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» Clarin
Fecha: 07/01/2026 06:35
Es un deporte a vela, que llegó a la Argentina después de la pandemia y paulatinamente fue ganando adeptos por la magia que genera y por el disfrute que produce. Dicen los que saben que "es una evolución del windsurf y el kitesurf" y que sin duda será un boom. Se trata del wing foil, una actividad que "despertó de golpe y se convirtió en furor" en las costas de Punta del Este. Cerca del puerto, en el balneario Mailo, el atardecer ventoso coincide con la aparición de alejados puntitos que se ven dentro del mar y que, cuanto más se acercan, se asemejan a... gaviotas. "Combina elementos del windsurf, el kitesurf y el surf, pero tiene un componente único que brinda la sensación de adrenalina y libertad: permite volar sobre el agua", dice a Clarín el argentino Raúl Saubidet, experto entrenador de vela, que hace saber que será deporte olímpico en Brisbane 2032. Recorrer la zona del puerto, pero también otros centros neurálgicos para la actividad como Parada 31 de La Mansa o la Posta del Cangrejo, en La Barra, permite encontrarse con un universo desconocido pero concurrido de argentinos que practican el wing foil. "Acá es furor por el clima, por el agua, por los vientos moderados y por la extensión que hay para realizarlo", describe Saubidet. ¿Cómo se practica? "Uno está de pie sobre una tabla con un foil (hidroala que va por debajo del agua) y se está con las manos sujetas a un wing inflable. Una vez que atraés el viento, te impulsás en el agua generando un estado de mucho placer y desafío a la vez", explica Saubidet, reconocido entrenador olímpico. Ingeniero, rosarino, Ignacio tiene 60 años, es de Buenos Aires y llegó hace una semana a Punta del Este con el solo objetivo de hacer wing foil. "Yo vengo del palo del surf, pero a mi edad ya no me dan las piernas ni los brazos -dice pese a tener un cuerpo fornido-. Una vez que le agarrás la mano, encontrás el equilibrio y te largás, es un viaje de ida -expresa un gesto de sumo placer-. El nivel de disfrute hace que uno quiera seguir hasta sentirse agotado. Hace tres horas que estoy volando en el agua, es magia pura". En la misma sintonía está Wenceslao (54), médico urólogo porteño, que se fanatizó con el deporte porque le resulta terapéutico: "Yo ahora estoy acá surfeando una ola, pero sin tocarla, ¿entendés? Y ese movimiento, ese viaje silencioso sin tocar el agua me llena de paz, sobre todo sabiendo que en veinticuatro horas tengo que estar en mi consultorio. Es un deporte náutico ideal para los que amamos el agua y tenemos más de cincuenta y queríamos seguir estando en actividad". Vemos en la orilla a cantidad de practicantes desarmando el equipo y uno de ellos es Saubidet, que gustoso desasna y alecciona: Fijate, está la tabla, esto se llama foil (que parece un avioncito y que funciona bajo el agua) y una vela (llamada wing) que se mueven logrando una velocidad tal que el foil hace despegar la tabla, permitiendo volar por arriba del agua." "La explosión se dio esta temporada", apunta la avezada Delfina, una señora habitué de Punta del Este, que se la ve concentrada en inflar la vela y volver al mar: "Evidentemente hubo un contagio por esta actividad, el boca a boca, las redes sociales y la gente que como vos pasa, mira y se engancha. Es hipnótico para los ojos y placentero y divertido. Yo no soy ninguna nena y si bien es una actividad que demanda energía, no me liquida." Este deporte fue ganando más espacio por varios aspectos: no se necesitan olas, alcanza con viento y aguas calmas, lo que lo hace accesible en muchas playas, comentan los usuarios . "Atrae por su simplicidad y cuenta con el vehículo más simple. Ha progresado y es innegable su evolución hacia el vuelo, porque literalmente uno está volando", grafica el campeón olímpico Santiago Lange, que se encuentra en estas playas uruguayas. Coincide Lange, de 64 años, en que "es una actividad que no desgasta físicamente, ni exige a nivel fuerza, porque el foil no presenta tanta resistencia del agua y agarra velocidad de manera sencilla. Yo empecé a practicarlo hace dos años, una vez que me retiré, y ahora me puedo dar el gusto de hacer nuevas cosas, sin temor a darme un porrazo", sonríe. Laura Moñino (69) es argentina pero reside en Uruguay hace cuatro décadas. Hoy está al frente de la única escuela de windsurf y wing foil de Punta del Este. Se encuentra en la paradisíaca Laguna Garzón, adonde llegan decenas de alumnos que quieren zambullirse en "el deporte del avioncito", como muchos lo llaman. "Sin duda es el deporte acuático que más ha crecido en el último tiempo. A mi escuela venían hasta hace poco alumnos que querían tomar clases de windsurf y kitesurf... Hoy en día el wing foil creció a tal punto que se impuso y es la principal actividad que enseñamos. ¿A qué se debe la tendencia? Sencillez, placer y diversión. Y a que es apto para los principiantes, que se animan sabiendo que no corren riesgos", responde. Orillando los setenta, Laura, simpática, señala que se trata de "el mejor deporte acuático para los viejitos que con el wing foil rejuvenecimos", remarca sonriente. "Es fácil, es una brisa al alma y a la vez genera pasión, porque pasa que una vez que lo enganchaste no te querés bajar más de una tabla con la que estás flotando en el aire, como a medio metro del agua". La instructora cuenta que las clases de una hora cuestan U$S 100 y que en los cursos de dos clases (tres horas en total) el monto asciende a U$S 250. Si son cuatro las lecciones se paga U$S 450. "Viene gente de todas las edades, desde veintipico a más de sesenta y te soy sincera, en cinco o seis clases máximo ya estás listo para volar tranquilo", describe. Y hablando de montos, los costos para comprar un equipo completo (con casco y chaleco salvavidas puede oscilar entre los U$S 3.000 y U$S 5.000 dólares. Saubidet, que tiene una escuela de instrucción en Acasusso, afirma que "todo deporte acuático apunta hacia el foil y éste en especial ofrece sensaciones que no se encuentran en otras actividades". El windsurf, digamos, perdió onda -sonríe-. Esto es la evolución de la náutica. Volar por arriba del agua es algo inexplicable y, además, no hace ruido. Y todo este universo concuerda al experimentar "esa adrenalina diferente y esa sensación inusual de sentirse flotando en el aire". Enviado especial. Punta del Este. AA Sobre la firma Mirá también Mirá también Newsletter Clarín
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