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» Clarin
Fecha: 13/01/2026 11:09
Mientras se mantienen en Irán las masivas protestas contra el régimen islámico pese a la durísima represión que, según datos de organizaciones de derechos humanos dejó ya alrededor de mil muertos, la información llega desde allí a cuentagotas, tras el corte de Internet y de las comunicaciones decretado por las autoridades. En medio de la incertidumbre, la agencia RFI logró contactarse con su corresponsal en Teherán, Catalina Gómez Ángel. Desde allí contó lo que está viviendo el país desde fines de diciembre, cuando estallaron las manifestaciones, que en un comienzo se debían a la bronca por el aumento del costo de vida, pero se transformó en un fuerte clamor por libertad y contra el régimen de los ayatollah, que se extendió por todo el país. Pese a la mala calidad de la conexión, esto es lo que relató desde la capital iraní. -¿Qué se sabe de lo que ocurre en Irán? -Sabemos muy poco lo que pasa dentro del país, pero sí sabemos lo que pasa en Teherán. Desde el jueves hubo grandes demostraciones que se unían a esas protestas que ya habían empezado el 28 de diciembre por motivos económicos, que habían pasado a pedir la caída del régimen, y este jueves respondían al llamado que les había hecho de cierta manera algún sector de la población desde el extranjero, uno de los líderes de la oposición, Reza Pahlavi (hijo del último sha, depuesto en la revolución islámica de 1979). -¿La gente salió igual a las calles pese a la represión? -Fue una convocatoria muy grande, en unas demostraciones muy diferentes a las que habíamos visto ya muchas veces en Irán en el pasado. Había gente en todos los barrios y poco a poco fue empezando la represión que se esperaba y también la respuesta agresiva de muchos jóvenes en la calle, cansados de tantos años. -¿Qué se sabe de los muertos? -Lo que no sabemos cuántos muertos, pero se habla de miles solamente en Teherán y en el gran Teherán. Lo que hemos visto en las calles, en cierta manera fueron batallas muy duras, con enfrentamientos, los chicos respondiendo con piedras, los otros disparando con todo tipo de armas, tanto antimotines como reales. Mucha gente habla de muertos en la calle, especialmente el viernes. Todo el mundo conoce a alguien que ha muerto, que está herido, detenido. Realmente el temor es muy grande. Desde el sábado y el domingo la intensidad de las demostraciones se han reducido como consecuencia de ese miedo. El sistema nos habla al interior de presencia de terroristas, de presencia de infiltrados, y así se lo cuentan a la población local. -Estas manifestaciones, que empezaron protestando contra la situación económica, han derivado a otras demandas sociales. ¿Esto puede ser el comienzo del fin del régimen? -Es muy difícil decirlo. El régimen, el sistema de la República Islámica, a pesar de todas estas protestas y movilizaciones, todavía se ve muy fuerte. Todavía tiene estos grandes sectores de defensa, no solamente la policía, la Guardia Revolucionaria, ese gran sistema de misiles y un sector de la sociedad que, si bien cada vez es menos, sigue siendo grande. Se considera que es entre 15 y un 20% de la sociedad, como lo veíamos ayer, con más de 1 millón por lo menos en las calles de Teherán. Era una de las demostraciones oficiales más grandes de las que hemos visto. Y eso hay que tenerlo en cuenta. Lo que sí ha pasado es que este descontento se ha expandido en muchas regiones del país, donde antes la gente no se atrevía a salir. Decir que es el fin es extremadamente complicado. El sistema se está agarrando a muchos factores para sobrevivir. Todavía tiene la fuerza y tiene las armas, que es realmente lo que los hace importantes. -Sobre la posibilidad de una intervención de Estados Unidos, ¿cómo la evoca la gente al interior de Irán? ¿Se ve con buenos ojos, se pide? -Muchos están en un grado en este momento que no saben lo que va a pasar. Trump va a responder a esa promesa de atacar al país, que sería realmente lo que muchos piensan que es la segunda etapa, cómo reaccionará la gente que estaba en la calle Y otros también temen incluso la posibilidad de una guerra y un enfrentamiento civil, porque realmente la rabia entre los dos sectores es bastante grande. Así que la incertidumbre es muy grande. La ciudad está relativamente calmada durante el día, pero cuando llega la noche todo el mundo se esconde porque el que no sale tiene miedo de lo que pueda pasar. Entrevista de Paula Estañol, RFI Mirá también Newsletter Clarín
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