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Parana » AnalisisDigital
Fecha: 13/01/2026 11:11
En el marco del 24° aniversario de la desaparición de la familia Gill, un caso que aún conmueve a la provincia de Entre RÃos, el comisario principal retirado Juan Antonio Rossi brindó un crudo y detallado testimonio sobre la investigación. «Sostengo que la familia completa fue vÃctima de un horrendo crimen», afirmó el funcionario policial que recuerda como pocos las tareas realizadas para localizar a la familia. En diálogo con el programa El Séptimo DÃa (Radio Plaza 94.7), quien fuera uno de los principales investigadores del caso compartió sus convicciones y los obstáculos que enfrentó la policÃa para dar con el paradero de los seis integrantes de la familia oriunda de Nogoyá. La familia, compuesta por José Rubén Mencho Gill, de 56 años, su esposa Margarita Norma Gallegos, de 26, y a sus hijos MarÃa Ofelia, de 12, Osvaldo José, de 9, SofÃa Margarita, de 6, y Carlos Daniel, de 2, fue vista por última vez en enero de 2002 en la estancia La Candelaria, en Crucecita Séptima. Rossi, quien en aquel entonces era oficial principal, recordó que las actuaciones comenzaron de manera difusa, bajo la hipótesis inicial de que se habÃan retirado por sus propios medios. «Las averiguaciones comenzaron profundizándose por llamadas telefónicas y por ir al campo a hablar con el vecindario. Entendamos que la ciudad de Nogoyá dista 74 kilómetros del lugar de residencia de esta familia por caminos de tierra; cada incursión demandaba prácticamente un dÃa de trabajo arduo», explicó el exfuncionario. Por otro lado, Rossi contó que no es real que el dueño del campo, Alfonso Goette, les haya pagado un asado a los policÃas cuando fueron a realizar un procedimiento. «Cuando uno va al campo a hacer una investigación, una tarea, llámese para rodeo, averiguaciones o lo que sea, uno no puede llevar elementos como para hacer una comida elaborada, que se puede preparar en un lugar acondicionado al efecto. Uno lleva un pedazo de carne o lleva un trozo de carne para tirar a una parrilla, que se haga rápido, que no demande mucho requerimiento culinario, digamos, pero que nos haya recibido, que nos haya atendido. No, jamás. Yo lo descarto totalmente, al menos en mi presencia». La hipótesis del crimen y la estancia La Candelaria A pesar de los años transcurridos y de que la causa sigue caratulada como «averiguación de paradero», Rossi fue contundente al expresar su Ãntima convicción sobre lo ocurrido en el campo. «Sostengo que la familia completa fue vÃctima de un horrendo crimen. Estoy totalmente convencido de que esta gente nunca salió del campo, o al menos no con vida por su propia voluntad», afirmó. Según su análisis, compartido con otros investigadores y peritos, la familia pudo haber presenciado o participado accidentalmente en algo que no debÃan: «Vieron lo que no tenÃan que ver o escucharon lo que no tenÃan que escuchar». Y explicó que lo que dice no es aventurado. «Esto lo hemos hablado, discutido, conversado con toda la gente que ha participado en la investigación: cuerpo médico forense, policÃa de distintos lugares, inclusive tuvimos la participación de un oficial de la Academia del FBI», y añadió: «Es una deducción bastante triste en cuanto al desencadenamiento, pero real, es muy real lo que les estoy diciendo». Respecto al propietario del establecimiento, Alfonso Goette, Rossi lo describió como un hombre especial, de carácter fuerte y con un estado fÃsico envidiable para la edad que tenÃa. Recordó haberlo visto, ya con más de 70 años, trepado a los molinos y realizando tareas rurales. Con nosotros conmigo en particular siempre tuvo un muy buen diálogo. Era una persona con instrucción avanzada. En su juventud habÃa trabajado como operario en una farmacia. Convengamos que, hace 40 o 50 años, las farmacias no contaban necesariamente con un farmacéutico, sino con personal idóneo que manejaba con precisión la medicación, las drogas y ese tipo de sustancias, relató Rossi. Tras esa etapa, Goette se dedicó al agro y a la ganaderÃa. Falleció en un accidente de tránsito en junio de 2016. Recordó que Goette realizó una exposición policial un mes después de la desaparición para dar de baja a «Mencho» Gill como empleado, alegando que se habÃan ido de vacaciones y no habÃan regresado. Sobre las condiciones de vida de los Gill, Rossi describió una vivienda precaria: «Era una casa deshabitada, cerrada, con condiciones de habitabilidad mÃnimas. Era prácticamente el ala de un galpón convertida en vivienda para gente de muy escasos recursos». Por otra parte, Rossi recordó como fue el último momento que los Gill fueron vistos con vida: La última persona que vio a la familia Gil fue una señora Villanueva y su marido Centurión, vecinos del establecimiento. Ellos los trajeron de regreso a la familia de aquel sepelio al que concurrieron un domingo en Viale, si no mal recuerdo, 13 de enero. Fueron con un matrimonio y volvieron con otro. Bajaron en la puerta del establecimiento y caminaron unos 300, 500 metros hasta la propiedad donde habitaban. Pistas falsas y el uso de tecnologÃa Durante la entrevista con El Séptimo DÃa, Rossi recordó cómo se descartaron diversas pistas, como la del gomero de La Picada, Jacinto Domingo Haller, que aseguró haber visto a la familia en un Chevrolet 400 rumbo a Corrientes, versión que resultó ser producto de su imaginación. También detalló el exhaustivo trabajo realizado sobre los registros telefónicos de la época, que implicó trasladar resmas de papel continuo desde Córdoba para ser analizadas manualmente antes de contar con sistemas informáticos avanzados. Sobre las recientes solicitudes de imágenes satelitales a la NASA impulsadas por la actual querella a cargo de Marcos RodrÃguez Allende, Rossi aclaró que no es una medida nueva en el expediente. «Esa intervención de la NASA y de distintas oficinas de investigación aeroespacial fue pedida hace por lo menos 15 años. Todo está incorporado en el expediente que hoy debe tener entre 18 y 20 cuerpos», señaló, aunque reconoció que cualquier dato nuevo aporta una esperanza de esclarecimiento. Una deuda con la sociedad Tras dedicar más de la mitad de su carrera policial al caso Gill, Rossi manifestó sentir un peso personal por no haber llegado a una conclusión definitiva. «Me siento en deuda con la sociedad por no haber podido brindar una respuesta. Es como un talón de Aquiles que a uno le queda», confesó emocionado. Finalmente, destacó que, aunque ya no está en actividad, el trabajo realizado por la policÃa fue serio y responsable con los medios técnicos disponibles en aquel momento. El caso de la familia Gill permanece como un hecho sin precedentes en democracia, con seis personas desaparecidas sin que hasta el dÃa de hoy se hayan hallado rastros fehacientes de su destino.
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