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» TN
Fecha: 17/01/2026 00:11
Corría el año 2000 cuando se lanzaron formalmente las negociaciones para un Acuerdo de Asociación Birregional entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur. En aquel momento nadie se imaginaba que las conversaciones se iban a extender durante 26 años hasta llegar a enero de 2026, fecha en la que finalmente se va a sellar el tan postergado y esperado tratado comercial. La firma representa un hecho histórico por su magnitud e impacto: conformará un mercado con aranceles mínimos de bienes y servicios con más de 750 millones de consumidores que representan casi el 30% del PBI mundial y cerca del 35% del comercio global. Es, sin lugar a duda, el mayor acuerdo alcanzado por el Mercosur desde su constitución en 1991. También muy esperado por Bruselas. Acuerdo de gran magnitud, negociación de gran complejidad. Esa parece ser la regla que primó a lo largo de estos años. Hubo momentos de máximo optimismo, y otros de cautela. Hubo días en el que la firma parecía inminente, como así también otros en los que las negociaciones naufragaban en un enorme océano sin puerto a la vista. A pesar de estas complejidades, en Asunción se estampará la firma final del acuerdo de libre comercio entre ambos bloques. Será en un sitio emblemático, el Gran Teatro José Asunción Flores del Banco Central de Paraguay, en Asunción, donde en 1991 se firmó el Tratado de Asunción que dio puntapié al Mercosur. Santiago Peña le imprimirá este enfoque histórico a su discurso. En esta foto que quedará enmarcada en la historia no estará presente Luiz Inácio Lula da Silva. El presidente de Brasil decidió no participar, exponiendo los cortocircuitos y tensiones que existen dentro del bloque sudamericano. En su lugar estará el canciller, Mauro Viera. La ausencia del líder del Partido de los Trabajadores (PT) no cayó bien entre sus socios, como así tampoco la reunión que mantuvo con Ursula von der Leyen en Río de Janeiro el viernes, un día antes de la firma. Sucede que la presidenta de la Comisión Europea, la máxima autoridad política del bloque, hizo una parada en Río de Janeiro para reunirse en el Palacio de Itamaraty junto a Lula y Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo. Una contracumbre organizada por el brasileño donde mostró el músculo político y económico que tiene el Palacio del Planalto. Están quienes se preguntaban si no hubiese sido conveniente que la cúpula de Bruselas decidiera visitar a Lula después de la firma en Asunción, y no antes. En la diplomacia y política exterior los gestos valen. El impacto comercial y político Más allá de este contexto, las cancillerías del Mercosur y las principales autoridades de la Unión Europea insisten con dejar las diferencias de lado y concentrar las energías en el impacto concreto y real que el acuerdo tendrá en ambos bloques en un futuro próximo. Para que el tratado entre en vigencia, tendrá que ser ratificado por los parlamentos de la Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y el de la Unión Europea. En ninguno presentaría resistencia, pero se lanza también una carrera para los del Mercosur: quien lo apruebe primero podrá empezar a negociar las cuotas que se habiliten para cada uno de los sectores productivos. Desde la perspectiva sudamericana, los 27 países miembros de la UE eliminarán los aranceles para el 92% de las exportaciones del Mercosur y otorgará acceso preferencial para otro 7,5% mediante cuotas y otras modalidades de acceso. Además, el 99% de las exportaciones del agro quedarán excluidas de aranceles. El motor económico argentino del agro ha trabajado fuertemente a lo largo de los último meses para impulsar el acuerdo y que el Congreso lo apruebe rápidamente con la intención de ocupar el espacio que indudablemente disputará con Brasil, el otro gigante en la exportación agropecuaria. Hay estimaciones internas que indican que las ventas argentinas al bloque europeo en el agro pueden crecer un 15% en los próximos 10 años. En el corto plazo los productos que obtendrán las mejoras serás las carnes, langostinos y calamares, biodiesel, merluza, miel y las frutas. De esta manera se buscará nivelar también las condiciones con competidores directos que el Mercosur y la Argentina tienen para exportar a la UE como Chile, Ecuador, Perú, Canadá o Nueva Zelanda. Por su parte, la Unión Europea prevé que sus exportaciones al Mercosur aumenten en hasta un 39%. Esto planteará un desafío para sectores como, principalmente, el automotor -que eliminará los aranceles para la importación de vehículos de pasajeros en un plazo de 15 años-; el de químicos y laboratorios; como así también el de maquinaria. Entre la política y los empresarios sudamericanos existe una expectativa de que los efectos negativos que el acuerdo puede traer en el corto plazo se neutralicen -y hasta se reviertan- en el largo plazo. Muchos elementos deberán consolidarse. No sólo la apertura comercial y la competitividad que ello trae relacionada, sino también los protocolos medioambientales que la UE exigió. En algunos casos necesitará adecuaciones y el respeto a regulaciones que en algunas ocasiones no estaban presentes en el Mercosur. Fuentes consultadas coinciden en que este capítulo entierra por completo la posibilidad de que la Argentina se retire de los Acuerdos de París, como en algún momento anunció Javier Milei. Pese a que lo que se firmará en el día de hoy es un acuerdo comercial, tiene un trasfondo fuertemente político. Existen diferencias marcadas en el viejo continente, como así también las que quedaron expuestas con la ausencia de Lula en Asunción. Además, este tratado representa una posibilidad para Bruselas de abroquelarse frente a un nuevo orden global occidental proteccionista con Donald Trump a la cabeza y con una bloque que ha perdido influencia político y económica. Es, de un modo sencillo de leer, el compromiso de sostener relaciones cercanas con América Latina, una región que parece haber recobrado una importancia estratégica.
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