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  • Le robó la identidad a su amiga para sacar un préstamo millonario, la asesinó y simuló un crimen sexual: el caso de "Angie" Molina

    » TN

    Fecha: 14/01/2026 06:05

    El cuerpo de una mujer fue encontrado en febrero de 2008 en un departamento alquilado en el barrio de Gracia, en Barcelona. La víctima estaba desnuda, recostada sobre un sillón, con una bolsa de plástico colocada en la cabeza y cinta adhesiva ajustada alrededor del cuello. El lugar estaba ordenado y no presentaba signos de pelea ni de ingreso forzado, una escena que desde el inicio llamó la atención de los investigadores por su aparente prolijidad y por los indicios de una muerte planificada. Leé también: Contrató a un sicario para matar a su esposo pero la policía la descubrió tras un operativo de película Con el avance de la investigación, la Justicia estableció que la víctima era Ana María Páez Capitán, una diseñadora de moda de 36 años, y que detrás del crimen no había un hecho casual ni un ataque impulsivo. Poco después se descubrió que María Ángeles Molina, una de las mejores amigas de la mujer asesinada, planificó el homicidio durante días mientras llevaba a cabo una rutina común y sin levantar sospechas. El macabro hallazgo y las primeras dudas El 19 de febrero de 2008, una empleada de limpieza ingresó a un departamento que había ido alquilado por pocos días. En el living encontró el cuerpo de una mujer recostada sobre un sillón. En el piso había una peluca negra y un par de botas de caña alta. El lugar estaba ordenado, no había signos de pelea ni de ingreso forzado. Tampoco se encontraron documentos, billetera ni un celular que permitieran identificar rápidamente a la víctima. La Policía constató que la mujer llevaba varios días muerta. Horas después, los investigadores constataron que se trataba de Ana Páez Capitán, a quien su familia estaba buscando desde hace días tras perder contacto con ella. Ana había dicho que la noche que desapareció iba a cenar con una amiga, María Ángeles Molina. Molina declaró ante la Policía que el encuentro nunca se había concretado y aseguró que había viajado a Zaragoza para retirar las cenizas de su madre y que no sabía nada del paradero de Ana. Incluso asistió al funeral y acompañar a la familia, sin despertar sospechas en ese momento. Sin embargo, los investigadores comenzaron a detectar inconsistencias. Por un lado, los familiares de Páez indicaron que ella no tenía en su entorno a nadie a quien pudiera considerar su enemigo. A su vez, se descubrió que el alquiler del departamento había sido abonado con una tarjeta vinculada a la víctima, pero había movimientos bancarios posteriores a la fecha en la que Ana ya estaba desaparecida. La autopsia determinó que la causa de muerte había sido asfixia. No hubo signos de abuso sexual ni de defensa, ni tampoco lesiones compatibles con una pelea. Para los forenses, la víctima habría sido atacada cuando se encontraba confiada o incapacitada para resistirse. En un primer momento, se evaluó la posibilidad de una muerte accidental en un contexto sexual, pero esa hipótesis fue descartada rápidamente. De algo estaban seguros: el cuerpo había sido manipulado y la escena parecía preparada para desviar la investigación. Una prueba clave y un asesinato planificado El punto de quiebre de la causa llegó cuando los investigadores analizaron las cámaras de seguridad de una sucursal bancaria. El mismo día de la desaparición de Ana, una mujer había retirado dinero de su cuenta. En las imágenes se veía claramente a una mujer con pelo negro realizando la operación. En cuanto el video fue mostrado a la pareja de Páez, la respuesta fue inmediata: no era Ana, era María Ángeles Molina usando una peluca. A partir de ese momento, la investigación se concentró en ella y la Justicia ordenó un allanamiento en su casa. Allí, los efectivos encontraron documentación personal de la víctima, tarjetas bancarias, fotocopias relacionadas a sus finanzas y varias pelucas. De esta manera, se estableció la hipótesis de que María Ángeles, apodada como Angie, había suplantado la identidad de su amiga durante meses. Con esos datos, había solicitado créditos, realizado movimientos financieros y contratado seguros de vida a nombre de Páez por un monto cercano al millón de euros. Parte de ese dinero ya había sido cobrado antes del homicidio. Para los investigadores, el móvil era económico ya que Molina necesitaba dinero y había construido una doble vida usando la identidad de su amiga. Según la reconstrucción de los hechos, Angie citó a su amiga en el departamento con una excusa y la habría sedado con una sustancia que no pudo ser identificada. Luego, la asfixió con una bolsa de plástico y después construyó una escena del crimen. Para reforzar la teoría de una práctica sexual que salió mal, Molina había contratado previamente a trabajadores sexuales, a quienes pagó para obtener muestras de semen que conservó en frascos. Luego las utilizó para contaminar el cuerpo de la víctima. La idea era que se creyera que Ana había participado de un trío sexual y que murió en ese contexto. El juicio y la condena María Ángeles Molina fue detenida en marzo de 2008, pocas semanas después del crimen, luego de que los investigadores reunieran pruebas que la ubicaban en el centro de la maniobra. Al ser detenida, declaró por primera vez ante la Justicia y sostuvo que no tenía relación con la muerte de Ana María Páez. En su lugar, aseguró que ese día se encontraba en Zaragoza, donde había viajado para retirar las cenizas de su madre, según su versión. Desde el inicio, afirmó que era víctima de una investigación injusta y negó de manera reiterada cualquier participación en el homicidio. El juicio comenzó en marzo de 2012 y se llevó a cabo en la Audiencia de Barcelona, tras pasar casi cuatro años de prisión preventiva. Durante las audiencias, la fiscalía expuso un entramado de pruebas que incluyó registros bancarios, imágenes de cámaras de seguridad, documentos falsificados y testimonios clave que demostraron la suplantación de identidad de la víctima y la planificación del crimen. Angie Molina declaró en su defensa, volvió a proclamarse inocente y afirmó que no tenía motivos económicos para matar a su amiga, aunque la acusación sostuvo que el objetivo era cobrar seguros de vida y créditos contratados a nombre de Ana. Leé también: Un adolescente asesinó a puñaladas a su hermana gemela y dijo que lo hizo mientras estaba sonámbulo Finalmente, en 2012, la Audiencia de Barcelona la condenó a 22 años de prisión por el homicidio de Ana María Páez y por los delitos vinculados a la falsificación de documentos. Sin embargo, el Tribunal Supremo revisó el fallo y redujo la pena a 18 años al considerar que no había quedado probado de forma absoluta que la víctima se encontrara completamente indefensa al momento del ataque, lo que llevó a recalificar el delito. Molina fue trasladada a la cárcel de Mas dEnric, ubicada en la provincia de Tarragona, donde continúa cumpliendo su condena, que está prevista que finalice en 2027.

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