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  • 2026: año del cálculo y de las fronteras vivas, con un Trump entusiasmado | Análisis

    Parana » AnalisisDigital

    Fecha: 13/01/2026 13:22

    Daniel Tirso Fiorotto En este siglo XXI toda potencia invasora piensa en lebensraum y pronuncia derecho. Lebensraum es un principio expansionista que considera a los espacios linderos como zonas de ampliación del territorio propio, con fronteras vivas. Los sistemas despóticos precisan algo más para su pretendida supervivencia, y todo vecino le resulta sospechoso. (No es necesario esgrimir una cruz esvástica para ser nazi). Entonces dirán que atacan por el derecho a defenderse, que se expanden por el derecho a sobrevivir, que hacen la guerra para la paz. Derecho, grita Trump y asalta Venezuela. Derecho, grita Netanyahu y desangra a los palestinos. Derecho, grita Putin y rapiña Ucrania. Derecho, grita Gran Bretaña y apila un arsenal en las Malvinas. Apenas uno de estos y otros colonialistas de hoy diga derecho convendrá tantear el cuchillo. Las potencias participan de una carrera desbocada por acumular poder de ataque. La creatividad agoniza. Esta moda es inconducente y un día deberemos despertar, pero las potencias dejan por ahora que a ese trabajo lo haga una catástrofe. Quizá sean esta carrera y la contaminación global las pruebas de un tiempo decadente. Los conquistadores basan sus arremetidas en su fuerza y en la debilidad de la víctima. Nicolás Maduro jugó al límite, subestimó fuerzas y debilidades ajenas, subestimó a su propio pueblo, a los espías; sobreestimó habilidades propias, y el resultado está a la vista. Trump necesitaba un trofeíto y Maduro se mostró demasiado. Analistas de renombre nos cuentan hoy que Irán tiene dificultades económicas internas ¿tomarán nota, los iraníes? Por otro lado, los supremacistas impunes Trump y Netanyahu ¿vieron que Maradona acertara todos los penales? Debieran saber, y siguiendo la línea maradoniana, que al más despierto también se le escapa una tortuga. ¿Tienen idea de cuántos esperan ese tropiezo? El tiro por la culata La base electoral de los presidentes vecinos de Venezuela resulta un ingrediente central en el menú de estas horas con derivaciones violentas. La causa no es excluyente, como tampoco son únicos el petróleo, el valor del dólar, el arsenal militar, los derechos humanos, el narcotráfico o la guerra comercial de los imperios. La realidad es compleja, y cada causa por obra o por omisión se potencia con la causa de al lado. La captura de Maduro ha provocado un golpe en el tablero internacional. Este es el año del cálculo: todos los Estados sopesan cuánto pierde y cuánto gana cada cual. Como bien dice El carretel de Dimotta, hay ganadas, perdidas y empatadas. ¿Cuánto pierde Rusia si se distancia un poco de Venezuela, y cuánto gana con el aval de Estados Unidos para violar el derecho internacional a gusto y placer? Los Estados Unidos se atreven a ignorar cualquier ley con el fin explícito de cuidarse las espaldas, por eso entran a Venezuela sin pedir permiso, y le niegan a Rusia que haga lo mismo en Ucrania. Con este cinismo de base es difícil pensar en algún diálogo constructivo. Los capos actúan como quien mete mano en la complejidad de la selva o la genética, sin conocer las consecuencias. ¿Vamos a burlar todas las leyes? Cuidado, porque el tiro puede salir por la culata. Ahora: ¿calibró Maduro la capacidad de sus amigos vecinos para cargar la mochila de sus actos? ¿O intentó empujarlos, sin consulta, por el camino de los hechos consumados, con la creencia de que la colaboración dependía sólo de la voluntad personal de los presidentes? El futuro manda Si nunca hubo amistad en el plano diplomático internacional, hoy está más claro, y el escaso apoyo que ha recibido Maduro lo dice todo. Declamaciones sin riesgo, pedidos de juicio justo, camiones de caridad Con amigos así... El manotazo le resultó gratis al imperio, la extracción fue quirúrgica, tuvo suerte, y las respuestas no pasan de palabras. Ahora: el régimen de Maduro sintió el chirlo y sin embargo está armado, en todo el sentido del término, y el imperio lo sabe. Todos tienen la mano lista para desenfundar, y se ha visto que en términos de poder la confianza mata al hombre. Eso vale para todos. La decisión de Donald Trump responde a una multiplicidad de causas (aquí vamos a enumerar apenas una docena), más ligadas a su debilidad que a su fortaleza, al futuro que al presente. Los imperios encaran hoy guerras preventivas, atacan por las dudas. De ahí que la captura deba analizarse en el espacio y en el tiempo, y allí veremos que algunos países pierden mucho y ganan mucho, a la vez. La complejidad del asunto resulta tan dolorosa como atrapante. En el Abya yala del sur hay sensaciones encontradas, pero se sabía que la fragmentación no iba a ser inocua. Si bien Venezuela posee la mayor reserva de petróleo en el mundo, hoy es un productor de segundo orden. Su poder militar cercano y su promesa petrolera inquietan a los Estados Unidos de América con vistas al futuro, tanto como su decisión de erosionar el valor del dólar. El imperio está calibrando su propia decadencia, y responde. Algo parecido a lo de Venezuela ocurre con Ucrania: si ingresara a la OTAN sería un peligro futuro para Rusia. China no quiere en Taiwan un arsenal enemigo, Inglaterra sabe que el control del Atlántico Sur y la Antártida le da peso en la discusión mundial que se aproxima. Es el futuro el que ordena las guerras actuales. Los imperios avivaron las fronteras. Estados Unidos se anima, incluso, a hablar de Groenlandia, y amenaza a Europa con una compra forzada. No quiere que se estacionen allí Rusia y China. El futuro tiene en vilo a los imperios; como en los tiempos de Hitler, vuelve el lebensraum. ¿El futuro, o el delirio de unos pocos? También Venezuela encendió sus fronteras y le recordó a Guyana sus pretensiones sobre el Esequibo, quizá para alinear el poder interno. China abonó esa disputa. ¿Cuánto les importan a los imperios el destino de los venezolanos? Nada. El petróleo promete salvar a Venezuela y es a su vez su ruina. Hoy Guyana siente alivio. La Comunidad de estados latinoamericanos y caribeños -Celac- firmó hace una década un tratado que promueve la resolución pacífica de conflictos. Eso fue quizá lo más noble y creativo de estos tiempos. La Celac no se ha sostenido, pero el compromiso alcanzado, con otros previos contra las armas nucleares, fue puesto en jaque varias veces por las amenazas de Maduro. Brasil ya estaba con la vena hinchada por estas y otras actitudes. Nada más alejado a sus intereses que una guerra en la vecindad. Por otro lado, a Brasil sí le interesan las familias venezolanas por cercanía, familiaridad, influencia recíproca, por la relevancia del país en toda la región, por los refugiados. Brasil discute en la rueda de los poderosos. Su ligazón con China, India y Rusia, su potencial industrial y alimentario, la vigencia del Mercosur y los nuevos convenios con Europa; su coherencia diplomática, el discurso firme y sereno de su presidente, le dan el carácter de país serio. Un impostor Muchos hablamos hoy de la voracidad del imperio estadounidense. Y está a la vista. Algunos prefieren quedarse en eso como causa única de la captura de Maduro, porque consideran que todo lo que se diga de él juega a favor del imperio. No atiende consejos, no escucha, se burla, abusa, viola los derechos humanos, pero hay que callarse cuando le va más o menos bien, y callarse cuando le va más o menos mal. Decenas de testimonios y denuncias por arbitrariedades y violaciones de derechos humanos en Venezuela, pero los simpatizantes del déspota siempre encuentran alguna excusa. No alcanzó que Pepe Mujica le dijera dictador, que Michelle Bachelet lo denunciara por violaciones de derechos humanos, que Lula da Silva lo vetara en los organismos internacionales, que Gustavo Petro no le reconociera su victoria Las mañas del imperialismo son archiconocidas. Son permanentes, y de tanto en tanto el sistema se brota entero. Nada nuevo bajo el sol. Ahora bien: la captura de Maduro hizo que los dirigentes más ligados a Venezuela cuestionaran a Estados Unidos en sus discursos y pidieran un juicio justo. ¿Nada más que eso? Nada más. Si Donald Trump hubiese hecho lo mismo con Luiz Inacio da Silva, el mundo estaría hoy en llamas. La diferencia está en que Trump se lanzó contra un débil. Es lo que hacen las hienas cuando persiguen a una manada. Los dos gobiernos más cercanos a Venezuela son Colombia y Brasil. Ambos distantes de los Estados Unidos de América, y más de Trump. Sin embargo jamás aceptaron el triunfo de Maduro en las elecciones de 2024. Tampoco lo hicieron Boric en Chile y varios presidentes europeos. Y estamos hablando de jefes con simpatías; qué decir de los adversarios como el argentino Javier Milei, de relaciones carnales con el imperio, como su ídolo Carlos Menem. Burlador serial Lula lo vetó en el grupo Brics (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Egipto, Etiopía, Irán, Emiratos Árabes) en octubre de 2024, mientras el ruso Vladimir Putin y el chino Xi Jinping votaron a favor del ingreso. ¿Es tan primario, el brasileño, que evita el ingreso a ese bloque del país con más reservas petroleras del universo? No, Lula es uno de los estadistas sobresalientes de las últimas décadas en el mundo. Pero Nicolás Maduro lo desautorizó, se le burló en la cara, lo demoró con cuentos para ocultar el fraude, y Lula no respondió con espíritu vengativo o con despecho: respondió como pudo, porque no tiene la vaca atada. Las palabras y acciones de Maduro dañaron la imagen de Lula, y no tiene margen para regalar. En suma: ni Lula ni Petro podían seguir bancando sus desafíos sin dilapidar ellos su propio capital electoral. Maduro les prometió mostrar actas y los dejó pagando, pero la cosa venía de antes, con denuncias severas que sus aliados debían soportar mientras tenían espaldas. Maduro se burlaba a diario de Donald Trump. Y también de Lula, de Petro, de Boric, como lo hizo antes con Michelle Bachelet, con Alberto Fernández y con el propio José Mujica. Se burló de todo el bloque llamado de centro o centro izquierda, filo socialista Les llamó cobardes, fracasados, traidores; su gente llegó a decir que eran odiados por el pueblo Ergo: ante el ataque de los Estados Unidos, los vecinos respondieron con discursitos de ocasión, y a otra cosa. Ahora le desean un juicio justo, es decir, lo que se desea a cualquiera. Es lo que escuchamos de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, que sabemos, cuida el Tratado T-MEC que Andrés López Obrador firmó con Trump. La chilena Bachelet había detallado abusos, torturas, desapariciones forzadas, desde el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Los testimonios sobre la dictadura de Maduro se sumaban. Venezuela pide hoy respeto a la ley que no respetó. De modo que Maduro estaba rengueando ya en su propio territorio, entonces el imperio reunió material para acusarlo por una de las aristas que la ley le permitiera. Ahora, ¿está preocupado Trump por los derechos humanos? Hay países gobernados por autocracias parecidas y derechos en veremos, que son sus aliados, y sobre los cuales no se dice una palabra. Arabia Saudita, un ejemplo. Una docena de causas ¿Cuáles fueron las causas, entonces, del atropello? Enumeremos algunas desarrolladas por distintos estudiosos: 1-el apetito petrolero de Estados Unidos. 2-la necesidad de preservar el valor del dólar. 3-la necesidad de que las reservas petroleras de Venezuela no queden a expensas de los competidores de Estados Unidos: China y Rusia. 4-la capacidad técnica de las destilarías de Estados Unidos preparadas especialmente para el crudo venezolano. 5-la sospecha de que un país vecino puede estar acopiando un arsenal que tenga a los Estados Unidos a tiro, y ponga en riesgo su predominio bélico. 6-la actitud desafiante y burlona de Maduro capaz de hacer mella en la autoridad del presidente de Estados Unidos, como incitándolo. 7-la soledad de Maduro, que supo enemistarse con sus propios aliados. 8-la dependencia energética de Cuba, un país que usa el petróleo venezolano para disimular su crisis. 9-la necesidad del gobierno de los Estados Unidos de ofrecer algunas respuestas ante el creciente problema de las drogas en ese país. 10-la oportunidad de Estados Unidos de provocar un sacudón regional para poner sobre la mesa temas como el narcotráfico y los derechos humanos donde le conviene y desviar la atención. 11-la necesidad de Estados Unidos de actuar para escarmiento, es decir: el país que amenaza sus intereses tendrá consecuencias. 12-el estudioso Yanis Varoufakis, de los que más entienden las tendencias de los imperios, señala que Trump está respondiendo a problemas internos de su propio partido, a las divisiones que padece. Y agrega que esta captura le da amplio margen a otros imperios como Rusia y China para desconocer el derecho internacional y mover sus fronteras. Para Varoufakis, la estrategia consiste en hacer ruido siempre más adelante para dejar atrás el ruido anterior. Hoy hablamos de Venezuela y olvidamos la toma de Gaza. Mañana, Groenlandia y atrás Venezuela Luego insiste en que el plan de Trump legitima a China y Rusia. Agrega Varoufakis que la diferencia entre Trump y los liberales demócratas de su país radica en que Trump dice las cosas que hace, sin tantos subterfugios, y los demás hacen lo mismo, pero se envuelven en banderas falsas. Y bien: aquí una docena de razones. ¿Cuál de ellas pesó más? Difícil dilucidar eso. Lo responderemos con algunas preguntas: ¿qué le preocupará más a Trump, el futuro del control petrolero y el valor del dólar, o el futuro de su propio poder político interno y su estabilidad? ¿Y la Argentina? El gobierno argentino de Javier Milei aprueba cada decisión de Trump. Su aval es total, al punto que pidió ingresar como socio global de la OTAN. Nuestro país mantiene un pleito casi bicentenario con el imperio anglo estadounidense por la ocupación del Atlántico Sur. Eso fue apuntado por el centro de estudios Juntas Abya yala, esta semana, en un documento comunitarista, confederal y antibelicista. Somos el país más invadido del mundo, y el imperio colonialista que nos somete es Gran Bretaña con su aliado: Estados Unidos de América. Jamás debemos poner la sangre de nuestros hermanos caídos en defensa de la patria, y nuestra histórica amistad con los pueblos del Abya yala, como moneda de cambio, por ahogos de ocasión, se lee. En el complejo escenario, la esperanzadora tendencia mundial a la multipolaridad parece favorecernos en parte, y dividirnos a la vez, si en lugar de cortar cadenas buscamos refugiarnos bajo las faldas de algún imperio. Fuente: UNO Entre Ríos ¿Vamos a burlar todas las leyes? Cuidado, porque el tiro puede salir por la culata. Hoy hablamos de Venezuela y olvidamos la toma de Gaza. Mañana, Groenlandia.

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