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Gualeguaychu » El Argentino
Fecha: 11/01/2026 07:48
Cada comienzo de año invita a replantear prioridades. Y en un contexto económico desafiante como el argentino, uno de los propósitos más valiosos que muchas personas pueden plantearse para 2026 no es ahorrar más, sino algo previo y más profundo: entrenar el hábito del ahorro como una práctica consciente, sostenida y con sentido. Por Milagros Martínez Garbino* Durante años, el ahorro fue entendido como lo que sobra a fin de mes. El problema es que, para gran parte de la población, eso nunca ocurre. Por eso, pensar el ahorro solo como excedente vuelve casi imposible incorporarlo. Cambiar esa mirada es el primer paso: el ahorro no es una cifra, es un hábito. Y como todo hábito, puede entrenarse. No todas las personas parten del mismo lugar. Hay quienes hoy no llegan a fin de mes, quienes podrían ahorrar pero no lo hacen porque les falta método, y quienes ya ahorran pero necesitan ordenarlo y darle dirección. Para cada uno de estos escenarios, el propósito 2026 adopta un significado distinto. Tres puntos de partida, un mismo camino Para quienes no llegan a fin de mes, el propósito 2026 no es acumular dinero ni alcanzar grandes montos. Es algo más simple y más poderoso: empezar a entrenar el hábito. Separar una pequeña parte del ingreso aunque luego haya que usarla permite instalar el gesto, priorizarse y construir la posibilidad futura de ahorrar. Para quienes podrían ahorrar pero aún no lo hacen, el objetivo del año es incorporar una metodología clara y sostenible: definir un porcentaje posible, separarlo primero antes de gastar y sostenerlo en el tiempo. Para quienes ya ahorran, el desafío de 2026 es ordenar ese ahorro, dejar de tenerlo disperso y empezar a darle propósito: distinguir qué parte está destinada a gastos futuros, cuál a consumos planificados y cuál puede orientarse a inversión para construir patrimonio. En todos los casos, el ahorro deja de ser un resultado azaroso y pasa a ser una decisión. Porque el ahorro no empieza en el bolsillo: empieza en la mirada. Una metodología simple para sostener el propósito La propuesta es sencilla y adaptable a distintas realidades: De todo lo que ingresa, se separa primero un porcentaje fijo para ahorrar. Ese porcentaje no es rígido ni igual para todos. Depende de la etapa de vida, la situación personal y la composición familiar. Lo importante no es el monto inicial, sino la constancia. El hábito vale más que la cifra. Ahorrar primero antes de gastar cambia el orden de las decisiones financieras: el ahorro deja de ser lo que sobra y se convierte en una prioridad. Para aplicarlo en la vida diaria: definir un porcentaje posible hoy separarlo apenas entra el ingreso guardarlo en una cuenta o billetera segura y separada sostenerlo todos los meses. Si el porcentaje puede crecer, se ajusta. Si en algún momento debe reducirse, también. Lo que no se pierde es el hábito. El ahorro también necesita propósito: Una vez instalado el hábito, el siguiente paso es organizar el ahorro según su destino. No todos los ahorros cumplen la misma función. Ahorro para gastos anuales Son gastos que no ocurren todos los meses, pero sí todos los años: cumpleaños, matrículas escolares, mantenimiento del auto. Si no se planifican, desordenan el presupuesto. La lógica es simple: estimar el gasto anual, dividirlo en 12 y apartar una parte todos los meses. Ahorro para consumo futuro Incluye vacaciones, viajes o compras planificadas. No son imprevistos, sino consumos esperados. Por eso conviene mantener este dinero en instrumentos seguros y líquidos, ya que tiene destino y plazo estimado. Ahorro para inversión Es el ahorro que no tiene uso inmediato y puede orientarse a metas de mediano y largo plazo: mejorar la vivienda, cambiar el auto, capitalizarse. En este caso puede asumirse un riesgo calculado, acorde al perfil de cada persona y su horizonte de tiempo. Ahorro e inversión no compiten: cumplen funciones distintas y complementarias. Entrenar el hábito aun cuando cuesta llegar a fin de mes. Para quienes atraviesan mayor presión financiera, el objetivo inicial no es acumular dinero, sino entrenar disciplina económica. El ahorro se separa igual, aunque luego haya que usarlo para completar el mes. El gesto ya ocurrió: se priorizó, se registró y se tomó una decisión consciente. Antes de tocar ese ahorro, se revisan gastos variables, se mensualizan gastos anuales y se reordenan prioridades. El ahorro no es una caja corriente: es un respaldo. Este hábito funciona tanto con ingresos fijos como variables. Cuando el ingreso cambia, el monto ahorrado cambia; el hábito no. Incluso los descuentos y reintegros pueden transformarse en ahorro: el dinero que no se gastó se deriva al circuito correcto. Primero se entrena la disciplina. El capital llega después. Un propósito posible, realista y transformador Incluso en contextos económicos inestables, entrenar el hábito del ahorro: reduce la sensación de desborde permanente fortalece la autonomía devuelve margen de decisión. El propósito financiero para 2026 no es exigirse más, sino empezar distinto. Para algunos será el primer paso. Para otros, ordenar lo que ya hacen. Para muchos, el inicio de un camino hacia mayor estabilidad y construcción de futuro. No se trata solo de ahorrar más. Se trata de ahorrar mejor: con método, con propósito y con sentido. * Economista - Especialista en finanzas personales
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