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» La Nacion
Fecha: 17/01/2026 00:51
Lecturas. La humanidad, ante el silencio del cosmos En Universo y sentido, Norbert Bilbeny confronta los últimos conocimientos cientÃficos sobre el universo con las angustias existenciales que provoca su inmensidad - 6 minutos de lectura' Que tenga algún sentido todo esto o que no lo tenga en absoluto: esa es la cuestión. El viejo asunto de la angustia cósmica, respecto de qué sentido tienen la vida y el universo para el ser humano en medio de la indiferencia estelar, merecÃa renovarse con lo más actual de la ciencia: fÃsica y cosmologÃa de vanguardia. Ese es el plan, sencillo solo a la hora de la sÃntesis, del ex decano de la Facultad de FilosofÃa de la Universidad de Barcelona Norbert Bilbeny (Barcelona, 1953) en Universo y sentido. En busca del sentido en la inmensidad: compendiar las preguntas históricas de la filosofÃa existencial (que se dejan resumir en la fórmula por qué el ser y no la nada), pero bajo un tamiz cientÃfico que lo ancla en el siglo XXI y le da certidumbres. De entre varias, la primera angustiante certeza que anota es que se trata de un universo particularmente grande, pero grande en serio: como mÃnimo hay 100.000 millones de estrellas como el Sol únicamente en la VÃa Láctea (una de miles de millones de galaxias). El verdadero significado de la palabra inconcebible. Y llega la segunda, no menos afligida, certeza: la posibilidad de que haya formas de vida en otros planetas, e incluso lo que conocemos como inteligencia, es tan alta como la virtual imposibilidad de comunicación o contacto dadas las enormes distancias, donde no alcanzan los plazos de la vida para llegar a ninguno de esos otros sistemas planetarios, o meramente establecer una comunicación básica (suponiendo además un traductor universal). En definitiva: el menos que minúsculo ser humano está solo (con los otros seres vivos de este mismo planeta: no es poco) en medio de ese universo absoluto, enorme, despreciativo, indiferente. La sensación no es grata. Tercera angustia. Además, se agrega el dato del movimiento universal: nada está quieto. Por ejemplo, escribe Bilbeny, el conjunto de las treinta galaxias al que la nuestra y Andrómeda pertenecen, el llamado Grupo Local, se desplaza atraÃdo por el supercúmulo galáctico de Virgo, a 600 kilómetros por segundo. En medio de estos datos duros, de paper cientÃfico, asoma el recurso narrativo del autor para asociar la ciencia con la vasta filosofÃa y creencias milenarias: El ser humano, escribe, aunque no lo perciba, es un auténtico pasajero cósmico y nada está inmóvil a su alrededor. El hinduismo nos habla de la danza de Shiva, el dios cósmico bailarÃn. Es una imagen acertada, porque todo está en danza en el firmamento: danzan la Tierra, el Sol, la VÃa Láctea, las galaxias atraÃdas por su gravedad, las nebulosas y todos los astros, en un baile infinito de danzantes unidos. Pero por más filósofos y sabidurÃas varias que se citen es la cosmologÃa la que ordena la búsqueda del sentido del tÃtulo del libro (alerta spoiler: no lo hay; el tema justamente es cómo se busca algo que no existe). Porque es la cosmologÃa la que dio un mapa del cosmos, una historia con la explosión inicial conocida como Big Bang (ese momento inconcebible que dio origen a todo lo demás), una ética y una estética con las imágenes de la Nasa y otras agencias espaciales, y la mÃstica de ser polvo de estrellas. A la que se suma la epistemologÃa, que permite evaluar qué se puede comprender y qué no, y en todo caso cómo. La lista de filósofos convocados por Bilbeny para esta búsqueda de búsquedas es amplia, con tendencia a recostarse sobre Kant y Nietzsche, pero con escalas en Blas Pascal tanto como en Bertrand Russell. Lo mismo se apela como ejemplo de búsqueda histórica a las distintas religiones que dan por sentado un creador y otorgan un cierre aparente a la cuestión del sentido universal (solo desde la perspectiva cientÃfica el enigma aún no se devela). De todos modos, si tuviera que volcarse el texto por una entre todas las miradas filosóficas serÃa la de Baruch Spinoza, el elegido. Porque sus traslúcidas manos en el confÃn del gueto consiguieron una visión en apariencia insuperable, la de que todo forma parte de la divinidad, el universo y Dios son lo mismo, una sustancia única, indivisible, infinita y eterna; Dios y Naturaleza son uno. Por tanto, en su tiempo Spinoza fue tenido por ateo y perseguido pese a ser una de las almas más nobles y más amables entre los grandes filósofos, éticamente supremo (Russell dixit). Pero, lo dicho, tampoco Spinoza termina de ser una solución entera a la cuestión del tÃtulo de la obra de Bilbeny. La búsqueda continúa. Y son otros dos libros, curiosamente con el mismo nombre aunque separados por más de tres décadas, los que complementan la lectura de este Universo y sentido que sin embargo resulta tan inabarcable como la literatura misma. La referencia es el Cosmos de Carl Sagan (1980), donde el célebre astrónomo y comunicador cientÃfico norteamericano explora los conocimientos que la fÃsica ha generado sobre el universo. Un viaje personal era el subtÃtulo que apenas escondÃa esa búsqueda también de sentido y trascendencia, por otra parte desatada en la obra de ficción de Sagan, Contacto (que ameritó una pelÃcula homónima de Robert Zemeckis). Pero hay otro Cosmos, el del filósofo francés materialista Michel Onfray, que en 2015 como parte de una trilogÃa expuso una mirada profunda sobre cómo ha de verse el mundo sin religión. El libro de Onfray es más filosófico que cientÃfico, pero tiene sobre el de Bilbeny la ventaja de estar actualizado respecto de cómo ver al resto de la vida en la Tierra; allà donde el catalán es antropocéntrico, el francés incorpora realmente las enseñanzas darwinianas de la hermandad de todas las formas de vida en el planeta para desechar la singularidad humana. Otro autor muy citado por Bilbeny es Steven Weinberg, premio Nobel de FÃsica, que sirve de resumen a la infructuosa búsqueda por vÃa cientÃfica: Cuanto más comprensible parece el universo, más sin sentido aparece a nuestro intelecto. Cuanto más conocemos, más da la impresión de que no tiene significado; el universo, asÃ, simplemente carece de sentido, simplemente es algo que sucede o ha sucedido (aquà es donde las nociones de explicarlo y darle sentido lucen como opuestas y chocan). En sÃntesis, Universo y sentido es una obra ambiciosa en sus objetivos, con obsesión divulgativa (y por eso los veloces sobrevuelos por algunos autores que los especialistas lamentarán) con tantas referencias a la Nasa como a Kant. Una originalidad necesaria, que no calma las más férreas angustias metafÃsicas, pero que les da un orden y un cierto camino explicativo ya que un sentido final-final es demasiado pedir, incluso para una criatura tan, pero tan soberbia como el Homo sapiens. Universo y sentido Por Norbert Bilbeny Anagrama 740 páginas $ 54.000 Cosmos Una ontologÃa materialista Por Michel Onfray Paidós Trad.: Alcira Bixio 489 páginas
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