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» TN
Fecha: 10/01/2026 05:33
El 2026 arrancó como todos los años, con un enero en el que todos se proponen continuar metas incompletas y sumar algunas nuevas: desde objetivos simples como empezar el gimnasio, hacer un deporte nuevo o viajar, hasta decisiones más complejas como independizarse, poner un emprendimiento o abandonar malos hábitos. Leé también: Cómo será enero de 2026 para cada signo del horóscopo chino: las predicciones TN salió a la calle para entrevistar a distintas personas para conocer cuáles son sus objetivos para el 2026. Allí, las respuestas fueron de las más diversas: entre poner un emprendimiento, priorizar la salud, poder tomarse vacaciones, conocer el mar, lograr hábitos más saludables hasta conseguir la casa propia. Pero, ¿qué pasa cuando no se cumple lo que uno establece? La psicóloga Romina Halbwirth (MN 26252) explicó que el comienzo de año puede sentirse como una hoja en blanco, una oportunidad simbólica para empezar de nuevo, y que no siempre significa que el 1° de enero tenga algo mágico, sino que los seres humanos necesitamos marcar ciclos, cierres y comienzos para darle sentido a lo vivido. Esa hoja a la que Halbwirth se refiere está en blanco para ser llenada de todo lo que uno quiera: objetivos, posibilidades, sueños y manifestaciones. Sin embargo, no se recomienda aferrarse rígidamente a ella como si fuera un mandamiento tallado en piedra, sino mantenerla como un borrador sujeto a cambios. Porque puede modificarse por factores externos o internos. ¿Borrón y cuenta nueva? La especialista aconseja, pero al mismo tiempo advierte, sobre los cambios psicológicos que cualquier ser humano atraviesa en estas épocas: Emocionalmente, arrancar el año suele activar dos movimientos al mismo tiempo: ilusión y presión. Por un lado, está la sensación de posibilidad y, por el otro, una expectativa silenciosa de que esta vez sí tenemos claridad, energía y motivación. Pero no siempre es así. A veces el año empieza y nosotros todavía estamos aterrizando, explicó Halbwirth. Una de las prácticas que se volvió habitual es el vision board (un tablero de visión o inspiración), un collage visual de imágenes, palabras y frases que representan las metas y aspiraciones personales. Socialmente, suele percibirse como una herramienta de manifestación y enfoque que ayuda a alcanzar lo que uno desea en distintos ámbitos de la vida: salud, profesión, amor o crecimiento personal. Romina recomienda y, a la vez, pone reparos en el uso de esa práctica. Cuando una lista de objetivos o un vision board funciona como inspiración, puede ser una herramienta muy valiosa, remarcó. Pueden ayudar a ordenar deseos, poner en palabras lo que se quiere explorar y trazar una posible hoja de ruta. Pero también esconden un riesgo. El problema aparece cuando deja de ser una brújula y se convierte en una regla, porque no es lo mismo usar los objetivos como motor que como látigo, diferenció. El riesgo no está en escribir lo que uno quiere, sino en transformar esa lista en una exigencia. Cuando los objetivos empiezan a vivirse como debería lograr, tendría que haber conseguido o si no cumplo, fracasé, dejan de motivar y generan ansiedad, frustración y, en algunos casos, parálisis. El problema no es el vision board, sino cuando esa lista se transforma en un recordatorio permanente de lo que todavía uno no es. Leé también: Qué buena noticia tendrás en enero de 2026, según tu mes de nacimiento Desde la psicología es clave diferenciar dos posiciones muy distintas: los objetivos como estímulo y los objetivos como exigencia, explicó Romina, quien divide las metas en dos tipos. Los primeros habilitan el movimiento (orientan, inspiran y ordenan); los segundos suelen producir abandono temprano o una sensación constante de insuficiencia. Una buena pregunta no es solo ¿qué quiero lograr este año?, sino ¿cómo me vinculo emocionalmente con eso que quiero?, aseguró. La especialista también recomendó una guía de preguntas para pensar los objetivos: Una lista puede ser muy potente si se plantea como exploración y no como contrato rígido. Algunas de ellas son: - ¿Qué quiero? - ¿Para qué lo quiero? - ¿Qué necesito para acercarme a eso? - ¿Dónde podría conseguirlo o aprenderlo? - ¿Cuánto tiempo estimativo me llevaría? No están pensadas para exigir resultados perfectos, sino para ordenar el deseo y hacerlo más consciente. Funcionan como un mapa provisorio, no una sentencia: Porque si el 31 de diciembre del año siguiente esa lista se convierte en juicio, entonces algo del proceso se pierde, concluyó. Las claves, simples, pero profundas, para arrancar el año sin sumar más presión son: empezar con un objetivo chico (sin exigir inmediatez), pensar las metas como un borrador, registrar procesos internos no solo resultados visibles y, sobre todo, cambiar el chip de ¿qué tengo que lograr?, por ¿cómo quiero transitar este año?. Para Romina, arrancar el año no significa acelerar a fondo. A veces implica aflojar la expectativa y escuchar desde dónde se está empezando genuinamente. El inicio de un año no pide perfección, pide honestidad emocional. Una vez comprendida esa premisa, recién entonces se puede empezar.
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