Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • Pasó de tener un sex shop a decir que habla con animales: Empiezo a sentirlos en mi cuerpo

    » TN

    Fecha: 11/01/2026 05:53

    ¿Qué piensan nuestras mascotas cuando no estamos? ¿Nos extrañan, nos entienden, sienten lo que callamos? Muchas veces esas preguntas aparecen en silencio, sobre todo cuando un animal enferma, cambia de comportamiento o atraviesa una despedida. Para Denise Rodríguez, comunicadora animal, esas inquietudes no son simples proyecciones humanas: son llamados reales de comunicación. La mediumnidad animal trabaja con una premisa central: no se conecta con cuerpos, sino con almas. Desde esa perspectiva, no hay diferencia entre especies ni edades. La información no está en la palabra ni en el síntoma aislado, sino en la memoria profunda que cada ser porta. No importa si es una persona adulta, un bebé o un animal. Lo que reconozco no es el cuerpo, sino el alma y su historia, explica. Leé también: María Vetican, veterinaria: Si tu perro se relame mucho, puede tener un problema estomacal Desde los ocho años, Denise supo, sin palabras, que percibía algo distinto. Veía y sentía seres de otros planos, experiencias que en la infancia le dieron miedo y la llevaron a pensar que todo ocurría solo en su imaginación. Para tranquilizarse, jugaba a escribir y a responderse a sí misma. De hecho, así nació el nombre de su espacio, Holayoconyo: yo hablando conmigo. Años después entendería que aquello no era un juego, sino canalización. El miedo, sin embargo, la fue cerrando por un tiempo. Pero la percepción nunca desapareció del todo, solo quedó silenciada hasta atravesar un momento límite: una cirugía muy grave que la dejó sin ganas de seguir viviendo. No había medicamento ni respuesta. Me entregué. Me rendí, recuerda. Fue a partir de ese punto de quiebre que comenzaron a aparecer señales, formaciones y búsquedas que reabrieron lo que siempre había estado allí: constelaciones familiares, yoga, meditación, trabajo interno. La mediumnidad volvió, esta vez de forma abrupta, consciente e imposible de negar. No lo estudié: esto vino conmigo Durante mucho tiempo no encontró pertenencia. Los cursos y corrientes espirituales no lograban poner en palabras lo que ella vivía. Todo era muy repetido, muy manual. Nada representaba lo que me pasaba, cuenta. Hasta que esa misma voz interna que la acompaña desde chica insistió con un mensaje que debía ser entregado. Al hacerlo, la respuesta fue clara: debía formarse en Registros Akáshicos en Cállipos. Fue sin buscar explicaciones, ni googlear. Y ese mismo día, su profesora le confirmó lo que ella todavía no podía nombrar: era médium y lo iría descubriendo con el tiempo. Desde entonces, su camino tomó forma. Esto no lo estudié. No es un don porque eso implicaría que lo tienen unos pocos. Todos tenemos la capacidad de percibir, pero no todos nos damos el permiso. A mí me llevó 34 años. Conectar con almas, no con cuerpos Cuando intenta explicar su trabajo a quienes no están familiarizados con este mundo, lo hace de la forma más simple posible: conecto con las almas. No se trata de interpretar comportamientos ni de leer signos externos, sino de acceder a una memoria más profunda, que no pertenece al cuerpo físico. Desde esa perspectiva, puede darse con personas adultas, bebés o animales, porque lo que se reconoce es la información del alma, que atraviesa múltiples vidas, planos y experiencias. A su vez, habitar esa forma de percepción implica un nivel de sensibilidad constante. No es una experiencia puntual que se activa y se apaga, sino una manera de estar en el mundo. Al comienzo, esa apertura puede generar saturación y desorden: la conciencia se mueve más rápido que el cuerpo y exige un trabajo interno profundo para poder sostenerla sin desbordarse. Por eso, el acompañamiento, la alineación y el cuidado personal forman parte del proceso tanto como la práctica en sí. Desde ese lugar, su trabajo no busca pertenecer a ninguna corriente específica ni responder a moldes establecidos. Más bien propone una manera singular de escucha, donde la información se recibe sin forzar, sin dirigir y sin intentar encajar en categorías previas. La mediumnidad, entendida así, no es un rol para explicar lo invisible, sino una forma de habilitar que aquello que no pudo decirse en un cuerpo, en un vínculo o en una experiencia encuentre una vía de expresión. Leé también: Qué significa que una persona le hable a los perros, según los veterinarios De hecho, en las asesorías de comunicación animal, Denise no necesita demasiada información previa. Muchas veces alcanza con una foto y un nombre. A veces, ni siquiera eso. Empiezo a sentir en mi propio cuerpo lo que el animal está atravesando, detalla. En la mayoría de los casos, las consultas llegan cuando hay enfermedad o malestar, incluso después de haber pasado por veterinarios y tratamientos. Hay un patrón que se repite con fuerza: en alrededor del 95 % de los casos, lo que el animal expresa está profundamente ligado a su humano. Emociones no dichas, dolores no expresados, tensiones familiares que el sistema no puede nombrar y que el animal encarna a través del comportamiento o la enfermedad. Cuando la comunicación cambia la forma de vincularse Más allá de la teoría, el alcance de este tipo de trabajo se vuelve tangible en las historias concretas. No como relatos extraordinarios, sino como situaciones cotidianas que, al ser escuchadas desde otro plano, modifican vínculos, habilitan la comprensión y alivian tensiones que parecían no tener explicación. Elegir un solo caso es difícil, dice la comunicadora. Entre los que más recuerda aparece el de una gatita que se mostraba entre dos mundos. A través de la comunicación, su humana pudo comprender una sensibilidad asociada al autismo y, a partir de ese entendimiento, modificar por completo la forma de vincularse con ella. No se trató de corregir conductas, sino de leer correctamente cómo esa alma habitaba el entorno. En otro caso, una gata que gritaba de manera constante generaba desconcierto y angustia en su familia. Durante la comunicación apareció su historia: había perdido a sus crías. Las buscaba, las lloraba. Su pedido fue concreto: tres pequeños peluches que simbolizaran a esos hijos. Cuando su humana se los dio, los gritos cesaron. El síntoma dejó de ser necesario una vez que el mensaje fue escuchado. Leé también: ¿La inteligencia artificial nos permitirá entender a los animales? También existen historias simples y profundamente humanas. Como la de un perro anciano que expresó un único deseo antes de partir: meterse en una pileta una vez más. Días después, ese deseo se volvió realidad. El perro estaba ahí, en el agua, tranquilo, sin querer salir. No hubo grandes palabras ni giros dramáticos, solo la posibilidad de acompañar lo que el alma necesitaba cerrar. Sin embargo, uno de los aprendizajes más difíciles fue decidir no acompañar la búsqueda de animales perdidos. En muchos casos el foco estaba solo en que aparecieran, sin preguntarse por qué se fueron o para qué, comenta. Desde su mirada, los animales tienen conciencia y reducir todo a la urgencia humana se vuelve desgastante e irrespetuoso. Comprender y respetar sus propios límites también fue parte del camino. Algo similar ocurre con las preguntas. No cree que existan preguntas prohibidas, pero sí preguntas que ella elige no hacer. Fechas exactas, nombres técnicos de enfermedades o interrogantes que nacen del control mental no forman parte de su ética. Mi trabajo no busca acumular información, sino abrir la comprensión. A veces, lo más amoroso no es preguntar más, sino saber hasta dónde llegar. Al servicio de la vida: una práctica que no fuerza resultados Sus sesiones no parten de una intención previa. No busca forzar resultados. Se dispone a que lo que tenga que suceder, suceda. Desde una mirada que integra la vida y la muerte con el mismo respeto, acompaña como intermediaria entre almas, humanas y animales. Mis sesiones no buscan controlar el destino, lo honran, expresa. Cada encuentro abre un movimiento de amor, de reconocimiento y de conciencia. No son espacios de espectáculo ni curiosidad, sino de escucha profunda. Hoy, su trabajo va más allá de la comunicación animal. Acompaña a personas en coma, bebés en neonatología y familias atravesando situaciones límite. Hay experiencias que elige guardar en silencio. No pasa por hacer, sino por sostener, concluye. Y en esa escucha, quizá, esté la forma más simple y profunda de sanar.

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por