13/01/2026 08:28
13/01/2026 08:28
13/01/2026 08:28
13/01/2026 08:28
13/01/2026 08:26
13/01/2026 08:26
13/01/2026 08:25
13/01/2026 08:25
13/01/2026 08:25
13/01/2026 08:25
Gualeguaychu » Reporte2820
Fecha: 13/01/2026 06:50
A 2 años de la transición, por primera vez se reunen Frigerio con Bordet El gobernador Rogelio Frigerio convocó por primera vez a Gustavo Bordet. El encuentro es el primero que se produce entre ambos, a excepción del que mantuvieron en el período de la transición de gobierno. En tiempos donde la política argentina parece transitar por senderos cada vez más estrechos, dominados por la confrontación permanente, la descalificación del otro y el repliegue identitario, hay gestos que, aun sin grandilocuencia, adquieren una densidad simbólica particular. La convocatoria de Rogelio Frigerio al ex mandatario provincial Gustavo Bordet para una reunión a solas -en su carácter de ex gobernador y no como diputado nacional- se inscribe claramente en esa categoría. Con la aclaración que el propio Bordet ha reiterado en varias oportunidades la necesidad de establecer el diálogo. Para el entorno de ambos dirigentes, no se trata de una foto más ni de un encuentro protocolar: es una señal política que interpela una cultura arraigada y propone, al menos en el plano del gesto, otro modo de hacer política. El encuentro, previsto para este martes a las 12 en el despacho del gobernador, será el primero entre ambos dirigentes desde la transición de gobierno. Ese dato, que podría parecer anecdótico, revela en realidad la profundidad de la novedad. Entre Frigerio y Bordet no hay una historia de enfrentamientos personales ni de agravios públicos. Ambos han sido caracterizados, incluso por sus críticos, como dirigentes de perfil dialoguista. Sin embargo, la dinámica política -marcada por la alternancia abrupta, la lógica de bloques y la presión de los respectivos espacios- había impedido hasta ahora un ámbito de conversación directa y reservada sobre los grandes temas de la Provincia y de la Nación. La aclaración sobre el carácter de la invitación no es menor. Bordet no llega al despacho de Frigerio como representante del bloque de diputados nacionales del Partido Justicialista, que días atrás solicitó formalmente una reunión con el gobernador sin obtener aún una respuesta clara y directa. Llega como ex gobernador de Entre Ríos, es decir, como alguien que conoce en profundidad la maquinaria del Estado provincial, sus límites, sus urgencias y también sus oportunidades. En términos políticos, la decisión de Frigerio supone reconocer un capital de experiencia que trasciende la coyuntura partidaria. En la agenda del encuentro estarán presentes tanto la realidad provincial como el contexto nacional, atravesado por las iniciativas legislativas que impulsa el presidente Javier Milei. La reforma laboral y el impacto fiscal de las medidas económicas -en particular, los fondos que Entre Ríos dejaría de percibir- aparecen como ejes centrales de la conversación. No se trata de asuntos menores ni de debates abstractos: son decisiones que afectan directamente la vida cotidiana de los entrerrianos y la capacidad de gestión del gobierno provincial. El gesto adquiere aún mayor relieve si se lo observa en el marco del regreso de Frigerio a la escena política activa, luego de 23 días de vacaciones y de una presencia pública acotada, limitada a su participación en la 54ª edición del Festival de Jineteada y Folklore de Diamante. Con esta convocatoria, el gobernador retoma el pulso de la agenda política y lo hace, deliberadamente, a través del diálogo con quien lo precedió en el cargo. No deja de ser significativo que la convocatoria haya tomado por sorpresa incluso a colaboradores cercanos del propio Frigerio, quienes desconocían el temario y no tenían precisiones sobre si el encuentro sería estrictamente mano a mano o si se habilitaría la participación de asesores. Ese hermetismo refuerza la idea de un encuentro pensado más como espacio de escucha y reflexión que como una puesta en escena destinada al consumo inmediato de titulares mediáticos. En este punto, resulta inevitable establecer una posibilidad para comenzar a desterrar a la política reducida al marketing, a la confrontación vacía o al descarte del adversario, y abrigar la esperanza de un cambio a favor de la cultura del encuentro: esa que no niega las diferencias, pero las asume como punto de partida para construir algo en común. La reunión entre Frigerio y Bordet parece dialogar con esa perspectiva. No supone la eliminación de las identidades políticas ni la renuncia a los proyectos propios. Tampoco implica acuerdos automáticos o consensos forzados. Pero sí rompe, al menos parcialmente, con la lógica de la grieta entendida como imposibilidad de diálogo. La sociedad entrerriana venía reclamando, de manera más o menos explícita, este tipo de gestos desde el inicio de la actual gestión. No pocos ciudadanos se preguntaban por qué dos dirigentes con trayectorias institucionales sólidas y perfiles moderados no habían encontrado antes un espacio para compartir diagnósticos y perspectivas sobre la provincia. La política, cuando se encierra en sí misma, suele olvidar que su razón última de ser es la vida concreta de las personas y no las meras defensas de trincheras personales. En un contexto nacional signado por la tensión permanente entre el gobierno central y las provincias, y por debates de alta conflictividad social, la posibilidad de que oficialismo y oposición dialoguen en clave institucional adquiere un valor estratégico. Entre Ríos, como muchas otras provincias, enfrenta desafíos estructurales que exceden a una gestión y a un signo político: desarrollo productivo, empleo, infraestructura, financiamiento, inclusión social. Abordarlos requiere algo más que discursos partidarios o sectoriales; exige pensar a largo plazo y resistir la tentación del rédito inmediato. La convocatoria de Frigerio a Bordet no resuelve, por sí sola, esos desafíos. Pero introduce una variable distinta en el tablero: la del reconocimiento mutuo y la del diálogo responsable. En tiempos donde la política parece gritar más de lo que escucha, el simple hecho de sentarse a conversar -a puertas cerradas, sin micrófonos ni escenografías- se vuelve casi disruptivo. Tal vez sea prematuro extraer conclusiones definitivas. Habrá que ver qué deriva concreta tiene este encuentro y si abre un camino sostenido de diálogo institucional o queda como un gesto aislado. Pero, al menos por ahora, la imagen de un gobernador en ejercicio convocando a su antecesor para pensar juntos la provincia ofrece una escena poco habitual en la Argentina reciente. Si este encuentro logra consolidarse como parte de una cultura del encuentro -esa que no renuncia a las convicciones, pero sí a la cancelación del otro-, Entre Ríos podría estar ensayando, modestamente, un modo distinto de hacer política. Y en estos tiempos, aun los gestos modestos pueden ser profundamente transformadores. Fuente: Análisis
Ver noticia original