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» Clarin
Fecha: 16/01/2026 08:24
La cocina eléctrica supo ganarse el lugar en los hogares argentinos, impulsada principalmente por la búsqueda de practicidad. Con tarifas en alza y un uso cada vez más intensivo de electrodomésticos, elegir bien qué equipo usar puede marcar una diferencia concreta en la factura de luz a fin de mes. En este escenario, ¿qué consume más, una freidora de aire o un horno eléctrico? Ambos aparatos cumplen funciones similares y conviven cada vez más en las cocinas modernas. Sin embargo, no consumen lo mismo ni están pensados para el mismo tipo de uso. La diferencia no está solo en la potencia, sino en el tiempo de cocción, el volumen de comida y la eficiencia con la que aprovechan el calor. Entender cómo funciona cada uno, cuánto gasta y en qué situaciones conviene usarlo permite optimizar el consumo energético sin resignar comodidad, algo clave en hogares donde la cocina eléctrica ya es parte de la rutina diaria. Horno eléctrico: versatilidad en la cocina El horno eléctrico funciona a partir de resistencias que calientan una cámara amplia y requieren tiempo para alcanzar la temperatura adecuada. En modelos domésticos de tamaño medio o grande, la potencia suele ubicarse entre los 2.000 y los 3.000 watts. Ese nivel de exigencia se traduce en un consumo aproximado de entre 2 y 2,5 kWh por cada hora de uso continuo. A este gasto hay que sumarle el tiempo de precalentamiento, que puede extenderse entre 10 y 15 minutos, durante los cuales el equipo ya está consumiendo energía sin estar cocinando. Por su capacidad y diseño, el horno eléctrico resulta eficiente cuando se aprovecha todo su espacio interno, como en preparaciones grandes o cuando se cocinan varias bandejas al mismo tiempo. El problema aparece cuando se lo utiliza para porciones pequeñas. En esos casos, gran parte del calor generado se desperdicia y el consumo energético se vuelve desproporcionado en relación con la cantidad de comida preparada. Freidora de aire: menos tiempo y mayor eficiencia En cambio, la freidora de aire utiliza un sistema de circulación de aire caliente en un compartimento mucho más reducido que el de un horno. Esa diferencia estructural explica gran parte de su eficiencia. La mayoría de los modelos disponibles en el mercado argentino tiene una potencia que oscila entre los 1.400 y 1.700 watts, sensiblemente menor a la de un horno eléctrico. Además, no necesita precalentamiento prolongado y los tiempos de cocción suelen ser más cortos. En la práctica, una preparación típica de entre 20 y 30 minutos implica un consumo cercano a 0,7 o 0,9 kWh. Para comidas individuales o de dos personas, este formato permite cocinar más rápido y con un gasto eléctrico considerablemente menor. Por estas características, la freidora de aire se consolidó como una opción habitual para el uso diario, especialmente en hogares chicos o en situaciones donde se busca rapidez sin encender un electrodoméstico de gran tamaño. Qué se puede cocinar con cada uno El horno eléctrico sigue siendo la mejor alternativa para recetas que requieren espacio, temperatura estable y tiempos largos. Es el caso de pizzas grandes, panificados, tortas, carnes al horno o preparaciones pensadas para varias personas. Su capacidad permite cocinar en volumen y aprovechar mejor el consumo cuando se lo usa a plena carga. La freidora de aire, en cambio, se adapta mejor a comidas rápidas y porciones medianas. Papas, empanados, pollo, verduras, pescado o pequeñas preparaciones de repostería pueden resolverse con buenos resultados en menos tiempo y con menor gasto de energía. Los modelos más modernos sumaron funciones similares a las de un horno, lo que amplía su rango de uso, aunque sin alcanzar la misma capacidad. Cuánto impactan en la factura de luz La diferencia entre uno y otro se vuelve evidente al analizar el consumo mensual. Un uso diario de una freidora de aire durante media hora puede representar entre 20 y 25 kWh al mes. En cambio, un horno eléctrico utilizado entre 45 minutos y una hora diaria puede superar los 60 kWh mensuales, incluso antes de considerar el precalentamiento. A ese consumo directo se suma un efecto secundario: el horno eléctrico eleva la temperatura del ambiente, lo que en meses de calor puede derivar en un mayor uso del aire acondicionado y un gasto adicional de energía. Precios en Argentina El costo de cada electrodoméstico también es un factor determinante al momento de elegir entre una freidora de aire y un horno eléctrico, sobre todo en un contexto económico donde la inversión inicial pesa tanto como el consumo a largo plazo. En el mercado argentino, las freidoras de aire parten desde valores relativamente accesibles. Los modelos básicos, con capacidades de entre 3 y 4 litros y potencias cercanas a los 1.400 watts, se consiguen desde los 150.000 a 220.000 pesos, dependiendo de la marca y las funciones incluidas. Las versiones más avanzadas, con mayor capacidad, programas automáticos, pantalla digital y funciones tipo horno o grill, pueden superar los 300.000 pesos. En el caso de los hornos eléctricos, el abanico de precios es más amplio. Los modelos de sobremesa, con capacidades de entre 25 y 30 litros y termostato regulable, arrancan en torno a los 180.000 pesos, con potencias que rondan los 1.500 watts. A medida que aumenta el tamaño y las prestaciones, los valores suben de forma considerable. Los hornos eléctricos de gran capacidad o empotrables, con volúmenes cercanos a los 70 litros, superan con facilidad los 250.000 pesos, y en algunos casos cuadriplican esa cifra si se trata de opciones empotradas. Esta diferencia de precios se explica no solo por el tamaño, sino también por el tipo de uso para el que está pensado cada equipo. Mientras la freidora de aire apunta al consumo cotidiano y a porciones moderadas, el horno eléctrico sigue siendo una solución más versátil para cocinas familiares, aunque con un costo inicial y energético mayor. SL Mirá también Newsletter Clarín
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