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  • El peronismo no vuelve de rodillas

    Cerrito » Debate Abierto

    Fecha: 07/01/2026 18:08

    Leido 7 veces *Por Nicolás Parera Deniz En 1983, con apenas 36 años, Jorge Pedro Busti asumió como intendente de Concordia en un escenario adverso: una provincia y la mayoría de los municipios gobernados por el radicalismo, una profunda crisis económica y un esquema de distribución de fondos absolutamente discrecional, en un contexto donde aún no existía la ley de coparticipación. El gobernador era Sergio Montiel, un dirigente de fuerte impronta y escasa predisposición al debate interno. Lejos de someterse, Busti eligió otro camino. Reclamó los recursos que le correspondían a Concordia y defendió también a otros municipios peronistas, aun sabiendo que esa postura implicaba confrontar con el poder de turno. En cada discusión, marcó las desigualdades y defendió los intereses de los entrerrianos. Allí comenzó a forjarse un liderazgo que dejaría huella. Esa historia ofrece una enseñanza plenamente vigente. El peronismo nunca creció desde la obediencia automática ni desde el silencio cómodo. Creció cuando tuvo dirigentes capaces de dar la discusión política, incluso en minoría y aun sin contar con la billetera. Hoy, nuevamente en la oposición, el desafío no es solo electoral, sino profundamente político. La oposición no existe para ocupar una banca, sino para representar a una parte de la sociedad, poner límites, debatir prioridades y evitar que el poder se transforme en una rutina sin control. Sin embargo, muchas veces lo que se observa es lo contrario: dirigentes desdibujados, sin voz propia ni iniciativa. Se confunde responsabilidad con acompañamiento y gobernabilidad con votar sin chistar. En ese proceso, la oposición termina funcionando como una escribanía del Poder Ejecutivo. No se trata de oponerse por deporte. Se trata de discutir lo que corresponde discutir: emergencias que se eternizan, delegaciones de facultades, autorizaciones amplias, presupuestos sin control y prioridades invertidas. Cuando todo se aprueba por inercia, el mensaje es peligroso: parece dar lo mismo quién gobierna y para qué sirve la representación política. Ese es el núcleo del problema. Si el peronismo quiere volver a ser una alternativa real en Entre Ríos, no puede construir futuro con dirigentes que solo administran la conveniencia del presente. Necesita conducción, identidad y criterio. Necesita recuperar el hábito de explicar, de marcar límites y de proponer. Porque cuando los dirigentes peronistas resignan el debate político y acompañan sin cuestionamientos las decisiones del Poder Ejecutivo, no están mostrando responsabilidad institucional: están renunciando a su rol. Y cuando eso sucede, no solo se diluye una oposición, también se rompe el contrato electoral con la gente que los eligió. *Presidente del Frente Entrerriano Federal (FEF)

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