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» Clarin
Fecha: 13/01/2026 12:53
El final de la tarde en La Frontera de Pinamar parecía uno más de verano. Arena removida, motores, gente que va y viene, chicos jugando cerca de los médanos. Pero a las ocho de la noche del lunes, el paisaje cambió de golpe. El ruido seco de un impacto, los gritos y el desconcierto rompieron la postal. En medio del caos, un nene de 8 años quedó inconsciente tras un choque entre vehículos tipo UTV y una camioneta, en una de las zonas más concurridas y riesgosas del acceso norte de la ciudad. A esa escena llegó, casi por azar, Melina Santillán. Pediatra intensivista, estaba de vacaciones con su esposo, Juan José Torres, cirujano. Ya se iban de la playa cuando, al atravesar el control policial de La Frontera, algo los obligó a frenar. Había mucha gente alrededor. Vi un cuerpo en el suelo y le dije a mi esposo: Pará, hay un nene, recordó Santillán en diálogo con Clarín. Bastián estaba tendido sobre la arena. No respondía. No lloraba. No se movía. Apenas respiraba. Estaba pálido, blanco, cianótico. El corazón latía muy lento. Era un estado de shock profundo, contó la médica. No había ambulancia en el lugar ni personal de salud. Solo policías y bomberos intentando contener a la gente. Santillán comenzó de inmediato con maniobras de asistencia respiratoria básica. Minutos después, el peor escenario: el nene entró en paro cardiorrespiratorio. Empezamos con los masajes y la ventilación. Fue desesperante. Necesitábamos oxígeno, intubarlo, algo que no teníamos, relató. Torres gritaba pidiendo ayuda mientras intentaba abrir paso entre la multitud. La primera ambulancia tardó cerca de diez minutos. Llegó sin el equipamiento completo para una emergencia pediátrica grave, pero trajo algo vital: oxígeno y una bolsa de ventilación manual. Eso permitió sostener al chico con vida. Poco después apareció una enfermera que logró colocarle una vía venosa periférica en medio del shock. Fue casi milagroso. Gracias a eso pudimos pasarle líquidos y empezar a revertir el cuadro, explicó Santillán. Torres recuerda cada segundo. No tenía golpes externos importantes. Estaba sin remera, totalmente pálido, con los labios y los dedos morados. Pensé enseguida en una hemorragia interna. En estos choques, la desaceleración es brutal y los órganos internos, sobre todo el hígado o el bazo, sufren mucho, dijo. Más tarde, en el hospital, se confirmó que el chico tenía un traumatismo hepático severo. Cuando llegó la segunda ambulancia, el color del cuerpo empezó a cambiar. El nene seguía inconsciente, pero había recuperado pulso. Santillán se subió al móvil y acompañó el traslado al Hospital Comunitario de Pinamar. Torres fue detrás, junto a la familia. El operativo incluyó un cordón sanitario. Cortaron toda la ciudad para que la ambulancia llegara rápido. Aun así, el trayecto fue eterno, describió. Ya en el hospital, Santillán explicó el cuadro clínico al equipo médico de un centro que no es pediátrico. Su experiencia en terapia intensiva infantil fue clave para ayudar a orientar las primeras decisiones: dosis, tiempos, prioridades. El chico entró a quirófano esa misma noche y quedó internado en terapia intensiva. La médica y su esposo estaban de vacaciones desde el 2 de enero. Ambos dejaron hace tiempo el ritmo extremo de las guardias. Ella trabajó durante años en terapia intensiva neonatal y pediátrica. Perdí mucha infancia de mis hijos. Hoy tengo una vida más tranquila, de consultorio, en Tucumán, contó. Pero la emergencia la encontró igual. Para esto nos formamos. Cuando pasa, no hay opción, dijo. Horas después, ya de madrugada, el padre del nene les escribió un mensaje. Les agradeció. Les dijo que su hijo no estaría vivo si no hubieran estado ahí. Eso te atraviesa. Te queda para siempre, dijo Torres. Desde entonces siguen la evolución del chico a la distancia, pendientes de cada novedad. La preocupación ahora está puesta en el impacto neurológico que pudo haber sufrido por el tiempo sin oxígeno. Los chicos a veces sorprenden. Tienen una capacidad de recuperación enorme, dijo Santillán. Es a eso a lo que se aferran, igual que la familia, mientras el nene sigue internado y su evolución es minuto a minuto. El episodio volvió a poner el foco sobre los riesgos en la zona de La Frontera, un lugar que combina circulación de vehículos, turistas y niños, y que Clarín ya había señalado días atrás como un punto crítico por la falta de controles y las maniobras imprudentes. Esta vez, la diferencia fue una casualidad: que una pediatra intensivista pasara justo por ahí. AS Sobre la firma Newsletter Clarín
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