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  • Murió Irene de Grecia, la princesa rebelde, hermana y confidente de la reina Sofía

    » La Nacion

    Fecha: 15/01/2026 12:01

    Murió Irene de Grecia, la princesa rebelde, hermana y confidente de la reina Sofía Amante de la música, vivió casi toda su vida en el exilio, donó cifras millonarias a la beneficencia y optó por una vida discreta, lejos de los focos de atención - 11 minutos de lectura' Hoy, jueves 15 de enero, murió en Madrid la princesa Irene de Grecia. Tenía 83 años y era la hermana menor de la reina Sofía. La Casa Real española emitió el siguiente comunicado: Sus Majestades los Reyes y Su Majestad la Reina Doña Sofía lamentan comunicar el fallecimiento de Su Alteza Real la Princesa Irene de Grecia a las 11:40 de hoy en el Palacio de la Zarzuela de Madrid". Sus dos hermanos mayores fueron reyes: Constantino II fue el último rey de Grecia mientras que Sofía fue reina de España. Esta semana, ante la gravedad de la salud de la princesa Irene de Grecia, Sofía aplazó toda su agenda para permanecer a su lado. Una vida en las sombras Pocos conocen su voz, o conocen su existencia, pero la princesa Irene de Grecia tuvo una vida plena, lejos de los escándalos y de la mirada pública. Una noble rebelde, amante de la música y sin una patria real, que vivió exiliada de Grecia desde los 25 años. La hermanita de la reina emérita, Sofía de España, vivió su vida a las sombras del Palacio Real español. Siempre con un toque distintivo. Irene de Grecia y Dinamarca, la hija menor de los reyes Pablo I y de Federica de Hannover, nació el 11 de mayo de 1942 en Ciudad del Cabo, durante el exilio de la Familia Real tras la invasión italiana y la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Irene pasó sus primeros años en Sudáfrica en compañía de sus hermanos, Sofía (actual reina emérita de España, nacida en 1938) y Costantino, en 1940. Recién cuando Irene cumplió cuatro años, la Familia Real pudo regresar a casa. Y, en 1947, su padre fue proclamado rey Pablo I de Grecia, en tanto su hermano Constantino, de seis años, fue nombrado príncipe heredero. Con Federica ocupada en su rol de reina en un país agitado, Irene creció en el palacio de Tatoi al cuidado de una institutriz y, luego, como su hermana Sofía, fue educada en un internado alemán. Acostumbradas a enfrentar las adversidades juntas, las hermanas siempre fueron muy unidas e incluso, al crecer, se interesaron por la arqueología y llegaron a excavar en Decelia, en las inmediaciones del Palacio Real, al Norte de Atenas. Sangre real A Sofía, la mayor, el destino le deparaba un papel grande: se casaría con Juan Carlos de Borbón y se convertiría en reina de España. En mayo de 1962 se celebró la boda e Irene fue una de sus ocho damas de honor. Emparentada con la mayoría de las casas reales europeas por ambas ramas familiares, Irene solía codearse con la realeza y distinguidas personalidades internacionales. Agradable y educada, la princesa desempeñaba su rol con naturalidad como cuando, en 1963, recibió junto a sus padres la visita de la primera dama de los Estados Unidos, Jacqueline Kennedy, y a su hermana Lee Radziwill. Por 1964 su hermana mayor ya era reina en España y su hermano, el rey Constantino II, se había casado con la princesa Ana María de Dinamarca. Irene era una princesa en edad casadera y se dice que el rey Olaf V de Noruega tenía planeado casar a su hijo (actual rey Harald V) con ella. Que las cosas iban tan encaminadas que, ante la posibilidad de convertirse en reina de Noruega, pusieron a Irene a hablar noruego con fluidez. Pero finalmente, el plan se cayó: Harald se casó con la plebeya Sonja Haraldsen por amor. Fue cuando Irene confirmó que podía vivir su vida sin pasar por el altar. Una vida en el exilio En la vida de Irene, las cosas comenzaron a desestabilizarse en 1964. Su padre, Pablo I de Grecia, falleció meses antes de ver a su hijo casado con Ana María de Dinamarca. Tenía 62 años cuando lo mató un cáncer de estómago. Fue entonces que el hermano de la princesa, de tan solo 23 años, ascendió al trono como Constantino II. Pero la situación política en Grecia nunca se aquietó y el joven rey fue depuesto poco después, en 1967. La familia se trasladó a Roma, donde pasaron cinco años de exilio hasta que, en 1973, una junta militar abolió la monarquía y en 5 de octubre confiscó las propiedades de la Familia Real. Entonces, Constantino y su familia eligieron exiliarse en Londres. Sofía ya tenía su vida como reina en España y la princesa Irene se quedó sin hogar. Eligió vivir en Madrás junto a su madre y convirtió a la India en su hogar. Su vida allí la marcó profundamente. Fue en aquella época que se adentró en el hinduismo, se abrazó a la espiritualidad y también a la solidaridad. En 1986 fundó la ONG Mundo en Armonía dedicada a brindar bienestar a persona sin recursos. La India también marcó para siempre su manera de vestir: Irene era una princesa sin coronas ni tiaras. En lugar de codearse con diseñadores y lucir vestidos de alta costura, optó siempre por un estilo sencillo aunque lleno de color. Se dice que una vez, ante un comentario sobre moda y alta sociedad, la princesa de Irene de Grecia no se inmutó, al deslizar que sus zapatos le habían costado 20 euros en un mercadillo de la India. La princesa bohemia Con un estilo de vida modesto, Irene eligió dedicar su vida a su mayor pasión: la música. Talentosa, ya desde la infancia se destacó como alumna de la reconocida pianista Gina Bachauer. Irene llegó a ser concertista profesional y en 1969 debutó en el Royal Festival Hall de Londres, donde recibió una ovación de tres minutos. Princesa o no, es una intérprete más que competente, escribió la prensa. Independiente, optó por llevar una vida discreta. Mis éxitos se los debo a mi familia, a mis hermanos, pero mis errores son solo míos, declaró una vez. Dedicada a la música, solía vivir dos meses al año en la India, ocho en España y otros dos en Grecia donde contaba con un modesto apartamento cerca del Palacio de los Conciertos. Irene nunca se casó, ni tuvo hijos. En octubre de 2007 se publicó el libro Irene de Grecia, la princesa rebelde, su biografía autorizada escrita por Eva Celada, donde la princesa declaró: he estado enamorada, pero no quiero contar mis historias de amor, aunque admitió que sí tuvo romances fuera del foco público. Se cree que mantuvo una larga relación con un hombre casado, un griego, y entre sus presuntas parejas se cuentan al príncipe Mauricio de Hesse, a Miguel de Orleans, conde de Evreux, y a Guido Brunner, embajador de Alemania en Madrid y, como ella, amante de la música. También a Gonzalo de Borbón y Dampierre (primo del rey Juan Carlos) y a Jesús Aguirre (quien se luego se casara con la duquesa de Alba), ninguna de estas relaciones fue bien vista por la Casa Real, regida su escandaloso cuñado. Hermanas y confidentes Con los años, Irene se convirtió en confidente y pilar de la reina Sofía. La princesa compartía con su hermana mayor mucho de su estilo de vida, ambas vegetarianas, partidarias de las terapias alternativas y con la misma visión de la vida. Y así fue como, al morir su madre en 1981, a los 64 años, Irene se mudó a Madrid para vivir junto a su hermana. Irene encontró refugio en la Familia Real española. La entonces reina Sofía la acomodó en el Palacio de La Zarzuela en un apartamento, con su habitación, un salón propio y su infaltable piano. Agradable, cálida y educada, se dice que su figura fue fundamental para mantener la paz en la residencia real. Apoyo incondicional de la reina Sofía, allí Irene vio librarse distintas batallas familiares (desde el escándalo por malversación de Uñaki Urdangarin, casado con su sobrina Cristina, a las infidelidades del rey y la abdicación en favor de su sobrino Felipe). Irene fue una de las pocas personas que entienden cómo la reina Sofía mantiene su compostura, a veces confundida con frialdad. Así fue como les enseñaron a ellas, princesas en el exilio. Es solo con ella con quien se animaba a largas conversaciones en su lengua madre. Las helenas se acompañaron en los peores momentos. Como en 2002, cuando los escándalos del rey Juan Carlos pusieron en jaque a la reina Sofía y coincidió con la época en que Irene enfrentó distintos problemas de salud. La princesa se sometió a seis sesiones de quimioterapia y finalmente superó un cáncer de mama. En las sombras Era habitual que Irene de Grecia acompañase a su hermana Sofía en sus actividades, caminando siempre unos pasos atrás de la reina, hoy emérita. Al referirse a las hermanas tapadas de las monarquías, la autora Pilar Eyre destacó su papel y detalló que: había una consigna no escrita en los medios, entre los fotógrafos, no resaltar el papel de la princesa Irene junto a doña Sofía. Y dijo que nadie ha oído su voz. La biógrafa real aseguró que, aun con los años, sabe que Irene de Grecia habla mal español, habla peor que su hermana que ya es mucho decir, pero muy poca gente aparte del servicio íntimo de la princesa sabe cómo habla la hermana pequeña de la reina Sofía de España. En los últimos años, la salud de la princesa empeoró. En octubre de 2023, su situación volvió a generar preocupación tras conocerse que padecía de Alzheimer. Fue su hermana Sofía quien detectó los primeros signos de este deterioro cognitivo. Irene comenzó a olvidar recuerdos de su infancia. Desde entonces, la cuidó y se encargó de que nada le faltase. También el rey Felipe VI estuvo al pendiente de su tía, lo que marcó el profundo afecto que le tuvo siempre. Los tres hijos de los reyes eméritos Juan Carlos y Sofía la llamaban Tía Pecu, por su peculiar forma de vivir y sus exóticos looks. La infanta Cristina bautizó a su hija Irene en su honor. Con el cismo en la familia real española, Irene se mantuvo en pie. Incluso se ganó el cariño de la reina Letizia, quien sabe lo importante que la princesa es para el rey. En los últimos años, Irene solía acompañar al rey Felipe VI y a su familia en sus vacaciones en Mallorca. También fue una de las pocas invitadas al festejo privado por los 18 años de su hija, la princesa Leonor, en 2023. Su legado Irene de Grecia tuvo una vida plena. A pesar de que pasó casi toda su vida en el exilio y que por mucho tiempo las leyes de Grecia la dejaron sin nacionalidad ni pasaporte, ella jamás claudicó. Agradecida con el reino de España por el trato que le dio, el 16 de marzo de 2018 obtuvo la nacionalidad española por carta de naturaleza y renunció a la griega. Tras una larga disputa familiar llevada a cabo especialmente por su hermano, el rey depuesto Constantino II, en 2022 Irene recibió una millonaria indemnización por los bienes que le fueron confiscados a su familia en Grecia (desde el Palacio Real hasta sus más íntimas pertenencias). La princesa donó su parte a causas benéficas, entre ellas la Fundación Principado de Asturias y la Fundación Reina Sofía, manteniéndose al margen de las disputas familiares y políticas y haciendo honor a la manera armoniosa en que eligió vivir. La última vez que se la princesa puso sus pies devuelta en Tatoi fue al despedir a hermano Constantino, el último rey de los helenos, quien falleció el 10 de enero de 2023. Y, a pesar de lo delicado de su salud, Irene insistió en volver a Atenas para asistir a la boda de su sobrino y ahijado Nicolás de Grecia con Chrysi Vardinogianni en Atenas el 7 de febrero de 2025. Se la vio cuidada por la reina emérita y la infanta Cristina.

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