueva noche. Y otra. Y Mil y una Noches. Es una continuidad interrumpida. Una parcial suspensión narrativa que es una salvación. Los teócratas odian a Sherezade. Y las feministas hipócritas también. Sobre la firma Newsletter Clarín
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