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» Clarin
Fecha: 08/01/2026 16:33
Desde hace algunos años, muchos países están obstaculizando flujos de comercio internacional (no siempre por razones comerciales). Coetáneamente, acontecimientos militares o terroristas afectan el funcionamiento de cadenas internacionales de valor, sobrerregulaciones en ciertos mercados motivadas por razones no económicas (por ejemplo, ambientales) rigidizan intercambios y la crisis de organismos multilaterales debilita la institucionalidad internacional. Todo ello genera un ámbito planetario menos favorable para el desarrollo de negocios internacionales. Pero los tiempos de cambio son muy profundos. Y una manifestación de ello es lo que acaba de publicar la UNCTAD (Oficina de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo). Dice el organismo que (pese a que Estados Unidos está logrando reducir su déficit comercial -y así afecta a algunos de sus proveedores-) el comercio mundial (bienes y servicios) entre todos los países -según sus proyecciones- habrá superado en 2025 los 35 billones de dólares por primera vez en la historia; lo que es efecto de un aumento de unos 2,2 billones de dólares y alrededor del 7%, en comparación con 2024. Efectivamente, está ocurriendo algo diferente: ante algunas políticas restrictivas en ciertos países, los flujos totales de negocios de todas maneras aumentan en el planeta. ¿Por qué ocurre este fenómeno? En primer lugar, el gran motor del fenómeno estuvo en el comercio entre economías en desarrollo conocido como comercio Sur-Sur, que se expandió alrededor del 8% en los últimos cuatro trimestres, mostrando una creciente resiliencia en las regiones en desarrollo (que han estado menos afectadas por problemas como la guerra arancelaria). Se observan, al respecto, casos destacados como el alza de las exportaciones de Asia Oriental, que registraron el mayor crecimiento en los últimos cuatro trimestres (9%), con una suba del comercio intrarregional del 10% (mientras, el comercio en América del Norte y en Europa ha evolucionado menos intensamente). En segundo lugar, la notable revolución tecnológica se consolida a partir de un mundo con super-conexiones que ya no pueden evitar la supranacionalidad. Así, la electrónica lideró el crecimiento de los intercambios de manufacturas con un alza del 14% durante el período, impulsada por una fuerte demanda relacionada con la inteligencia artificial (mientras, vinculados con el hardware, los intercambios de hierro y acero registraron el mayor aumento, creciendo aproximadamente un 40% desde el tercer trimestre de 2024). Lo que se vincula con otra cara de la misma moneda: la revolución tecnológica está compuesta crecientemente por servicios (cuyo comercio internacional crece 9%) que avanzan ante el creciente intercambio de intangibles que integran ecosistemas empresariales suprafronterizos imposibles de detener. En tercer lugar, no debe desdeñarse que el comercio agrícola subió destacadamente en los últimos cuatro trimestres (+6%). Y, en cuarto lugar, se observa en el mundo un fenómeno sin precedentes: las empresas mundiales han adquirido una fortaleza extraordinaria, que les permite (hasta ahora) ejercer resiliencia ante las mayores dificultades en el entorno. Las empresas mundiales (que per-se o por sus cadenas de valor impulsan el 70% del comercio internacional mundial) nunca han tenido tan altas cotizaciones, ni han accedido a tanto capital, ni han producido tanto, ni han comerciado tanto. Más aun: intercambian además, en sus redes de valor, intangibles que escapan al seguimiento de las estadísticas convencionales (por ejemplo, los datos y el conocimiento, que conforman hoy el mayor insumo para la producción tecnologizada). Y pueden acomodarse a las restricciones a partir del rediseño de sus cadenas de valor (vía sustitución de proveedores complicados por otros menos afectados, en lo que se conoce como friendshoring -que está creciendo sostenidamente, a diferencia del nearshoring que no resulta tan fortalecido). Esto está generando una concentración del comercio internacional: se comercia más entre países alineados y menos entre países enfrentados, avanzando la discriminación en el trato de algunos mercados en relación con otros (se favorece el vínculo con algunos, se obstruye el vínculo con otros). La redefinición de cadenas de valor no es solo geográfica (para adaptarse a las restricciones impuestas por algunos mercados), lo que ha llevado a deslocalizaciones, tercerizaciones y cambios de proveedores. Las cadenas de valor, en verdad, están mutando hacia ecosistemas que adquieren un nuevo formato (en red, multisectoriales, flexibles, digitalizados y lideres en innovación abierta). Para Argentina, todo esto es noticia relevante. Argentina está entre los 15 países del mundo con menor ratio exportaciones/PBI. Y el proceso de inserción externa que está proponiéndose desde el gobierno es un requisito para lograr inversión, competitividad y modernidad. Un mundo que sigue intercambiando bienes y servicios (además de inversión y financiamiento) es una oportunidad. Claro que los atributos para prevalecer ya no son solo económicos y la geopolítica y la estrategia-país adquieren un valor tan relevante como la consolidación de mayor competitividad sistémica y la necesidad de lograr más cantidad de empresas con alta relevancia internacional, superando la languidez actual (apenas 75 empresas que exportan más de 100 millones de dólares anuales). El mundo abandona la globalización horizontal, pero no hacia una cerrazón sino hacia una internacionalidad discriminativa. No es lo deseable, pero es un escenario de oportunidades. Marcelo Elizondo es presidente del Comité argentino de la International Chamber of Commerce (ICC) y Director de la Maestría en Business and Technology en el ITBA Sobre la firma Newsletter Clarín
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