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Fecha: 10/01/2026 06:58
Soy una chica con rulos, dice Malena Fama con determinación y a modo de introducción, mientras se adivina en su hablar una timidez que irá cediendo a medida que avance la charla y el entusiasmo por lo que hace le gane al cuerpo entero. Se trata de una definición que reconoce un sentido menos estético que político. Durante toda mi infancia le pidieron a mi mamá que me ordene el pelo, que me ordene la cabeza para adaptarme al entorno. Ahora que soy grande y puedo decidir, elijo no adaptarme a la idea de que sea normal que haya tanta gente pasándola mal, confía. Leé también: Dejó el mundo de la moda, enviudó y transformó el dolor en amor: fundó dos hogares para decenas de chicos Para quienes no la conocen, una presentación un poco más formal diría que Malena tiene 42 años, que se crio en el seno de una familia de clase media de San Miguel -donde no sobraba ni faltaba nada- y que hoy es la cara detrás de Fundación Multipolar, una organización que nació hace más de una década con una misión clara: brindar herramientas para que aquellos que lo han perdido casi todo -entendiendo por todo una casa, un lugar donde dormir, darse una ducha o comer- puedan volver a ser dueños de su destino a través del empleo. La crisis puede ser la mejor enseñanza Su vocación llegó de manera fortuita, de la mano de la crisis de 2001, que como a otros tantos hogares argentinos, golpeó de lleno a su familia. Su padre, exempleado de SEGBA (Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires), se había acogido a un retiro voluntario tras la privatización de la empresa, y como tantos otros, en un abrir y cerrar de ojos vio cómo sus ahorros quedaban atrapados en el corralito. La vida tal y como la conocíamos cambió para siempre, cuenta. Mi viejo estaba sin trabajo y yo, que pensaba estudiar turismo en una universidad privada, terminé anotándome en la UBA, porque era pública, no había que pagar y tenía que estudiar algo, recuerda. Entonces, comenzó la carrera de Comunicación Social, sellando así su ingreso a la Facultad de Ciencias Sociales, un lugar donde, le explotó la cabeza, por el fuerte contraste que vivió con respecto a su educación previa en un colegio confesional. Pero el aprendizaje más fuerte fue el de ver a su padre, un hombre de 57 años, ir cambiando día tras día ante una realidad cada vez más adversa. Yo lo ayudaba a buscar laburo con lo que había aprendido en el secundario. Después empezaron a venir sus amigos, porque a casi todos los habían echado. Fue una escuela fuerte y vivencial: nadie me enseñó qué hacer cuando un tipo de su edad se ponía a llorar porque sentía que ya no servía para nada, relata Malena. Solo una vez el papá de Malena volvió a recuperar el brillo en los ojos. Fue cuando consiguió una suplencia como chofer en la escuela donde trabajaba su mamá. Y así, Malena descubrió que el trabajo no solo ordena la economía, sino que también es capaz de devolver la dignidad, la esperanza, la alegría y hasta el brillo a los ojos. De preceptora a crear un puente con el mundo empresarial Antes de fundar Multipolar, Malena trabajó como preceptora en una escuela muy humilde de José C. Paz. Allí, los alumnos le pedían consejos para ayudar a sus familias a parar la olla. Por entonces, y en pos de acompañarlos, se anotó en unos cursos sobre emprendedurismo que se dictaban en la Unión Industrial, pero no para emprender, sino para ayudar a otros a hacerlo. Y así, comenzó a vincularse también con jóvenes empresarios y a vislumbrar la idea de conectar a unos, con otros. Leé también: Sufrió dos pérdidas que la marcaron y creó la primera ONG para acompañar a los que atraviesan un duelo Fue en ese cruce de dos mundos donde detectó que en general las ONGs tradicionales aplican herramientas de clase media a pibes que estaban caídos del mapa, usuarios de paco o gente en situación de calle extrema. Me di cuenta de que hacía falta un abordaje distinto. Así es como en 2011 decide, junto a su entonces pareja, Nahuel, fundar Multipolar. Ni comida, ni ropa: trabajo Lo que nosotros hacemos no es ir a buscar a la gente a su colchón. El laburo y la calle tienen que estar separados. Si alguien viene a la fundación es porque tiene la voluntad de intentar algo distinto, y por ende, necesita una situación de base mínima, o sea, primero tiene que haber una intervención de otro tipo, explica Malena. Bajo esta premisa, y a lo largo de los años, además de generar sus propios emprendimientos, se especializaron en lo que Malena denomina entrenamiento laboral rentado, un esquema de funcionamiento a través del cual buscan insertar a las personas en las cadenas de valor de grandes empresas. Y así, por ejemplo, fueron convirtiéndose en proveedores de vallas de seguridad para grandes empresas o brindan servicios de asistencia en eventos corporativos en hoteles de lujo. Yo no voy a financiar la fundación vendiendo lamparitas, ni una persona va a salir de la calle si no gana lo suficiente para pagarse un hotel o una habitación, afirma dando cuenta de que la planificación, las estrategias y la profesionalización son la base sobre la que descansa la solidaridad en estos tiempos. Por eso, además de recibirse de comunicadora -carrera que dejó trunca tras la muerte de su padre, en 2012- se formó como consejera en adicciones y actualmente estudia psiquiatría. Historias que valen una vida Desde sus inicios ya pasaron por Multipolar cerca de 7000 personas, 300 son las que lograron una inserción total y estable con un impacto enorme en su propia dignidad. De entre todos los casos, Malena se detiene en el de un estudiante de la Licenciatura en Economía de la universidad pública que, tras la muerte de su familia, quedó viviendo en un estado de abandono total, en su propia casa, pero sin servicios que le permitieran contar siquiera con hábitos básicos de higiene y alimentación. Tras meses de acompañamiento de nuestro equipo de terapia ocupacional y psicología, logramos que se bañara, por ejemplo. Para él, desanudar lo que tenía en la cabeza para poder higienizarse fue una victoria enorme, dice, y por supuesto le cambió la vida. O en el de aquel hombre que pasó un tiempo en la cárcel por una injusticia y no podía recuperar su vida tras salir en libertad. A través de talleres de coaching adaptados, logró destrabar sus miedos y terminó trabajando en la acreditación de eventos en hoteles cinco estrellas. Se vio a sí mismo en un lugar donde nunca creyó que podía estar, dice Malena. El rol de acompañar Malena dice que lo suyo es acompañar. El laburo lo hacen ellos y les cuesta muchísimo. Nosotros somos buenos en lo que proponemos, pero la decisión es de ellos, confiesa Leé también: Pidieron una ley para morir con dignidad y no llegaron a verla: sus familias continúan el reclamo Con sedes en Capital Federal y Villa Ballester, Fundación Multipolar sigue creciendo bajo la premisa de que la solidaridad no es solo amor, sino también estrategia y oportunidades reales. Mientras tanto, la chica con rulos sigue desordenando las estructuras de este mundo complejo y convulsionado, convencida de que el trabajo es el único puente firme hacia el progreso y la verdadera libertad.
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