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  • Las valiosas ideas de David Hume todavía vigentes

    » La Nacion

    Fecha: 13/01/2026 09:50

    Las valiosas ideas de David Hume todavía vigentes Se cumplen 250 años del fallecimiento del célebre pensador, la figura más importante de la Ilustración escocesa, cuya estatura intelectual no ha dejado de crecer y lo ubica como el padre de la filosofía moderna - 7 minutos de lectura' Se cumplen 250 años del fallecimiento de David Hume (1711-1776), un aniversario que nos brinda la oportunidad de celebrar la vida y la obra de la figura más importante de la Ilustración escocesa, cuya estatura intelectual no ha dejado de crecer y lo ubica como el padre de la filosofía moderna por su demoledora crítica al racionalismo de su época y por su influencia en Kant, a quien despertó de su sueño dogmático. Nacido en Edimburgo, su filosofía representó la cumbre del empirismo inglés y del escepticismo. Sus ideas sobre el conocimiento humano, la causalidad, nuestro yo personal o la primacía de los sentimientos sobre la razón en el análisis de la moral se suman a sus lúcidos ensayos sobre política e infinidad de temas, sin olvidar su aclamada Historia de Inglaterra. No menos importante fue su contribución como precursor de la economía clásica con la publicación de sus nueve ensayos económicos en 1752, que tuvieron gran influencia en Adam Smith (fue su amigo cercano) y en la preparación de La riqueza de las naciones, publicada en 1776. De personalidad afable, reivindicaba el buen vivir y el sentido del humor: sus amigos lo apodaban le Bon David. Su prosa clara y elegante se destaca en sus ensayos y lo convirtió en uno de los grandes escritores británicos. Cabe analizar un aspecto de su obra que ha dado lugar a controversias: su relación con el utilitarismo. Existen autores que ven a Hume como un precursor del utilitarismo tal como lo comenzó a establecer como doctrina moral Jeremy Bentham (1748-1832) y otros que sostienen que su concepción de la utilidad se contrapone a esa doctrina. Para Hume, la meta de toda especulación moral es enseñarnos nuestro deber, y mediante representaciones adecuadas de la fealdad del vicio y de la belleza de la virtud, engendrar en nosotros los hábitos correspondientes que nos lleven a rechazar el uno y abrazar la otra (Investigación sobre los principios de la moral). Con este propósito a la vista, Hume sostuvo que esa especulación no se basa en la razón y defendió que las distinciones morales no se derivan de la razón (Tratado de la naturaleza humana). Si las reglas de la moralidad no son conclusiones de nuestra razón, por contraposición, la tesis clave de su ética es que la moralidad está determinada por el sentimiento. Hume alega que el hecho de que una acción sea buena o mala, o, en sus palabras, virtuosa o viciosa, no se debe a su análisis por la razón, sino por el sentimiento de agrado o desagrado que nos provoca, es decir, por la aprobación que sentimos ante virtudes como la benevolencia, la justicia y la lealtad. Por esta posición, ha sido acusado de antirracionalista. Ahora bien, un defensor del racionalismo ético le podrá preguntar a Hume cómo está seguro de que los sentimientos son una guía segura para fundar una moral universal, siendo que son individuales y subjetivos según cada persona. Para responder, Hume introduce la noción de utilidad. La historia, la experiencia y la razón nos instruyen suficientemente en este progreso natural de los sentimientos humanos y en el gradual ensanchamiento de nuestras consideraciones por la justicia, en la medida en que vayamos familiarizándonos con la vasta utilidad de esta virtud. Por lo mismo, pedía no apartarse demasiado de las máximas de conducta y comportamiento recibidas por una refinada búsqueda de la felicidad o la perfección. Los seres humanos están fuertemente predispuestos a aprobar normas que son útiles para la persona y para la convivencia con los demás: comparten sentimientos comunes que permiten hacer generalizaciones éticas de aplicación universal. La utilidad de estas generalizaciones se comprueba por el éxito obtenido por dicha sociedad para superar los desafíos que ha enfrentado en el pasado. La utilidad social es una medida del éxito en el proceso evolutivo de las sociedades: es el concepto clave de su moral. En la vereda opuesta se inscribe el utilitarismo de Bentham como doctrina normativa, cuya expresión más breve afirma que las acciones éticamente deseables son las que producen la mayor felicidad para el mayor número de personas. Por tanto, lo moralmente correcto se basa en el resultado o consecuencias de las acciones. Esta doctrina se basa en la razón, que entiende es capaz de determinar en abstracto cuáles son esas acciones. En este punto, resulta pertinente apelar al pensamiento de Hayek, que defendió la concepción de la utilidad de Hume frente al utilitarismo de Bentham y terminó de precisar sus diferencias. Hayek no considera que la obra de Hume sea antirracionalista: Si por racionalismo se entiende la pretensión de hacer el mejor uso de la razón, el autor se declara racionalista sin reserva alguna, pero si significa que solo la razón consciente debe determinar nuestro comportamiento, no solo no lo soy, sino que tal tipo de racionalismo me parece muy poco razonable. Y agrega: Una de las funciones de la razón consiste en establecer sus propias limitaciones (Derecho, legislación y libertad). Para mayor abundancia, precisa su crítica al utilitarismo. Denomínase generalmente utilitarismo a la interpretación constructivista de las normas de comportamiento, es decir, sobre bases racionales teóricas. Hayek describe la evolución del término utilidad siguiendo a Hume, que originalmente expresaba que las cosas eran útiles si permitían favorablemente resolver diversas posibles contingencias, destacando la importancia de las necesidades que podían ser satisfechas, hacia una concepción elaborada desde cero según la cual mediante el cálculo de la correspondiente satisfacción o insatisfacción deberá establecerse la máxima cota de felicidad para el mayor número de personas. Hayek agrega que esta concepción benthamiana es inadmisible porque recae en el pecado de todo racionalismo constructivista: pretende superar nuestra insuperable ignorancia de la realidad. Resulta imposible que el teórico utilitarista pueda concebir un sistema de fines deseables para la mayor felicidad de los hombres sobre la base de un análisis racional sin advertir que tal empeño requeriría conocer de antemano un casi infinito número de variables en juego. Para Hayek, las normas morales de comportamiento no han surgido como entes conceptualmente encaminados al logro de un fin concreto. Se han desarrollado porque permiten a aquellos grupos humanos que decidieron adoptarlas prevalecer sobre los que no lo hicieron. Hayek elabora una teoría del derecho y de la libertad, cuyo origen está apegado a la utilidad que ha brindado la adopción de ciertas normas de comportamiento para asegurar el éxito de un grupo humano sobre otro. El hombre resolvió el problema de asegurarse el éxito en un mundo solo parcialmente conocido, adoptando normas que reputaba útiles, pero de cuya certeza, en el sentido cartesiano, nada sabía. En definitiva, el concepto de utilidad de Hume es un antecedente valioso de la teoría que define que la razón no puede construir ex profeso los moldes ideales o utilitaristas de una sociedad y que, por el contrario, es el resultado de un centenario proceso de adopción de normas de comportamiento que proporcionaron resultados útiles y positivos y facilitaron su gradual evolución hacia la sociedad abierta de nuestros días. En la Argentina, sería oportuno rescatar estas ideas que hubieran sido un gran antídoto para todos los experimentos utópicos, especialmente los populistas, que imaginaban una sociedad ideal sin posibilidades reales, y cuyo intento de aplicación generó nuestra penosa involución. Permitamos esta vez que la sociedad argentina se desenvuelva libremente, de acuerdo con reglas de juego a largo plazo, sin la tutela de iluminados que saben qué es lo mejor para cada uno de nosotros.

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