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» La Nacion
Fecha: 16/01/2026 07:17
Batman: la inspiración de una fiesta de Playboy, el bailecito que enloqueció al mundo y la caída de una serie que hizo historia Estrenada el 12 de enero de 1966, la delirante serie del Hombre Murciélago protagonizada por Adam West y Burt Ward sigue marcando estándares de producción para la ficción superheroica - 17 minutos de lectura' Tratándose de murciélagos, todo comenzó en el lugar adecuado, una cueva. La más top de Chicago, es cierto: el Chicago Playboy Club, propiedad de Hugh Hefner. Durante una de esas famosas fiestas en donde el creador del imperio paseaba sus batas rojas en medio del descontrol, las conejitas bailaban a go-go, el alcohol corría por la superficie y las sustancias ilegales desbordaban los baños. Rodeado de excesos, Doug Cramer, alto ejecutivo de la cadena televisiva ABC y habitué del lugar, no salía de su asombro. Por primera vez, todas las miradas apuntaban a la gran pantalla donde Hefner ambientaba sus épicos bacanales proyectando viejos seriales cinematográficos de su propiedad. Exageradas aventuras en episodios donde los buenos (siempre muy buenos) derrotaban a los malos (siempre muy malos) después de sortear un número infinito de obstáculos, uno más ridículo que el otro. En las anteriores celebraciones de las que había formado parte, las películas de vaqueros, terror, policiales y de aventuras, fueron olímpicamente ignoradas por la concurrencia, ocupada en disfrutar de los placeres terrenales que se servían en bandeja. Pero esa noche, no. La película en blanco y negro era la primera adaptación fílmica de Batman y Robin, estrenada en 1943. La trama era seria, o intentaba serlo sin éxito. Los actores eran de madera, los trajes berretas y los diálogos no tenían ni pie ni cabeza. Aquellos que podía escuchar, porque los invitados estallaban en aplausos y griteríos cada vez que aparecía el Dúo Dinámico; y en silbidos y abucheos cuando el villano entraba en escena. Corría 1964; y en medio de esa inolvidable noche de viernes, después de terminar el trago más exótico que había probado en su vida, Cramer pensó: Hay que hacer algo con esto. La exageración al poder Un año más tarde, mientras barajaba nuevas ideas para llevar a la pantalla chica tras el éxito de Los Locos Addams y Hechizada, la gerencia de ABC le encargó el desarrollo de nuevos proyectos a Cramer. Recordando la bacanal de Hefner, el experimentado Director de Planificación de Programas mandó a su equipo a buscar materia prima audiovisual en las historietas. Hicimos nuestra propia encuesta entre familiares y amigos, en iglesias, supermercados y escuelas -contó Cramer-. Y los mejor posicionados fueron Superman y Dick Tracy. No hubo suerte. Los dos personajes ya estaban comprometidos con otras compañías y no podían ser licenciados por ABC. Sin embargo, Cramer no se retiró con las manos vacías de la reunión con los capataces de DC Comics. Hoy resulta impensable un mundo sin Batman, pero lo cierto es que en 1965 las ventas de sus historietas habían tocado fondo y DC estaba evaluando, muy seriamente, discontinuar para siempre las aventuras del Hombre Murciélago creado en 1939 por Bob Kane y Bill Finger. Prácticamente me lo regalaron -recordó Cramer-. Y como estaban decididos a cancelarlo, me dieron carta blanca para hacer lo que quisiera con el personaje. No iba a dejar pasar la oportunidad. Con los papeles firmados, Cramer le pasó a William Dozier, productor ejecutivo de Greenway Productions, la misión de transformar un cómic condenado en la serie más exitosa de la TV norteamericana. William era el hombre perfecto para ese trabajo -aseguró Cramer-. Nunca en su vida había leído una historieta de Batman, pero conocía a la perfección el negocio televisivo. Lo único que le pedí es que fuera lo más parecido posible al serial de 1943. Dozier entendió todo. Y definió al proyecto general con una sola palabra: Camp, que para los norteamericanos resume aquello que, de tan malo, termina haciendo reír. Surgido en la aristocracia francesa del siglo XVIII, el estilo camp celebra la exageración artificial de las cosas, apelando a una ironía extravagante que subvierte las normas convencionales. Pone en valor artístico lo vulgar y lo banal, resignificando los valores establecidos. Y en su manifestación teatral, privilegia la expresión fuertemente afectada de personajes y parlamentos, resolviendo las situaciones más disparatadas con la parsimonia dramática del tradicional canon shakesperiano. En Madrid, tras descorchar tres botellas de vino en el exclusivo Hotel Ritz, Dozier convenció al guionista Lorenzo Semple Jr. para que se pusiera al frente del equipo de escritores de la serie. En la Biblia del programa, Semple Jr. definió la relación entre Batman y Robin, la incorporación de la Tía Harriet para alejar los siempre presentes fantasmas de la homosexualidad superheroica; y entregó el protagonismo absoluto a los archicriminales. Los malos son los divertidos -anotó-. Batman es aburrido, habla emitiendo sentencias morales que Robin, el Comisionado Fierro y el Jefe OHara tomarán como verdad absoluta. También eligió el sinsentido como forma de resaltar el aspecto más lúdico de los cómics. Si el guion requiere que la acción transcurra en un hospital, debe ser en la Cámara Termal Super-Hiperbárica General, nunca en un consultorio, sentenció. Por esos años, ABC era la tercera cadena con mayor encendido de los Estados Unidos. Batman iba a convertirse en la gran apuesta para revertir ese dato, razón por la cual otorgaron a la serie un presupuesto muy abultado, demasiado para los estándares de la época. Tres cuartas partes se utilizaron para los decorados de Ciudad Gótica, la Baticueva con sus Batitubos, la Mansión Díaz y las guaridas de los archicriminales. El resto fue destinado a la confección del Batimóvil (cinco en total), modernísimo diseño en fibra de vidrio montado sobre el armazón de un Ford Lincoln Futura de 1957. Les puedo asegurar que hemos creado una nueva estrella de TV -adelantó Dozier a TV Guide-: el Batimóvil. Y tenía razón. 60 años después, ese modelo de Batimóvil sigue siendo admirado por millones de personas en cuanta convención de cómics y de autos suele presentarse. Mientras tanto, el elenco se resolvió relativamente rápido. Los secundarios habían sido elegidos de antemano: Alan Napier (Alfred, el mayordomo), Neil Hamilton (Comisionado Fierro), Stafford Repp (Jefe OHara) y Madge Blake (tía Harriet). Los malos demandaron un poco más de trabajo, ya que buscaron figuras de cierto renombre en el cine y la TV para que interpreten al Acertijo (Frank Gorshin), El Pingüino (Burguess Meredith), Gatúbela (Julie Newmar), el Capitán Frío (George Sanders), Zelda la grande (Anne Baxter), el Rey Tut (Victor Buono), Falsa Faz (Malachi Throne), El Bibliófilo (Roddy McDowall) y el Sombrerero Loco (David Wayne). El más importante de todos los villanos, El Guasón, recayó en Cesar Romero, que impuso una sola condición: no afeitarse el bigote. Cuando lo vi con el bigote maquillado de blanco, fue como una epifanía -aseguró Dozier-. Le dije que si se afeitaba, lo despedía. Robin apareció de casualidad. Mientras la producción buscaba un quinceañero de contextura atlética, un guardia de la Fox les presentó a un joven de 20 años y cinturón marrón de karate. Se llamaba Bert John Gervis Jr., pero Dozier lo bautizó Burt Ward. Era perfecto para el papel de Ricardo Tapia / Robin, no tanto por el físico sino por la energía que desplegó durante el casting -recordó el productor-. Cuando le confirmamos su participación, sólo atinó a decir ¡Santas oportunidades! ¡Voy a ser famoso!. Fue la frase más idiota y espectacular que podía haber escuchado. Y ayudó a definir la identidad de nuestro Joven Maravilla. A esa altura, el problema mayúsculo estaba en Batman y su personalidad secreta, Bruno Díaz. Dozier quería a Ty Hardin, el galán de la serie Bronco, que se negó por estar filmando spaghetti westerns en Italia. El mejor encaminado era Lyle Waggoner (futuro Steve Trevor de la Mujer Maravilla de Lynda Carter), pero el papel terminó recayendo en un completo desconocido, cuyo curriculum incluía un par de participaciones en episodios de Maverick, El hombre del rifle, Perry Mason y la película The Outlaw is Coming, último film de Los Tres Chiflados. Su nombre: William West Anderson, pero en pantalla se hacía llamar Adam West. Pedí que lo convoquen después de verlo hacer un personaje tipo James Bond en un comercial de Nesquick -reveló Dozier-. Y en la primera prueba que tuvo con Burt Ward, respiré aliviado. La química entre ellos era impresionante. Y decía los parlamentos de Batman con la hierática seriedad que estábamos buscando. La hora de la verdad llegó a las 19:30 del 12 de enero de 1966. Todos esperaban un éxito, pero nadie estaba preparado para lo que pasó. La gran bestia pop Según los historiadores, la explosión se produjo en el momento en que Batman, tomando su capa y pasándose los dedos en forma de v horizontal por delante de los ojos, empezó a moverse de modo espasmódico al ritmo del watusi, uno de los bailes de moda de la época. Al día siguiente, la calle había rebautizado a la música como Batusi; y las mediciones del rating indicaban que Batman se había, literalmente, devorado a toda la competencia. De la noche a la mañana, Adam West y Burt Ward se convirtieron en los actores más populares de los Estados Unidos, y en los objetos de deseo de las mujeres más apetecibles del país. Y el Hombre Murciélago se transformó en un fenómeno cultural imparable y un inagotable objeto de consumo. Revistas, libros, juguetes, muñecos articulados, figuritas, maquetas, disfraces y, sobre todo, Batimóviles, cientos de miles de Batimóviles que se reproducían como hongos en los hogares de todas las familias. DC Comics, por razones obvias, no canceló las historietas del superhéroe. Al no haber palabra que definiera el nivel de histeria colectiva que había desatado el programa, el semanario Life patentó el término Batimanía, que aún hoy sigue vigente. Las figuras más importantes del star system hollywoodense morían por aparecer en la serie. Jerry Lewis, Sammy Davis Jr., Edward G. Robinson y Bill Dana lograron ser incluidos en la clásica secuencia de la ventana que se abre mientras el Dúo Dinámico escala las paredes de Ciudad Gótica con sus Batisogas. Pero por incompatibilidades de agenda, quedaron afuera Frank Sinatra, Paul Newman, Robert Redford y Steve McQueen, entre una larguísima lista de celebridades. ¿Qué hizo de Batman semejante suceso? Primero, la idea de Cramer estilizada por Dozier. La comedia superheroica atraía a los más chicos, mientras los adultos quedaban atrapados por el doble sentido, los guiños a la actualidad política y la siempre irresuelta tensión sexual entre Batman y Gatúbela. Segundo, el formato. La fusión de drama y sitcom no se había intentado antes; y aquí funcionaba gracias a los diálogos de milimétrica efectividad. Además, fue la primera serie en emitirse dos veces por semana (martes y miércoles) en el prime time, instalando el continuará con una serie de trampas mortales tan ineficaces como entretenidas, analizó Cramer. Tercero, funcionó como una antena receptiva y amplificadora de los movimientos culturales en boga, principalmente la psicodelia, el hippismo y el pop art. El emigrado ruso Serge Krizman fue quien delimitó la paleta de colores estridentes que caracterizó al programa. Insistí en un look uniforme para Batman, como una especie de identidad corporativa -comentó-. Cada villano estaba regido por un color distinto, porque el color era nuestra marca distintiva. Incluso los efectos ópticos superpuestos las famosas onomatopeyas, los Pow, Zoff y Wham de las peleas- pasaban antes por la coordinación de color. Y la música, por supuesto. Imposible no caer rendido ante el mantra jazzero escrito e interpretado por Neal Hefti, trompetista, pianista y arreglador musical de Sinatra, Count Basie y Nat King Cole. Parece simple, pero pasé semanas perfeccionándolo hasta encontrar el equilibrio de doce compases que estaba buscando -reveló Hefti-. Quería esa tensión entre el surf-rock y el tema principal de James Bond, que identifica al género de los espías cinematográficos. Convertido en himno por las juventudes rockeras y disconformes, la canción trepó a las cimas de los charts, ganó el Grammy al Mejor Tema Instrumental del año y pasó a formar parte de los repertorios de bandas legendarias como The Who, The Kinks y The Jam. El que mucho abarca... De los Estados Unidos el fenómeno saltó a Europa, América Latina y Japón, donde el prefijo Bati pasó a anteponerse a cualquier cosa que pudiera nombrarse, como si Oriente fuera un barrio más dentro de Ciudad Gótica. Cramer y Dozier estuvieron de acuerdo en considerar que la televisión le estaba quedando chica al Dúo Dinámico; y decidieron que era el momento de pegar el salto a la pantalla grande. Pensada como enlace entre la primera y la segunda temporada de la serie, la película coproducida con 20th Century Fox presentaría tres nuevas herramientas en la lucha de los encapotados contra el crimen: La Batilancha, el Baticóptero y la Batimoto con sidecar incluido. Resuelta y filmada en tiempo récord, la aventura enfrentó a los paladines contra el clásico cuarteto de malhechores conformado por el Guasón, el Pingüino, el Acertijo y Gatúbela, interpretada para la ocasión por Lee Meriwhether, ya que Julie Newmar tenía compromisos laborales que le impidieron rodar en esas fechas. La política doméstica e internacional estaban en la primera plana de todos los diarios y en los noticieros de televisión -enumeró Semple Jr.-, por eso nos pareció relevante que Batman metiera sus orejas en el escenario de la Guerra Fría. A pesar de liarse con el Pentágono, la crisis de los misiles entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, y criticar la inoperancia política de la ONU, Batman - La película (1966) terminó siendo recordada por el Batirepelente de Tiburones y la antológica secuencia en la que el Hombre Murciélago intenta deshacerse de una bomba. También por incorporar escenas de masas caminando por Avenida de Mayo y un travelling que recorre Callao hasta las escalinatas del Congreso Nacional, tomas a color del funeral de Eva Perón realizadas por Edward Cronjager, camarógrafo de la Fox, para el corto documental ¡Y la Argentina detuvo su corazón! (1952), encargado por Raúl Apold, secretario de Prensa y Difusión del gobierno peronista. Estrenado el 30 de julio de 1966, el primer largometraje cinematográfico de Batman no recaudó lo esperado, generando la furia de Fox y la separación de Lorenzo Semple Jr. del equipo creativo. Como daño colateral, la planeada secuela del film fue dada de baja. Recién en 2018, cuando los papeles personales de Dozier fueron donados a la Universidad de Wyoming, se conoció que el proyecto cancelado era una coproducción entre Fox y la japonesa Toho, que hubiera enfrentado a Batman contra Godzilla, dos de las franquicias más populares del entretenimiento internacional. Con la partida de Semple Jr., los guiones de la segunda temporada empezaron a perder la chispa característica de la serie; y el sentido del humor se ubicó más cerca del ridículo bobo que de la ironía verbal y situacional que había venido cultivando. La inconsistencia se hizo carne; y para empeorar las cosas, la galería de criminales se amplió hacia personajes menos carismáticos: El Arquero (Art Carney), El Trovador (Van Johnson), Ma Parker (Shelley Winters), El Relojero Loco (Walter Slezak), El Cascarón (Vincent Price), Chandell (Liberace), Marcia, la Reina de Diamantes (Carolyn Jones), Shame (Cliff Robertson), El Enigma (Maurice Evans), Doctor Sonámbula (Michael Rennie), el Coronel Gumm (Roger C. Carmel) y la Viuda Negra (Tallulah Bankhead). Julie Newmar regresó como Gatúbela, pero Frank Gorshin fue reemplazado por John Astin (Homero Addams) como El Acertijo; y George Sanders cedió su lugar del Capitán Frío a Otto Preminger primero y a Eli Wallach después. Si algo salvó del oprobio a la segunda temporada fue el evento superheroico más esperado por los fans, el cruce entre Batman y Robin con El Avispón Verde y Kato (Van Williams y Bruce Lee), los paladines de la otra gran serie de William Dozier para ABC, unidos para derrotar a un criminal que se hacía pasar por argentino. El guion original estipulaba que Robin debía vencer a Kato, pero Bruce Lee se negó a ser vencido en una pelea -recordó Dozier-; y para probarlo sugirió que la pelea fuera de verdad. Burt Ward se quedó petrificado, sin saber qué hacer. Y cambiamos el final de la escena para que termine en empate. Más allá del histórico encuentro entre los personajes, el encendido general del programa continuó disminuyendo de manera preocupante. Tanto, que la producción tomó medidas drásticas y desesperadas, transformando al Dúo Dinámico en el Trío Tremendo. Tres son multitud De cara a la tercera temporada, los cambios fueron de forma y de contenido. En el aspecto formal, la serie pasó a emitirse una sola vez por semana, prácticamente resignando el continuará que tan buenos resultados le había dado. Y en la estructura narrativa, incorporó a un nuevo personaje, Batichica. A cargo de la curvilínea Yvonne Craig, Batichica era el alter ego de Bárbara Fierro, hija del Comisionado Fierro que llegaba a Ciudad Gótica para desempeñarse como bibliotecaria, superheroína encubierta y atractivo sexual para el Joven Maravilla. Durante la segunda temporada, grabamos un piloto con Batichica para que lo evaluara la gerencia de ABC -reconoció Dozier-. Les gustó y nos dieron el OK. Por estar ocupada filmando el western El oro de Mackenna, Julie Newmar volvió a ser reemplazada. Esta vez por la actriz y cantante de jazz afroamericana Eartha Kitt. No estaba atravesando un buen momento -contó Dozier-, sobre todo por sus abiertas críticas a la guerra de Vietnam. Pero era una artista fenomenal que no se merecía ese maltrato, por eso la contratamos. Lo único que nos pidió ABC fue que, para evitar cualquier tipo de reacción racista entre los televidentes, elimináramos los juegos eróticos entre el Batman blanco y la Gatúbela negra. Los nuevos enemigos estuvieron muy por debajo de la media: Sirena (Joan Collins), Luis el Lirio (Milton Berle), Olga, la reina de los cosacos (Anne Baxter), Lord Marmaduke Fogg y Lady Penelope Peasoup (Rudy Vallee y Glynnis Johns), Nora Clavícula (Barbara Rush), Dra. Cassandra Spellcraft y Cábala (Ida Lupino y Howard Duff); y Minerva (Zsa Zsa Gabor) no lograron mover el amperímetro. Ni siquiera el regreso de Frank Gorshin como El Acertijo surtió efecto. Cansado e insatisfecho, el público le dio la espalda a la serie. Con tres temporadas y 120 episodios, Batman se despidió de la TV el 14 de marzo de 1968. Encasillado como el Hombre Murciélago, Adam West continuó encadenado a Batman hasta su muerte en 2022. Revisitó al paladín en películas y dibujos animados, pero sobre todo en presentaciones públicas y convenciones, como las dos ediciones de Fantabaires que lo trajeron a la Argentina en 1997 y 1999. A diferencia de los actores que me sucedieron, nunca tuve que decir Yo soy Batman -aseveró West con inocultable orgullo-. En cada lugar al que entraba, la gente sabía que yo era Batman. A sesenta años de su estreno, la serie sigue siendo un clásico indiscutido de la TV, estándar cualitativo de la ficción superheroica y objeto de culto para millones de fanáticos alrededor del mundo. Icono cultural insoslayable, máximo representante audiovisual del arte pop, documento de una época irrepetible de cambios y experimentaciones para una generación que aprendió a reírse de sí misma, con la máxima seriedad. Fenómeno popular que, en cualquier soporte físico o digital, continuará aglutinando a los niños que fueron y a los adultos que serán. A la misma Batihora. Y por el mismo Baticanal.
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