Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • Es músico, está primero en los rankings, pero no existe: es un invento de la IA

    » Clarin

    Fecha: 14/01/2026 06:35

    Cuando culmine 2026 habremos escuchado más música creada por un algoritmo que nunca antes en la historia. Ya no se trata de un experimento marginal ni de una rareza tecnológica sino que las canciones y melodías generadas por inteligencia artificial se están consolidando como parte del ecosistema cultural contemporáneo en un mundo en el que 50 personas deciden qué suena, qué circula y qué cosas que nos pueden hacer emocionar. De acuerdo con un estudio publicado por la consultora estadounidense Morgan Stanley, el 60 por ciento de los jóvenes estadounidenses de entre 18 y 20 años escucha alrededor de tres horas semanales de música fabricada por algoritmos, un número que crece cada mes porque su presencia en las redes avanza. El consumo de este tipo de melodías es a través de los videos cortos de Tik Tok e Instagram, pero también como canciones dentro de playlists muy populares en Spotify y YouTube Music, que prometen ser perfectas para estudiar, concentrarse o dormir. Y aunque en principio este tipo de obras no debería reducir el consumo de música creada por humanos, el éxito en los rankings musicales de Solomon Ray es un caso a tener en cuenta. Se trata de un cantante de country y soul que alcanzó el primer puesto en descargas la semana pasada gracias a cientos de miles de reproducciones y una comunidad de fieles oyentes. Sin embargo, Ray no existe, sino que su voz, sus canciones, su estética y su presencia en redes sociales fueron creadas por el rapero trumpista Christopher Jermaine Townsend, quien logró no solo engañar a la audiencia sino también emocionarla. Más allá del impacto mediático del caso, no parece ser una excepción sino el mascarón de proa de un futuro inmediato en el que habrá más música creada artificialmente que por humanos. Esto nos obligará a dejar de creer que detrás de cada voz y canción hay una experiencia, una intención o un dolor. Para el crítico cultural Ted Gioia, hoy apenas cincuenta personas dan forma a la cultura global. Son quienes controlan las plataformas y sus algoritmos, convertidos en curadores invisibles que deciden qué cosa nos puede gustar. No se busca el reemplazo de los artistas humanos pero sí la redefinición de las reglas del juego al introducir un nuevo tipo de creador sin biografía, sin pasado y sin regalías, que no se resiste a ser optimizado para encajar en patrones de consumo masivo. El 60% de los jóvenes estadounidenses de entre 18 y 20 años escucha alrededor de tres horas semanales de música fabricada por algoritmos. Existe una esperanza: tal vez, a medida de que la música sintética se vuelva omnipresente, se empiece a revalorizarse no solo el resultado final sino también el proceso. ¿Cómo se hizo esta canción? ¿Quién estuvo involucrado? ¿Quién la inspiró? En un mundo saturado de contenidos artificiales y reemplazables, la diferencia puede pasar por mostrar el trabajo, la dedicación y la fragilidad del hacer humano. No vender solo el producto sino también el recorrido. Ese es el motivo por el cual algunas obras de arte resisten mejor el paso del tiempo: no solo por su calidad estética sino porque conocemos su historia y la de quien la creó. Frente a una cultura cada vez más automatizada, la trazabilidad humana se convierte en un nuevo y apreciado valor. Mirá también Sobre la firma Newsletter Clarín

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por