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Concordia » Despertar Entrerriano
Fecha: 16/01/2026 11:20
Despejando dudas sobre los síntomas físicos que se manifiestan por estrés y ansiedad, con la psicóloga Micaela Marsicano Dolores corporales, contracturas, problemas digestivos, insomnio o palpitaciones suelen aparecer sin una causa médica clara. En muchos casos, el cuerpo está expresando aquello que no logra ponerse en palabras. Para comprender cómo el estrés y la ansiedad impactan físicamente y cuándo estos síntomas se convierten en una señal de alerta, Despertar Entrerriano dialogó con la licenciada en Psicología Micaela Marsicano, quien explicó las principales diferencias entre ambos conceptos, las manifestaciones más frecuentes y la importancia de consultar a tiempo. ¿Cuáles son las señales físicas más comunes que muchas veces no asociamos a lo emocional respecto al estrés y a la ansiedad? En primer lugar, es importante diferenciar estrés y ansiedad, ya que muchas veces se usan como si fueran lo mismo y no lo son. El estrés se entiende como una sobrecarga del yo frente a demandas externas; su origen es exógeno, es decir, proviene de factores externos conocidos como estresores, como problemas laborales, familiares, económicos o la dificultad de llegar a fin de mes. No implica necesariamente un conflicto inconsciente, sino una dificultad adaptativa frente a esas exigencias. La ansiedad, en cambio, tiene un origen más interno y funciona como una señal que nos prepara para afrontar distintos conflictos. No depende solamente de factores externos y requiere una elaboración psíquica más profunda. Muchas veces aparece como una incógnita, y ahí es donde el trabajo terapéutico consiste en descifrar ese enigma. En cuanto a las manifestaciones físicas que no siempre vinculamos con lo emocional, suelen aparecer dolores musculares, contracturas, problemas gastrointestinales, trastornos del sueño, palpitaciones o síntomas corporales que no tienen un origen orgánico. Es muy frecuente que los chequeos médicos den bien y que, finalmente, el profesional derive al paciente a un psicólogo. ¿Por qué el cuerpo suele manifestar primero el malestar antes de que la persona registre que está estresada o ansiosa? Aunque muchas veces pensamos en el cuerpo y la mente como dos cosas separadas, en realidad conforman una unidad. Están íntimamente relacionados de manera constante. Hay personas que, por su historia personal, su personalidad o sus modos de procesar las emociones, no logran poner en palabras lo que les pasa. En esos casos, la vía más directa de expresión es el cuerpo. No sucede en todos los casos y no se puede generalizar una explicación única, porque depende de cada historia subjetiva. Pero cuando algo no puede simbolizar o expresarse verbalmente, el cuerpo encuentra la forma de hacerlo. Muchos relacionan la ansiedad o la angustia con síntomas digestivos Eso también depende de cada paciente. En algunos casos aparecen síntomas gastrointestinales porque en la historia personal hay una relación particular con esa zona del cuerpo. En otros, la manifestación puede darse en otro lugar. Si bien hay síntomas más frecuentes que otros, no hay una regla fija: cada cuerpo expresa el malestar de manera diferente. Cuando un paciente llega derivado por un médico clínico sin una causa orgánica clara, ¿cómo se inicia el trabajo terapéutico? Las primeras entrevistas suelen ser de exploración. Se indaga con quién vive el paciente, cómo son sus vínculos familiares, si tiene pareja, amigos, cómo es su contexto actual y también se revisan aspectos de la infancia y la historia personal. A partir de toda esa información se comienza a construir un sentido, a interpretar aquello que el paciente muchas veces dice sin saber por qué lo dice. El trabajo terapéutico consiste justamente en desenmarañar esa información para construir algo nuevo. ¿Cuándo estos síntomas dejan de ser pasajeros y se convierten en una señal de alerta? Tiene que ver con la intensidad de los síntomas, su persistencia en el tiempo y si interfieren o no en la vida cotidiana. Todos podemos sentir ansiedad en algún momento y eso no es necesariamente patológico. El problema aparece cuando la ansiedad ocupa toda la vida del sujeto y condiciona su funcionamiento diario. Ahí es cuando se vuelve una cuestión que requiere abordaje profesional. ¿Cómo se pueden contrarrestar estos síntomas físicos? No alcanza solamente con cumplir una lista de tips como dormir ocho horas, tomar agua o hacer actividad física. En redes sociales circulan muchas guías de bienestar, pero la realidad es que cada caso es distinto. Generalmente hay una causa por la cual la persona se siente así, lo que sucede es que muchas veces no la conoce. Por eso es necesario rastrear, comprender y trabajar sobre esa historia. Alcanzar el bienestar no es solo una cuestión de voluntad. No se trata de ponerle onda. Hay procesos inconscientes que no se manejan solo desde la decisión consciente. No existe una única causa. Tiene que ver con la historia personal, con los modos aprendidos de expresar el malestar y con el lugar que tuvo la palabra en la vida de esa persona. Hay quienes crecieron en entornos donde expresar emociones o sufrimiento no estaba permitido, y eso genera una represión que termina manifestándose en el cuerpo. ¿El estrés puede provocar caída del cabello o problemas en la piel? Sí, las somatizaciones pueden ser múltiples. Las afecciones en la piel y la caída del cabello suelen estar asociadas al estrés y a estados de ansiedad. Por eso es fundamental descartar primero cualquier causa médica. Si los estudios dan bien y no hay una explicación orgánica, es importante consultar con un terapeuta. Los síntomas pueden intensificarse con el tiempo, ya que se genera una acumulación. Si no hay una vía de descarga, el malestar puede derivar en patologías físicas más graves. Si bien es difícil establecer una causa directa, está comprobado que el estrés y las situaciones de desequilibrio empeoran la salud general. ¿Cómo diferenciar una manifestación emocional de un problema médico sin caer en el autodiagnóstico? Es importante prestar atención a lo que nos pasa, pero no minimizar los síntomas ni restarles importancia. Para evitar el autodiagnóstico, hay que recurrir a profesionales. Ante la primera señal de alerta, lo ideal es consultar y no asumir que ya se va a pasar. ¿Qué hábitos cotidianos pueden empeorar estos síntomas sin que lo notemos? El uso excesivo de la tecnología y las redes sociales influye mucho. La ansiedad por estar en línea, por los mensajes, los likes o las respuestas constantes afecta el bienestar. También influyen las exigencias sociales, la dificultad para poner límites, la falta de descanso y el contexto económico y social actual. Si una persona puede desactivar el visto, las notificaciones o alejarse un tiempo del celular, es una forma válida de disminuir la ansiedad. No siempre es fácil, pero cualquier acción que ayude a bajar esa sensación es positiva. Cuando alguien inicia terapia, ¿en cuánto tiempo puede notar mejoras? Depende del marco teórico con el que se trabaje y de la historia de cada paciente. En psicoanálisis los tiempos no están pautados por cantidad de sesiones, mientras que otros enfoques pueden trabajar con objetivos más concretos. En cualquier caso, no se puede determinar un plazo exacto: los procesos terapéuticos son personales y variables. Desde la prevención, ¿qué se puede hacer para que el cuerpo no llegue al límite? No siempre se puede prevenir, porque no sabemos de antemano cuándo algo nos va a afectar. Pero sí es importante registrar cómo nos sentimos, habilitar pausas, escuchar las señales del cuerpo y no vivir únicamente en función de las demandas externas. La terapia es una herramienta fundamental para poder poner en palabras lo que sucede. En lo cotidiano, escribir, escuchar música, hacer actividad física, desconectarse del teléfono, compartir tiempo con personas que nos hagan bien son acciones que pueden ayudar, siempre teniendo en cuenta que lo que sirve a uno puede no servirle a otro. Micaela Marsicano Lic. en Psicología. MP 3022 @lic.micamarsicano
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