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» Clarin
Fecha: 08/01/2026 20:55
Quizás el fin de un año electoral interminable y la llegada del verano y de las vacaciones contribuyan al actual estado de indolencia y apatía política. Quizás no. La situación incierta de Venezuela tras el descabezamiento del régimen chavista con la captura de Nicolás Maduro concentra la información internacional. En el plano local, se avizora una pulseada en el Congreso con el tratamiento de un proyecto que siempre ha sido polémico, como el de la reforma laboral. Sin embargo, hay un denominador común. Donald Trump y Javier Milei posan en la cima, sobre un orden mundial y nacional en crisis: descrédito de las instituciones, representaciones políticas, empresariales y sociales cuestionadas, y una oposición débil y atomizada. Si el derecho internacional no impide que me torturen en el Helicoide -el centro de represión del régimen chavista- pero sí permite que siga gobernando Maduro, entonces el derecho internacional no sirve de nada, fue la reflexión que se viralizó en las redes sociales para justificar la operación de fuerzas norteamericanas en territorio venezolano. Esa exhortación, probablemente, hoy sea miles de veces más efectiva que una decena de hábiles exposiciones diplomáticas ante cualquier foro internacional. Trump y Milei detestan a los organismos internacionales. Ante el Foro de Davos, el mandatario argentino, en el inicio del 2025, criticó con dureza a las Naciones Unidas por haberse alejado de los objetivos para lo que fue creada, por su discurso socialista o "woke" y por albergar a burócratas internacionales que pretenden, dijo, imponer a los países un estilo de vida. El líder republicano acaba de ordenar este jueves, el retiro de las delegaciones de Estados Unidos ante más de 60 organismos internacionales, la mitad de ellos, dependientes de Naciones Unidas. El argumento de Trump fue que estas instituciones son "innecesarias", "derrochadoras" y son una "amenaza" para los intereses de la Casa Blanca. La ONU, la Organización de Estados Americanos o la Organización Mundial de la Salud, por citar algunos foros emblemáticos, se han convertido en edificios ocupados por funcionarios de distintos países cada vez más cuestionados por su labor, por permitir y convivir con las inequidades y por sus sueldos. El Mercosur integra esa lista. Creado hace un cuarto de siglo, nunca logró atravesar las diferencias ideológicas de sus miembros y ha quedado congelado en el tiempo como un mero bloque comercial, sin poder de negociación ni poder político en la región, que hace décadas carga con un frustrado acuerdo con la Unión Europea. De allí los intentos, primero de Uruguay a través del expresidente Lacalle Pou, y recientemente de Milei, de despegarse y avanzar en algún acuerdo de comercio bilateral con otros países. Nada más se ha sabido del tratado, que parecía inminente, entre Buenos Aires y Washington. A imagen de Trump, en la Argentina, representaciones empresariales de sectores como la industria, la construcción o los bancos, han perdido preponderancia; los sindicatos, entre patrimonios inexplicables y casi la mitad de los trabajadores precarizados, carecen del peso político que ostentaban en los '80 o los '90. Y los partidos políticos se han convertido en espacios personalistas, salvo excepciones, sin lineamientos ni propuestas claras. Atrapados en una grieta que pasó de la lógica kirchnerismo-antikirchnerismo, a la de mileísmo-antimileísmo. Con instituciones con alta imagen negativa -Partidos políticos, Poder Judicial, Congreso, sindicatos- la principal rival de Milei es una expresidente presa por corrupción, que aún debe afrontar otros juicios. ¿Será sólo la apatía de un verano poselectoral? Sobre la firma Newsletter Clarín
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