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  • Tras la euforia por la caída de Maduro, la diáspora venezolana ahora se plantea cuándo habrá condiciones para volver

    » La Nacion

    Fecha: 10/01/2026 11:42

    Tras la euforia por la caída de Maduro, la diáspora venezolana ahora se plantea cuándo habrá condiciones para volver Pasada la euforia inicial por la captura de Nicolás Maduro, los millones de migrantes expulsados por su catastrófico gobierno comienzan a entrever las chances de encarar la vuelta y ayudar a reconstruir un país dinamitado por años de dictadura chavista. Son casi ocho millones los venezolanos en la diáspora, la mayoría emigrados desde la entrada de Maduro al poder, una cifra récord en el mundo que pobló las rutas latinoamericanas de seres trashumantes escapados del infierno en modo supervivencia. Fueron recalando en Colombia, Ecuador, Perú, Chile, la Argentina. Otros viajaron a Estados Unidos y también a España. Los que puedan, cuando puedan, quieren volver sobre sus pasos y echar anclas de una vez y para siempre, recobrando los aromas de la tierra y el afecto de los suyos. Saben que la situación política sigue en veremos y que la situación social es de una calamidad inverosímil. Pero aun así tienen el deseo de regresar. Para Miguel Ángel Martínez, abogado y comunicador de 30 años que lleva nueve en la Argentina, el simple hecho de que haya un poco de justicia luego de tanto dolor generado e impunidad, es extraordinario para nosotros. Los chavistas, hasta la noche del 2 de enero, se pensaban intocables dentro de Venezuela. Ese resquicio de justicia, esa ventana de oportunidad, le permite ilusionarse. Volver a medida que van pasando los años y la vida se asienta, es cada vez más complejo. En mi caso, en el exilio armé una familia. Me casé con una argentina, tenemos una hija porteña. Pero en casa siempre se ha sabido que mi anhelo siempre ha sido volver. Quiero ser parte de la reconstrucción, creo que Venezuela tiene mucho potencial para poder hacer cosas, explicó a LA NACION. Su intención es colaborar con la reinserción de los venezolanos en el extranjero, poder ayudar con las políticas de incentivo para el retorno y la cooperación para el desarrollo. Pero asegura que sin un proceso de transición no tiene caso plantearse el regreso. La transición democrática como condición para la vuelta, así como la voluntad de ayudar a la reconstrucción surgen en tándem entre los exiliados. Conmueve la confianza en levantar el país cuando el chavismo se desbande definitivamente, cosa que ven difícil pero no imposible como hasta hace una semana. Sostienen la convicción de que la salida de los corruptos bolivarianos abrirá el camino para sacar a Venezuela del fondo de la tabla. Volver siempre ha sido una opción Para mí volver a Venezuela siempre ha sido una opción. Yo nunca la he descartado por completo y obviamente saber que estamos un paso más cerca de la libertad, claramente hace más posible que esta decisión se pueda tomar. Volver a la tierra de uno, ejercer la profesión de uno y hacer país. Pero de nada sirve intentar salvar un país que está hundido en la injusticia, en la miseria humana, en la corrupción, porque nades cuanto nades nunca vas a llegar a la orilla, nunca vas a ayudar al país a salir adelante, dijo a LA NACION Tomás Bautista, exiliado de 36 años que vive en Canadá. Bautista es ingeniero industrial y adquirió en el exilio el expertise de liderar proyectos tecnológicos. Desde esa práctica espera contribuir al renacimiento de Venezuela, a la que ve con capacidad, una vez liberada del lastre chavista, de ponerse a la vanguardia, cambiando la vetusta revolución bolivariana por la revolución tecnológica. Creo que la estabilidad, saber que hay un gobierno que está a favor de la eliminación de la corrupción y la reconstrucción de Venezuela es clave para ya decidir con certeza volver, hacer país y aplicar estas habilidades que hemos aprendido en el extranjero, señaló. Un repaso a la situación social refleja el desastre que encontrarán los exiliados. La industria es inexistente y la inflación es galopante. La gran mayoría de la población no alcanza a cubrir las necesidades básicas de alimentación, salud y educación. Cuando no falta comida, falta agua, y cuando no falta agua, se va la luz. A veces todo al mismo tiempo. Casi el 82% de la población vive en situación de pobreza y el 53% de pobreza extrema. El 57% de los hospitales carecen de suministro constante de agua en servicios como urgencias, cuidados intensivos y quirófanos. También hay escasez de suministros médicos. No se esperaba más si la principal fuente de ingresos de Venezuela, la producción petrolera, tuvo una caída del 82,9% desde 2013, el año de la llegada estelar de Maduro, gracias a una pésima gestión de los recursos. Fue tan mala que no tiene igual en la historia desde que el primer chorro de crudo brotó de las entrañas de la tierra. Venezuela está en el puesto 143 de los 143 países censados por el World Justice Project sobre Estado de derecho, es decir la separación de poderes y el gobierno de la ley. Se cae del ranking. Las violaciones de los derechos humanos, rasgo distintivo del régimen chavista, son regularmente denunciadas por la ONU y otras organizaciones, mientras en las zonas fronterizas campean viejos guerrilleros colombianos, hordas de bandidos con la venia del chavismo. Una gota de esperanza Álvaro Hurtado, ingeniero informático de 39 años, lleva diez años en Chile y en algunos otros países, según contó a LA NACION. Obviamente está ese poco de esperanza, esa gota de esperanza que veíamos muy lejos. Llegó así de sorpresa como el Año Nuevo y te hace sentir muy bien. Pero siendo honesto conmigo mismo, sé que estamos muy lejos de poder decir voy a volver o que me veo viviendo otra vez en Venezuela. No digo que no vaya de viaje, de visita, estar allá un tiempo, pero todo el mal que existía en el país, en el pasado, existe todavía. Está toda la cúpula del mal aún en el poder y hasta que eso no salga, obviamente la gente de bien no puede volver así. Aunque suena duro, es cierto, precisó. Quizás vaya cuando me retire o me jubile. Mariangel Navas, activista de derechos humanos exiliada en España, se ve más cerca de Venezuela que antes del 3 de enero. Pero quiere voluntad real de que la gente pueda salir a las calles sin miedo y poder expresarse sin el terror de ser perseguidos, hostigados, encarcelados o quizás torturados, desaparecidos por la tiranía. Los chavistas parecieron dar un primer paso con el anuncio el jueves de la liberación de un número importante de presos políticos, pero con el correr de los días solo salió un puñado. Algunos son más optimistas que otros acerca de la transición y el desarrollo. Miguel Ángel Martínez, entre los más optimistas, reconoce sin embargo el largo recorrido a la vista, la cuesta a remontar: Somos un país con el potencial para ser un hub energético para la región, sin embargo, el chavismo lo ha convertido en el hub del crimen transnacional. ¿Se puede hacer algo para acelerar el fin de la dictadura y que los perseguidos y encarcelados sean los jerarcas chavistas en vez del pueblo venezolano? Los emigrados saben que para que caiga la fruta, hay que sacudir el árbol. Y que no es cuestión de sentarse a esperar a que Estados Unidos decida todo. Quieren, pueden y deben incidir en los acontecimientos. La caída de Maduro es un gran aliento para todos los que estamos fuera porque estamos viendo que por fin se hace justicia. Lo que añoramos es que este hecho justamente permita un proceso de transición hacia la democracia que en definitiva nos permita volver. Creo que las fuerzas democráticas y los venezolanos que estamos dentro y fuera de Venezuela vamos a insistir para que eso ocurra, dijo desde Estados Unidos Charbel Najm, de 33 años. Najm es cofundador director ejecutivo de la organización civil Alianza por Venezuela, que se dedica a promover los derechos humanos y la defensa de la democracia en Venezuela y apoyar a los migrantes en toda la región americana. Su mensaje se asocia al de María Corina Machado. La líder opositora exhortó tras la caída de Maduro a todos los venezolanos a mantenerse vigilantes, activos y organizados, y convocó a los que viven afuera a movilizarse y a presionar a gobiernos y ciudadanos del mundo para respaldar la transición. Una transición que nos necesita a todos.

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