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» Clarin
Fecha: 07/01/2026 07:06
A medida que aumenta la expectativa de vida, el deterioro cognitivo y la demencia se vuelven problemas más prevalentes. Y no solo en los humanos. "El síndrome de disfunción cognitiva canina (SDCC, por sus siglas en inglés) se diagnostica con una frecuencia cada vez mayor, pero aún faltan pautas diagnósticas estandarizadas", advierte un grupo internacional de expertos en cognición canina que acaba de publicar un conjunto de directrices que apunta a empezar a resolver esa carencia. "Con el aumento de la esperanza de vida canina, las afecciones relacionadas con la edad, como el SDCC, han adquirido mayor importancia clínica. Sin embargo, el diagnóstico es complejo: los signos son insidiosos e inespecíficos, los cambios estructurales en la resonancia magnética aparecen tardíamente, es difícil distinguir entre el deterioro normal y el patológico, y las comorbilidades complican aún más la interpretación", introdujeron los autores del trabajo publicado en Journal of the American Veterinary Medical Association (JAVMA). Liderado por Natasha Olby -de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad Estatal de Carolina del Norte-, el grupo de expertos (de Canadá, Hungría, Alemania y Estados Unidos), sostiene que se necesita trabajar más en el reconocimiento temprano del síndrome, cuando la intervención puede ser más efectiva. En pos de ese objetivo, consensuaron una serie de directrices para identificar el SDCC -una enfermedad neurodegenerativa similar al Alzheimer humano- para que los veterinarios las utilicen en el diagnóstico y el monitoreo de la demencia canina . "Queríamos proponer este método estandarizado como punto de partida que se pueda desarrollar con el tiempo", afirman. El texto establece definiciones claras y tres niveles de severidad (leve, moderado y grave) basados en cambios de comportamiento (en sus niveles de actividad, sueño, ansiedad, aprendizaje) agrupados bajo el acrónimo DISHAA. Para un diagnóstico de mayor certeza, sugieren, en la medida de lo posible, la realización de análisis y pruebas clínicas a partir de los 7 años. "La buena noticia es que hay un mayor interés en encontrar tratamientos para el síndrome de demencia canina", señaló Olby en un comunicado de prensa. "Pero para desarrollarlos, primero debemos asegurarnos de que exista una definición consensuada de la afección", dijo Olby. Deterorioro cognitivo y demencia canina: qué es El SDCC se define como un síndrome neurodegenerativo crónico, progresivo y asociado a la edad, que se caracteriza por cambios cognitivos y conductuales. ¿Cuáles son esos cambios? Desorientación: se manifiesta en comportamientos como caminar hacia el lado equivocado de las puertas, quedarse mirando al vacío o no reconocer a los cuidadores. Interacciones sociales alteradas: incluye tanto la disminución del interés social como un aumento en las conductas de búsqueda de atención. Alteraciones del sueño: los cambios en el ciclo de sueño-vigilia, como la inquietud nocturna, suelen ser uno de los signos que más afectan la calidad de vida de los cuidadores. Ensuciar la casa, problemas de aprendizaje y memoria: estos signos suelen aparecer a medida que la enfermedad progresa; ensuciar la casa se considera un indicador clínico relevante si el perro estaba previamente entrenado. Cambios en la actividad: puede presentarse como una reducción en el juego y la actividad física, o bien como un aumento de actividades repetitivas o sin propósito. Ansiedad: se observa un incremento en los comportamientos relacionados con la ansiedad y el miedo. El uso de esta escala, según el grupo de expertos, es la herramienta recomendada para la práctica clínica diaria porque permite evaluar los seis dominios de forma integral, algo que otras escalas no cubren totalmente (por ejemplo, omiten la ansiedad o los niveles de actividad). "Estudios recientes sugieren que la inquietud nocturna, la disminución de la actividad diurna y los cambios en la interacción social ocurren al principio de la enfermedad, mientras que la suciedad en la casa y la desorientación espacial se observan a medida que aumenta la gravedad", precisan los autores. Y añaden que los cuidadores también informan deficiencias sensoriales (audición, visión y olfato) e inestabilidad postural. Clasificación de la gravedad Los tres estadíos descriptos son: Leve: los cambios de conducta son sutiles y de baja frecuencia o gravedad; el perro generalmente puede realizar funciones normales; los cuidadores suelen atribuir los cambios a la vejez y pueden pasar desapercibidos a menos que se los examine específicamente. Moderado: los cambios de conducta son más frecuentes y graves, interfiriendo con las actividades diarias normales y requiriendo ajustes en el manejo. Grave: los cambios de comportamiento son evidentes y debilitantes; el perro necesita apoyo incluso para las funciones básicas y se necesita un tratamiento integral. "Estas definiciones reflejan la percepción de los propietarios sobre el grado de discapacidad de su perro en lugar de cuantificar la patología, pero proporcionan un medio práctico y relevante para establecer el estadio del síndrome", afirman los expertos. Mejorar el diagnóstico y las terapias Es importante -aclaran- destacar que el síndrome de deterioro cognitivo canino es un diagnóstico de exclusión, por lo que se deben descartar otras condiciones médicas que puedan imitar estos cambios conductuales mediante exámenes físicos, neurológicos y pruebas de laboratorio antes de confirmar la presencia del SDCC. El grupo recomienda que los veterinarios comiencen a monitorear los cambios cognitivos en a través de exámenes rutinarios a partir de los 7 años. Si el cuidador informa anomalías de comportamiento, se recomienda realizar un seguimiento con la escala de SDCC y monitoreo continuo cada seis meses. A partir de los 10 años, se recomienda el uso de la escala cada seis meses en todos los perros. Los investigadores esperan que proporcionar una definición viable del síndrome y sus criterios diagnósticos allane el camino hacia mejores diagnósticos y terapias. "Seleccioné a los participantes de este grupo de trabajo entre expertos en el campo que trabajan activamente en el CCDS o que históricamente han establecido los estándares, desde quienes lo definieron inicialmente hasta quienes lo trasladaron a la práctica clínica", comentó Olby. Y concluyó: "Reconocemos que este documento es solo el comienzo del proceso, pero se desarrolló como un documento en funcionamiento que se puede ir ampliando a medida que mejoremos nuestra comprensión". *** ¿Tenés alguna duda sobre salud y bienestar que te gustaría que abordemos en notas de la sección? Escribinos tu consulta a buenavida@clarin.com Newsletter Clarín
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