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Parana » El Diario
Fecha: 13/01/2026 09:18
La depresión funcional, también denominada en algunos contextos como depresión de alto funcionamiento, es un fenómeno emocional que, aunque cada vez más reconocido socialmente, continúa generando confusión tanto en la población en general como en los ámbitos clínicos. Estudios publicados en las páginas web de la Clínica Mayo y la Clínica de Cleveland coinciden en que la depresión funcional se diferencia de los cuadros de depresión clínica más severos. Ambas instituciones mencionaron que quienes la padecen mantienen su rutina diaria, cumplen responsabilidades laborales o académicas y pueden parecer personas normales o sin mayores problemas. Detrás de esa apariencia de normalidad o productividad, enfrentan un malestar psicológico persistente que deteriora su calidad de vida, argumenta la Clínica Mayo. Asimismo, indicaron que a diferencia de la depresión mayor, definida por criterios diagnósticos específicos del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) y caracterizada por la presencia de síntomas intensos que interfieren de manera significativa con las actividades cotidianas, la depresión funcional no figura actualmente como diagnóstico formal dentro de los sistemas clínicos estándar. No obstante, especialistas y pacientes recurren a este término para describir un patrón de síntomas que, aunque menos incapacitantes en apariencia, son persistentes y afectan el bienestar emocional. Por su parte, la Clínica de Cleveland explica que la depresión de alto funcionamiento permite a una persona cumplir con los requerimientos externos del trabajo o de la familia mientras lidia internamente con síntomas depresivos. En muchos casos, estos individuos enmascaran su malestar emocional para conservar una imagen de normalidad, lo que dificulta el reconocimiento temprano y la búsqueda de ayuda profesional, advirtieron los expertos. ¿Cómo identificar la depresión funcional? Aunque la depresión funcional no es un diagnóstico clínico oficial, sus manifestaciones pueden coincidir con síntomas descritos por la Clínica Mayo para trastornos del estado de ánimo como el trastorno depresivo persistente. Los especialistas mencionaron que identificarla puede resultar complejo, debido a que la persona afectada suele mantener sus actividades diarias, cumplir con obligaciones laborales o académicas y conservar una apariencia de normalidad ante su entorno. Sin embargo, el malestar emocional suele ser constante y prolongado en el tiempo. De acuerdo con la Clínica Mayo, algunos de los signos más frecuentes asociados a este tipo de cuadros incluyen un estado de ánimo bajo que se extiende durante meses o años, sensación persistente de tristeza o vacío, baja autoestima, fatiga crónica, falta de motivación y pérdida de interés o placer en actividades que antes resultaban satisfactorias. La institución médica también advirtió que otros indicios pueden incluir dificultades para concentrarse, irritabilidad, alteraciones del sueño, como insomnio o dormir en exceso; y una percepción negativa de uno mismo, incluso cuando la persona continúa realizando su rutina diaria. Recomendaciones de los expertos Los expertos sugieren que acudir a un profesional de la salud mental permite determinar si los síntomas corresponden a un trastorno depresivo persistente u otra forma de depresión clínica. De acuerdo con la Clínica de Cleveland, un diagnóstico adecuado es clave para definir el tratamiento más apropiado, que puede incluir psicoterapia, medicación o una combinación de ambas, según la gravedad y duración de los síntomas. Mientras que la Clínica Mayo recomienda no afrontar la depresión en soledad. Hablar con personas de confianza, como familiares o amigos, puede ayudar a reducir el aislamiento emocional que suele acompañar estos cuadros. Asimismo, mantener una red de apoyo facilita la identificación de cambios en el estado de ánimo que la propia persona puede pasar por alto. Entre las medidas complementarias, los especialistas destacan la importancia de adoptar hábitos de vida saludables, como mantener rutinas de sueño regulares, realizar actividad física de forma constante y cuidar la alimentación. Estas prácticas no sustituyen el tratamiento médico, pero pueden contribuir a mejorar el estado de ánimo y la energía diaria.
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