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» TN
Fecha: 11/01/2026 05:53
La marea roja vuelve a ocupar un lugar central en la agenda sanitaria, especialmente durante los meses de verano, cuando aumenta tanto la actividad extractiva como el consumo de productos del mar. Se trata de un fenómeno natural que, bajo determinadas condiciones ambientales, puede comprometer la inocuidad de moluscos y mariscos, impactando de lleno en la cadena alimentaria y en la salud de la población. Leé también: Realizaron la primera exportación de carne de dorado y surubí de piscicultura desde Misiones a Brasil El fenómeno se origina por la proliferación masiva de microalgas tóxicas que se desarrollan cuando confluyen factores como temperaturas elevadas, mayor disponibilidad de nutrientes, niveles adecuados de luz y determinadas condiciones de salinidad. En algunos casos, estas floraciones generan manchas visibles en la superficie del mar. Pero, en otros, no presentan cambios de color, lo que dificulta su detección sin análisis específicos. Un desafío sanitario que atraviesa la producción, la comercialización y la mesa En Argentina, la marea roja se registra con mayor frecuencia en las costas patagónicas, particularmente en Chubut, Río Negro y Tierra del Fuego, y se intensifica entre la primavera y el verano. En ese período, los organismos marinos filtradores, como los moluscos bivalvos y gasterópodos, pueden acumular toxinas al alimentarse de microalgas contaminadas, incorporándolas a la cadena de alimentos. Desde el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) subrayan que el control sanitario es un eslabón clave para garantizar la seguridad de los productos de origen marino. La única manera de determinar si un marisco es apto para el consumo es mediante los análisis de laboratorio realizados por el organismo, ya que no existen diferencias visibles, de sabor ni de olor entre un producto contaminado y uno seguro. Leé también: Argentina incorporó más de 160 mercados para exportar productos del agro durante 2025 Por ese motivo, la trazabilidad y la formalidad comercial resultan fundamentales. El SENASA recomienda no recolectar ni consumir mariscos por cuenta propia y adquirirlos exclusivamente en establecimientos habilitados, donde los productos cuentan con controles bromatológicos y certificaciones sanitarias. Esta práctica no solo protege al consumidor, sino que también resguarda el trabajo de los productores y comercializadores que cumplen con la normativa vigente. Otro aspecto central es el respeto de las zonas de veda. Las autoridades provinciales y municipales informan de manera inmediata cuando se detecta marea roja en un área determinada, suspendiendo la extracción y comercialización hasta que los análisis confirmen condiciones seguras. Estas medidas preventivas permiten cortar el riesgo antes de que el producto llegue al mercado. Leé también: Lluvias oportunas y granizo severo: el clima dejó alivio y daños en pleno verano Desde una mirada agroalimentaria, la marea roja pone en evidencia la importancia de los sistemas de monitoreo, el rol del Estado en los controles sanitarios y la responsabilidad compartida de todos los actores de la cadena. La inocuidad no se define solo en el punto de venta, sino desde el origen del alimento hasta su consumo final. Ante la aparición de síntomas como hormigueo, dificultad para hablar o respirar, náuseas o vómitos tras la ingesta de mariscos, se recomienda acudir de inmediato a un centro de salud. Pero, sobre todo, la clave está en la prevención: informarse, respetar las vedas y elegir productos controlados permite que los alimentos del mar sigan siendo una opción segura y de calidad en la mesa de los argentinos.
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