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» TN
Fecha: 10/01/2026 05:42
Noviembre de 2023. Aquella mañana Julieta (25) caminaba los pasillos de un hotel céntrico en La Falda, provincia de Córdoba, en busca de clientes. Llevaba días ofreciendo anillos y pulseras de bijouterie a los contingentes de jubilados que llegaban para disfrutar de las sierras. Entre el murmullo de las señoras y el ajetreo de las valijas, apareció él: no era el típico turista, tenía gorra, lentes oscuros, una musculosa que dejaba ver brazos trabajados y una piel curtida por los tatuajes. Yo pensé que era el coordinador del grupo, recuerda Julieta hoy, instalada en su casa de Villa Allende junto al hombre que, dos años después, se convirtió en su esposo. Me llamó la atención apenas lo vi. Siempre me gustaron los hombres mayores, pero él tenía algo distinto. Dije: Está en mi rango. Leé también: Tiene 81 años, es jubilado y vende manzanitas para llegar a fin de mes: No pido plata, solo alimentos Charly (68) la vio venir y no dudó. El exgerente de una planta nuclear y apasionado de la filosofía estoica, entendió que el no ya lo tenía asegurado. Se acercó a la mesa de bijouterie con la excusa de comprar algo y estiró la charla lo más que pudo. Antes de que ella se fuera, lanzó la invitación: ¿A la noche hacés algo?. Julieta, con la seguridad de quien sabe lo que quiere, le redobló la apuesta: Si querés, nos tomamos unos tragos. Esa noche caminaron por el centro de La Falda bajo las luces de la ciudad. Hablaron durante tres horas sin parar. Hubo química, risas y una admiración intelectual que Julieta no encontraba en los chicos de su edad. Él me chamuyó mucho, confiesa entre risas. Al salir del bar, caminaron hacia el casino. En la vereda de enfrente, el edificio del Registro Civil de La Falda se erguía silencioso. Fue allí, frente a la puerta de madera en la que se firman los destinos legales, donde se dieron el primer beso. En ese mismo lugar, dos años más tarde, nos estábamos casando, relata Charly con la emoción de quien siente que el universo le dio un guiño. Al día siguiente, Charly volvió a Villa Allende y Julieta se quedó en La Falda. Durante cinco días se escribieron sin pausa. El fin de semana siguiente, él regresó a las sierras para verla y terminó quedándose dos noches en su casa. El 19 de noviembre de 2023, el día del balotaje presidencial, se pusieron de novios oficialmente. Para Charly, militante peronista, el triunfo de la oposición en las urnas pasó a un segundo plano: A las once de la noche escuchamos los bocinazos y nos enteramos quién había ganado. Yo estaba en el cielo, no me importaba nada más que estar con ella. Para Julieta, la atracción por Charly fue un proceso que escaló del impacto visual a una profunda fascinación intelectual. Me encantó su energía; apenas lo vi me atrajo físicamente porque estaba todo tatuado y se lo veía muy bien, pero después me cerró todo cuando lo conocí, explica ella con convicción. Lo que terminó de sellar su enamoramiento fue la posibilidad de encontrar un par con quien compartir conversaciones de alto vuelo: Yo necesito sentir admiración por la persona que tengo al lado. Con un chico de mi edad siento que no me va a enseñar nada, en cambio a Charly lo escucho y aprendo de sus conocimientos, de su vida y de su vuelo intelectual. Eso es lo que realmente me enamoró. Charly, por su parte, reconoce que aunque la belleza de Julieta lo impactó aquel lunes en el hotel, hubo un detalle místico que le indicó que ella era la mujer indicada. Cuando nos pasamos el WhatsApp y vi que su frase de perfil era Cumple sus sueños quien resiste, la frase de Ricardo Iorio, dije: Es ella, no busquemos más, relata con entusiasmo. Para él, el vínculo trasciende lo generacional porque encontró una compañera que lo deslumbra: Estoy con ella porque encontré a la mujer de mi vida, así de simple. Tiene una madurez y una independencia que no encontré en nadie más. Un suegro 15 años menor y el peso de la mirada ajena La diferencia de edad de 43 años no pasó desapercibida. El padre de Julieta tiene 54 años; su madre, 44. Charly, con 68, es más grande que ambos. Mi límite siempre había sido los 55 años, pero con Charly me pasé de la raya, admite ella. El primer encuentro familiar fue el 31 de diciembre de aquel año. Charly llegó a la casa de su suegro con un cordero y dos botellas de vino de alta gama para impresionar un poquito. La tensión se rompió con honestidad brutal. Le dije a Rolando, mi suegro: Si yo tuviera una hija de 23 y me la trae un viejo de 66, lo cago a palos. Se empezó a reír y desde ahí somos amigos, cuenta Charly. Sin embargo, el afuera es más cruel. En TikTok, donde Julieta comparte videos de su vida cotidiana, los comentarios suelen ser dardos cargados de prejuicios. Me dicen que le voy a cambiar los pañales o que estoy con él por la plata, cuenta ella. Me da lástima la gente que se guía por los prejuicios. Es liberador vivir la vida que uno elige y no la que otros dicen que deberías elegir, explica Julieta. Charly, por su parte, recurre a Meditaciones, el clásico libro de Marco Aurelio: Yo aplico el estoicismo. O como decimos acá en Córdoba: Che culiao, me chupa un huevo. Vivir el hoy sin miedo al mañana Hoy, la rutina en Villa Allende es la de cualquier matrimonio. Él se dedica a las criptomonedas y ella a sus emprendimientos comerciales. Comparten el gusto por el rock nacional, la filosofía y las charlas profundas. Charly, que tiene dos hijos de 44 y 41 años, asegura que casarse fue una decisión suya para darle seguridad a Julieta. Quiero que el día que yo no esté, ella tenga mi pensión y esté protegida, dice. Julieta no esquiva la pregunta sobre el futuro y el envejecimiento de su marido: Mucha gente me dice que me voy a desgastar cuidándolo. Pero la vida es hoy. Yo podría estar con alguien de mi edad y que mañana le pase algo. No me voy a privar de este amor por miedo a lo que todavía no pasó. Quiero estar a su lado hasta el último día. Mientras tanto, en la tranquilidad de su casa, se ríen de los roces de la convivencia y de las diferencias generacionales. Si te gusta el durazno, bancate la pelusa, bromea Charly.
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