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  • Una de las trabajadoras que acusan a Julio Iglesias de agresiones sexuales: "Pasé casi toda la madrugada chupándole sus partes"

    Parana » Lasexta

    Fecha: 13/01/2026 07:34

    Resumen IA supervisado ElDiario.es ha publicado las acusaciones de dos extrabajadoras de Julio Iglesias, quienes denuncian agresiones sexuales por parte del cantante. Una de ellas, de origen dominicano, relata que trabajó en sus mansiones en Punta Cana y Lyford Cay en 2021. Según su testimonio, fue sometida a situaciones incómodas y abusivas, como comentarios inapropiados sobre su cuerpo y tocamientos no consentidos. Las peticiones de índole sexual aumentaron con el tiempo, y la mujer describe episodios de abuso físico y psicológico. * Resumen supervisado por periodistas. 'elDiario.es' recoge este martes las acusaciones de dos extrabajadoras de las mansiones de Julio Iglesias que acusan al cantante de agredirlas sexualmente. Una de ellas cuenta que trabajó como limpiadora y cocinera en las casas del artista en Punta Cana (República Dominicana) y Lyford Cay (Bahamas) en 2021, cuando tenía 22 años. La mujer, de origen dominicano, explica en el citado medio cómo conoció a Julio Iglesias y cómo sus tareas fueron aumentando. Un día, su jefa, la encargada de la gestión de la casa, le pidió que fuese a la playa y se pusiese un bikini. La excusa de la superior fue decirle que tenía que "ayudar" a Iglesias porque "no puede caminar solo". Cuando Iglesias vio a la mujer, que llevaba un pantalón corto y una toalla, le pidieron que se quitase primero la toalla y luego el pantalón. "Hizo el comentario de que yo tenía muy buenos glúteos. Yo me quedo callada, como que no es algo para decir gracias. Cuando me dice que tengo buenos glúteos me siento aún más rara porque para mí no es lo común que un jefe te diga [eso], yo a un jefe lo veo con mucho respeto", opina. Una semana después, Iglesias y su jefa estaban "hablando de los senos" y le preguntaron a ella si quería operárselos. "Él me dice que me quite el brasier y yo [pensé] qué mierda, qué raro. Entonces me dicen [...] es como para verte qué se te puede hacer, algo de estética", explica. Fue entonces cuando Iglesias le tocó los pechos, según detalla, y le dió indicaciones sobre dónde habría que "subir" o qué "hacer" en una cirugía: "No tenía opción de decir que no. Ni siquiera en ese momento pensaba en que podría perder mi trabajo, me sentía como empujada a hacerlo sin decir que no. Es lo que ellos intentaban hacer, como una sumisión de que yo tengo que hacer eso. Él siempre era así". Con el tiempo, las peticiones que no tenían que ver con su trabajo como cocinera o limpiadora fueron aumentando, como darle un masaje de pies. Una mañana, Iglesias le preguntó si era "libre". "Yo inocentemente le dije que sí, porque estaba soltera. Luego me dice: '¿Vienes a mi habitación en la noche?'. Le digo que sí, pero yo no estoy pensando que es para tener sexo", afirma. Después de comer, una de sus jefas, diferente a la que la había contratado, y que escuchó su conversación en la playa, le dijo que Iglesias quería que "se acostasen juntas": "Yo le digo a ella que no lo voy a hacer, que estoy muy nerviosa y que no quiero hacer eso", respondió, a lo que la jefa le espetó: "Lo tienes que hacer, dijiste que sí". "Él me quería hacer sexo anal y le digo que no, que no lo haga" "Ella [la jefa] me dice que, si yo quiero, me ponga la mano en la vulva para que ella no me toque. Me ponen en el medio. Dentro de la cama, [la jefa] me besa. Él sabe que estoy incómoda porque hago las instrucciones que me hace [ella], me tapo, estoy avergonzada, y él me jala la mano para que la quite [de delante de la vulva]. Hicieron lo que hicieron y yo me quedé dormida y no recuerdo más", recuerda. A partir de esa noche, la llamaban casi todos los días al acabar su jornada laboral, llamadas "constantes" de las que solo podía descansar "cuando estaba su esposa en Punta Cana o cuando estaba otra señorita con él". "Él penetra [la vagina] con la mano. Nunca me penetró con su pene. Lo hacía muy duro. Nunca me habían hecho eso [...] y me generaba mucho dolor. Cuando él creía que tenía que soltarme, me soltaba. Y entonces, se limpiaba la mano, yo me quitaba y ya", explica. Una de las noches, la mujer denuncia que el artista forzó una penetración anal. "Él me quería hacer sexo anal y le digo que no, que no lo haga. Cuando él me mete los dedos muy dentro, sentí mucho dolor y le dije que no. Él siguió haciéndolo y le dije que no más de cinco veces. Le dije que no porque me dolía, obviamente, y él lo hizo. Me soltó rápidamente y buscó algo para limpiarse las manos", recuerda. "No tenía descanso. Yo deseaba que él se fuera a Miami para poder descansar de él, porque mientras estaba allí [en Punta Cana], siempre era conmigo. Aunque algunas noches me dejaba tranquila. Más tarde supuse que esas noches llamaba a otras chicas. Él siempre me decía que yo era su favorita [...], veía que yo no era la única que estaba pasando por eso, porque comencé a observar el comportamiento de otras chicas", lamenta la extrabajadora. En verano, Iglesias sufrió un ataque de ciática. Durante cinco noches tuvo que permanecer despierta en la noche para 'cuidarle'. "[Una noche] me tuvo durante horas pasándole la lengua por el ano y chupándole el pito para calmarlo porque él sentía mucho dolor y eso lo calmaba. Pasé casi toda la madrugada chupándole sus partes. Cuando yo paraba o me quedaba dormida, él me jalaba la cabeza como para que siga", confiesa. Tras varios intentos infructuosos de abandonar la casa, la mujer consiguió marcharse. Ya fuera de la mansión de Iglesias, la mujer fue diagnosticada de ansiedad y una depresión agravada.

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