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Fecha: 15/01/2026 10:11
Algunos de los principales ganadores iniciales de los esfuerzos del gobierno de Donald Trump por ejercer un mayor control sobre la industria energética de Venezuela no son las empresas que producen petróleo, sino las que lo transforman en gasolina, diesel y otros productos. Las refinerías estadounidenses como Valero Energy y Marathon Petroleum están preparadas para obtener ganancias si empieza a fluir más petróleo venezolano hacia Estados Unidos. Esto se debe a que estas empresas equiparon sus instalaciones hace décadas pensando en el petróleo de ese país. De la misma manera que hay distintos tipos de manzanas, no todo el petróleo es igual. El principal tipo de crudo de Venezuela es especialmente difícil de manejar --es viscoso y con aspecto de alquitrán-- y por eso suele ser más barato que las variedades que se encuentran en suelo estadounidense. Eso lo hace atractivo para las refinerías, como las de la región estadounidense de la Costa del Golfo, que tienen equipos para procesarlo. Y a diferencia de productores de petróleo como Exxon Mobil o ConocoPhillips, que tienen que valorar si los riesgos de operar en Venezuela valen la pena, estas refinerías tienen poco que perder porque no tienen que asumir compromisos a largo plazo ni enviar empleados al país. Los inversionistas han tomado nota. Las acciones de PBF Energy, una empresa mediana de refinación, han subido un 15 por ciento desde que las fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, superando ampliamente al mercado en general. Valero y Marathon, que son mucho más grandes, tuvieron un incremento del precio de sus acciones entre un 10 y un 6 por ciento. "Disponer de más crudo venezolano no es más que una ventaja para las refinerías estadounidenses", dijo Rick Weyen, un ejecutivo jubilado que solía coordinar el envío de petróleo a una refinería de Texas. Este impulso ampliaría lo que ha sido una racha de ganancias para las refinerías. Estas empresas suelen beneficiarse de los precios más bajos del petróleo, siempre que continúe una demanda saludable de los productos que fabrican. También ganaron mucho dinero durante y poco después de la pandemia de la covid, cuando se recuperó la demanda de combustible. Es muy pronto para decir exactamente cómo cambiarán los flujos de petróleo tras la destitución de Maduro. Pero si el pasado es el prólogo, Estados Unidos pronto importará más petróleo de Venezuela. En 2018, antes de que el presidente Trump impusiera algunas de sus sanciones más radicales contra Venezuela durante su primer mandato, Estados Unidos importaba unos 506.000 barriles diarios de petróleo del país, según muestran los datos federales. Para el otoño pasado, esas importaciones habían caído alrededor de un 75 por ciento. La semana pasada, el gobierno de Trump esbozó un plan según el cual Estados Unidos controlaría la industria petrolera de Venezuela "indefinidamente", al comenzar con entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo, presumiblemente lo que está almacenado en el país o en petroleros que flotan mar adentro. El gobierno de Venezuela no ha confirmado muchos de los detalles, pero dos gigantes del comercio, Trafigura y Vitol, ya están ayudando a conseguir compradores para el petróleo. Es probable que gran parte del crudo almacenado termine en Estados Unidos. No solo el petróleo venezolano es adecuado para las refinerías estadounidenses, sino que la costa del Golfo está relativamente cerca de Venezuela, lo que reduce los costos de transporte. "Estamos más que contentos de que esta oportunidad se amplíe para que podamos seguir invirtiendo en nuestras refinerías para producir más", dijo la semana pasada Lane Riggs, director ejecutivo de Valero, durante una reunión entre ejecutivos petroleros y Trump en la Casa Blanca. Riggs señaló que su empresa tenía refinerías "configuradas de forma única para el petróleo venezolano". Valero, cuya sede está en San Antonio, ha sido uno de los mayores compradores estadounidenses de petróleo venezolano, según un análisis de datos federales realizado por el banco de inversiones TD Cowen. Marathon, de Findlay, Ohio, ha dicho que haría una oferta por el petróleo venezolano. Si llega más petróleo barato a Estados Unidos, es probable que los consumidores estadounidenses se beneficien de un combustible menos caro, sobre todo el gasóleo o diesel y el combustible para aviones. Sin embargo, cualquier descenso de los precios puede ser modesto, ya que Venezuela solo produce alrededor del 1 por ciento del petróleo mundial y un crecimiento significativo llevaría tiempo. Importar más crudo de Venezuela perjudicaría muy probablemente a los productores de petróleo de Canadá, que han venido suministrando la mayor parte del petróleo pesado que utiliza Estados Unidos. Pero Doug Terreson, antiguo analista energético que ahora forma parte del consejo de la empresa de refinación Phillips 66, señaló que ni siquiera entre 30 y 50 millones de barriles servirían para tanto. Estados Unidos refina cada día unos 17 millones de barriles de petróleo. "¿Es una cantidad significativa de petróleo? No hace daño, pero son dos días de suministro", dijo Terreson. A largo plazo, la gran pregunta para las refinerías estadounidenses --y para la propia Venezuela-- es si el país puede aumentar de manera significativa su producción de petróleo. Y en caso afirmativo, en cuánto. Otro factor es la preocupación por el cambio climático. Trump ha rechazado repetidamente la ciencia que sustenta el calentamiento global, pero un futuro gobierno podría no hacerlo. Producir y transportar el petróleo pesado de Venezuela genera muchas más emisiones de gases de efecto invernadero, lo que lo hace menos atractivo para las empresas y los gobiernos que quieren frenar el cambio climático. Rebecca F. Elliott cubre temas de energía para el Times
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