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  • Tiene 81 años, vende manzanas en la calle y gracias a una movida solidaria pudo hacer una compra en el súper: Pasamos hambre

    » La Nacion

    Fecha: 16/01/2026 11:08

    Oscar García se jubiló con la mínima después de trabajar 32 años en una fábrica; vive con su mujer, que tuvo un ACV; un adolescente armó una campaña para ayudarlo. - 7 minutos de lectura' Oscar tiene 81 años y está jubilado, pero casi no hay día que no salga de su casa para trabajar o conseguir comida. Vive en una casa ubicada al final de un pasillo largo que suele inundarse cuando llueve. Desayuna una taza de mate cocido, se viste con jean y camisa y se peina pulcramente hacia atrás. Cuando hay clases, de marzo a diciembre, prepara manzanas caramelizadas en su cocina y arrastra su bicicleta a lo largo del cemento irregular del pasillo para salir a venderlas por las calles de su barrio, entre los chicos de Remedios de Escalada, en Lanús. El aparador montado en la bicicleta en el que carga las manzanas es ancho y pesado. Tiene que forcejear y empujar para que pase a través de la puerta de reja que da a la calle. En vez de pedalear, Oscar camina al lado de su bicicleta porque tiene una obstrucción en una arteria de su tobillo izquierdo y no puede esforzarse demasiado. Cuando termina diciembre y ya no hay niños que se amontonen a la salida o entrada de un colegio, Oscar ya no tiene quien le compre y no puede salir a vender. Él y su esposa Sergia, que tiene 65 años y hace un año sufrió un ACV, pierden ese ingreso extra que los ayuda a sustentarse. Pero en diciembre pasado, la situación empeoró más que nunca y por primera vez, Oscar tuvo que salir a pedir comida entre los comerciantes de la zona. Cuando se cortó la venta de manzanas estábamos mal, pasamos hambre. Tuve que salir a pedir, cuenta. Durante 32 años, Oscar trabajó en la fábrica de zapatos de los hermanos Fidelli, en Lanús, hasta que se jubiló hace 16 años. Antes de retirarse, ya había empezado a vender manzanas para complementar sus ingresos. Pero desde hace 10 años, lo hace por necesidad: Sergia y él no tienen para comer. Me da vergüenza pedir La situación que viven Oscar y su mujer no es un caso aislado. Según expuso una investigación publicada por LA NACION, 2 de cada 10 adultos mayores que trabajan lo hacen para subsistir. Se estima que hay 275.000 personas en edad jubilatoria que están en esta situación y se ven obligados a recurrir a trabajos informales. Cuando vende manzanas, Oscar sale a las tres de la tarde de su casa y vuelve alrededor de las seis. Camino tocando la cornetita. Los pibes de acá me conocen. Hace muchos años que lo hago. Pero ahora como hay descanso de verano, no hay nadie en la calle. Por eso pedí ayuda, se justifica Oscar. Los jueves, recorre 25 cuadras hasta una panadería en la que le dan el pan y las facturas que sobran cuando termina el día. En una rotisería de la zona le dan empanadas y pollo. Ya me conocen y ven que soy una persona que realmente necesita ayuda. Me tratan bien, pero no me gusta pedir, me da vergüenza. Pero no me queda otra alternativa, reconoce. Oscar cobra la jubilación mínima (349 mil pesos más un bono de 70 mil) pero en mano le quedan 150 mil pesos. El año pasado tuve que pedir un préstamo en el banco. Muchas cosas las consigo, me las dan, pero no llego a las comidas básicas, explica Oscar. Soñaba salir a pasear con mi señora Los últimos años de mi vida esperaba estar un poquito mejor. Antes pensaba que cuando me jubilara, mi vida iba a ser linda, que iba a poder pasear con mi señora, salir a la costanera en Quilmes, ir a tomar mate y comer facturas. Pensé que iba a estar bien, pero fue todo lo contrario, cuenta. Oscar tiene los hombros ligeramente encorvados hacia adelante y habla con la cabeza baja. Frunce el ceño por el sol y mira, con ojos cansados, por encima de sus anteojos rectangulares. Se describe a sí mismo como una persona alegre, pacífica. No le gusta quejarse. Es amistoso y disfruta de tener buen trato con la gente. Suele bromear con los vecinos cuando está en la calle. Por la tarde, le gusta escuchar música: cumbia, cuarteto, reguetón. Le gusta María Becerra y Shakira. Tiene una perra a la que nombró Rosalía por la cantante española. Yo soy tranquilo, a mí no me afectan los nervios, dice, levantando ligeramente los hombros. Eso sí, a veces cuando veo los partidos de River me pongo un poco loquito, ríe. Yo me siento triste, pero más sufro por Sergia, que está muy caída. Tengo que ser muy fuerte por ella. Lo que quiero es que estemos un poquito mejor. Quiero salir de esto, expresó Oscar. Oscar recuerda el día en que se casaron con nostalgia y una sonrisa. Me casé con ella en el 87, un día feo de otoño. Para nosotros lo importante era casarnos, nada más, no la fiesta. Me acuerdo que tuve que pedir unos zapatos prestados y me quedaban chicos. A la mañana me casé y a la tarde fui a trabajar a la fábrica, relata. La movida que le permitió volver al súper Ulises, un adolescente de 18 años que recién termina la secundaria, conoció a Oscar en una de las recorridas que hace por el barrio. Vive a seis cuadras de la casa de Oscar. Cuando lo vio, se acercó a él porque le vio los zapatos rotos, con agujeros. Quiso regalarle un par nuevo. Cuando nos pusimos a charlar, me contó sobre la situación que estaba atravesando, cuenta. Desde hace tres años, Ulises maneja y produce contenido para una cuenta en Instagram donde cuenta noticias de Lanús y del mundo. Le propuso a Oscar hacer un video sobre su situación y subirlo a las redes. El video fue visto por 21 mil personas. Muchos quisieron ayudarlo, tanto con donaciones como con dinero. Ulises convirtió esa reacción en una campaña para ayudar a Oscar. Con los 40.000 pesos recaudados, pudo hacer su primera compra en un supermercado después de cuatro años sin hacerlo. Me sentí bien cuando pude ir, pero también me sentía un poco avergonzado porque llegué a eso, admite Oscar. No se atrevió a darse ningún gusto con esa compra, solo se llevó lo que siempre consume. Cuando fuimos, lo vi muy emocionado, triste y feliz, las dos emociones juntas. Parecía un nene cuando entró, al no haber ido por tanto tiempo. Tenía la alegría de un chico, recuerda Ulises. Estoy eternamente agradecido con todos los que me ayudaron, no tengo palabras. No esperaba que tanta gente se acercara, dijo Oscar. Después de esa compra, las donaciones siguieron llegando y Oscar pudo volver al supermercado una vez más, justo antes de las fiestas. Esta vez, se recaudaron 60.000 pesos, y sumaron algunos productos a la compra. Mientras habla, una mujer se acerca a la puerta y lo llama. Se presenta como una antigua vecina del barrio, que ahora vive en Avellaneda. En cuanto supo de la situación de Oscar, se acercó a su casa a dejarle dos bolsas de plástico cargadas de comida: paquetes de fideos, latas de conservas de frutas y verduras, galletitas. Oscar las toma y le agradece. Recorre el pasillo camino a su casa, sosteniendo y mostrando las bolsas en sus manos como prueba. Los argentinos son todos solidarios, afirma. Oscar aprecia mucho a su barrio y a su comunidad. Las calles son tranquilas, y a pesar del fuerte sol de verano, hay algunos vecinos en la calle, que se saludan al pasar. Conozco a mi gente, todo el mundo me saluda, y me siento bien porque se acuerdan de mí y no me abandonan, remarca con una sonrisa. Más información - Si querés contactar a Oscar, podés hacerlo a través de Ulises por WhatsApp al +54 9 11 5781 5854

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