11/01/2026 16:12
11/01/2026 16:09
11/01/2026 16:09
11/01/2026 16:09
11/01/2026 16:09
11/01/2026 16:09
11/01/2026 16:09
11/01/2026 16:09
11/01/2026 16:09
11/01/2026 16:08
» Clarin
Fecha: 11/01/2026 10:18
Ni él ni ella pudieron siquiera sospecharlo. Argentino, nacido en Paraná, Entre Ríos, radicado en Venezuela, Víctor Daniel miraba por televisión ese fatídico 18 de julio lo que acababa de pasar en su país. El atentado a la AMIA había dejado una secuela de muerte, destrucción e impotencia. En la pantalla, una mujer lloraba sin consuelo: había perdido a su marido, a su hijo, gritaba que se había quedado sola. El hombre tuvo un impulso y empezó a hablarle a la imagen de esa mujer desconocida. Le imploraba que no llorara, que Dios estaba con ella, que iba a salir adelante, que las penas se van cantando, que la vida es un carnaval. Acababa de nacer un himno que atravesaría distancias y geografías para volverse universal. Un himno que le daría la consagración definitiva a Celia Cruz, la voz que lo inmortalizaría. Para eso todavía faltaba. Daniel, que inició su carrera de compositor en Buenos Aires, donde creó temas para novelas de Alberto Migré y películas de Olmedo y Porcel, decidió no lanzar la canción hasta dar con la voz indicada para interpretarla. Fue dos años después, cuando el equipo de Celia Cruz lo contactó en busca de una obra especial para ella, que Daniel decidió presentarle La vida es un carnaval. La cubana la grabó tal como el argentino la había compuesto. Ninguno de los dos imaginaba el fenómeno que acababan de poner en marcha. El albacea de Cruz le contó a la BBC que Celia, que solía visitar Colombia dos o tres veces por año, lo hizo 19 veces sólo en 1999 después del lanzamiento de La vida..., que la revista Rolling Stone ubicó entre las 500 mejores de todos los tiempos. Que alguien encuentre consuelo en una de sus canciones es, para Daniel, el mayor éxito del mundo. Sobre la firma Newsletter Clarín
Ver noticia original