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Parana » Lasexta
Fecha: 13/01/2026 09:48
Resumen IA supervisado El relato de las trabajadoras que acusan a Julio Iglesias de abusos sexuales y condiciones laborales irregulares revela un patrón de comportamiento del artista. Según una investigación de tres años de 'elDiario.es', el ambiente laboral era de acoso y miedo. Rebeca, un nombre ficticio, fue contratada en 2021 como parte del servicio doméstico en la mansión de Iglesias en Punta Cana. Pronto notó que las cosas no eran normales, describiendo un ambiente de dominación y abuso. Detalla cómo fue presionada para participar en actos sexuales no consentidos y cómo sufrió constantes llamadas nocturnas. Finalmente, logró abandonar la casa y fue diagnosticada con ansiedad y depresión. * Resumen supervisado por periodistas. El relato de las trabajadoras que acusan a Julio Iglesias de abusos sexuales, dominación y condiciones de trabajo muy irregulares revela un 'modus operandi' del artista. Según detallan a 'elDiario.es' tras una investigación de tres años, el ambiente de trabajo era de acoso y terror. Rebeca (nombre ficticio) es una de esas jóvenes mujeres que han dado el paso de señalar al cantante. Cuenta que era una joven de barrio, inocente y que Julio Iglesias abusó de esa situación. Tenía 22 años y fue contratada en 2021 como parte del servicio doméstico en la mansión de Julio Iglesias en Punta Cana, República Dominicana. El sueldo eran 25.000 pesos, (350 euros al mes al cambio). Solo habían pasado unas pocas semanas cuando sintió, según explica, que las cosas no eran normales. "Me sentía como un objeto, como una esclava", detalla. Le prometieron un trabajo de ensueño, aunque con el tiempo se arrepiente de no haber sospechado de que le pidieran fotos. Ese era el protocolo, pedir cinco fotografías antes de la entrevista de trabajo. Y una vez pasado ese filtro, llegaban las preguntas privadas. Rebeca asegura que el artista le hizo preguntas con las que se sintió muy incómoda. "¿Te gustan las mujeres? ¿Te gustan los tríos? ¿Te has operado los pechos?", cuenta que se interesó el artista. Esa entrevista era para ser trabajadora doméstica. Trabajó como limpiadora y cocinera en las casas del artista en Punta Cana (República Dominicana) y Lyford Cay (Bahamas). Con el tiempo, las peticiones que no tenían que ver con su trabajo como cocinera o limpiadora fueron aumentando, como darle un masaje de pies. Una mañana, Iglesias le preguntó si era "libre". "Yo inocentemente le dije que sí, porque estaba soltera. Luego me dice: '¿Vienes a mi habitación en la noche?'. Le digo que sí, pero yo no estoy pensando que es para tener sexo", afirma. Después de comer, una de sus jefas, diferente a la que la había contratado, y que escuchó su conversación en la playa, le dijo que Iglesias quería que "se acostasen juntas": "Yo le digo a ella que no lo voy a hacer, que estoy muy nerviosa y que no quiero hacer eso", respondió, a lo que la jefa le espetó: "Lo tienes que hacer, dijiste que sí". "Ella [la jefa] me dice que, si yo quiero, me ponga la mano en la vulva para que ella no me toque. Me ponen en el medio. Dentro de la cama, [la jefa] me besa. Él sabe que estoy incómoda porque hago las instrucciones que me hace [ella], me tapo, estoy avergonzada, y él me jala la mano para que la quite [de delante de la vulva]. Hicieron lo que hicieron y yo me quedé dormida y no recuerdo más", recuerda. A partir de esa noche, la llamaban casi todos los días al acabar su jornada laboral, llamadas "constantes" de las que solo podía descansar "cuando estaba su esposa en Punta Cana o cuando estaba otra señorita con él". "Él penetra [la vagina] con la mano. Nunca me penetró con su pene. Lo hacía muy duro. Nunca me habían hecho eso [...] y me generaba mucho dolor. Cuando él creía que tenía que soltarme, me soltaba. Y entonces, se limpiaba la mano, yo me quitaba y ya", explica. Una de las noches, la mujer denuncia que el artista forzó una penetración anal. "Él me quería hacer sexo anal y le digo que no, que no lo haga. Cuando él me mete los dedos muy dentro, sentí mucho dolor y le dije que no. Él siguió haciéndolo y le dije que no más de cinco veces. Le dije que no porque me dolía, obviamente, y él lo hizo. Me soltó rápidamente y buscó algo para limpiarse las manos", recuerda. "No tenía descanso. Yo deseaba que él se fuera a Miami para poder descansar de él, porque mientras estaba allí [en Punta Cana], siempre era conmigo. Aunque algunas noches me dejaba tranquila. Más tarde supuse que esas noches llamaba a otras chicas. Él siempre me decía que yo era su favorita [...], veía que yo no era la única que estaba pasando por eso, porque comencé a observar el comportamiento de otras chicas", lamenta la extrabajadora. En verano, Iglesias sufrió un ataque de ciática. Durante cinco noches tuvo que permanecer despierta en la noche para 'cuidarle'. "[Una noche] me tuvo durante horas pasándole la lengua por el ano y chupándole el pito para calmarlo porque él sentía mucho dolor y eso lo calmaba. Pasé casi toda la madrugada chupándole sus partes. Cuando yo paraba o me quedaba dormida, él me jalaba la cabeza como para que siga", confiesa. Tras varios intentos infructuosos de abandonar la casa, la mujer consiguió marcharse. Ya fuera de la mansión de Iglesias, la mujer fue diagnosticada de ansiedad y una depresión agravada.
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