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» La Nacion
Fecha: 07/01/2026 06:35
Cecilia Ce vuelve a la calle Corrientes con un nuevo espectáculo, en el que el que desarma las capas de la sexualidad con información y humor; hoy estamos en una crisis vincular, pero hay esperanzas, dice - 8 minutos de lectura' No usa su apellido. Dice que es muy largo y que, de todos modos, prefiere mantener separado lo personal de lo profesional. Es la Licenciada Cecilia Ce, a secas, un nombre artístico que condensa la condición académica -porque es psicóloga y sexóloga- con la performance en los escenarios que inició con Beer & Sex Night en 2018, primero en café concert y después, desde 2021, en salas teatrales de calle Corrientes. En 2026, todos los viernes a partir del 9 de enero, regresa al Paseo La Plaza con su segundo unipersonal, Encendé tu motor, en el que volverá a desarmar las capas de la sexualidad con información y humor, datos estadísticos y tips de especialista, entre la charla Ted y el stand-up, con un léxico fresco, sin eufemismos y mucha participación del público. Así como el contenido de Beer & Sex Night estaba relacionado con sus libros publicados (Sexo ATR, Carnaval toda la vida y Vinculear: prácticas para el buen sexo, editados por Planeta), el cuarto, Deseo (2024), le da letra a Encendé el motor, en la que Cecilia, con vestuario de corredora de autos, se arremanga para explicar cómo darle gas al placer, según las necesidades de cada motor: Todos tenemos frenos y aceleradores para sentir placer, pero no todos requerimos el mismo tipo de acelerador ni de freno. Hay gente a la que todo le saca las ganas y a otra que todo le da ganas. El estrés puede ahogar el deseo en unos casos, mientras que a otros los prende. No hay que compararse ni meterse más presión: hay que entender las diferencias individuales con una mirada amorosa y compasiva. -¿Qué aprendiste del espectáculo anterior? -Fueron siete años en los que aprendí que las personas siempre responden lo mismo. En todas las funciones y en distintos lugares, respondían igual. Con base en esas respuestas iguales, construí los chistes y remates. Es muy loco que a la pregunta de por qué las mujeres fingen el orgasmo, siempre respondan que quiero que se termine porque la estoy pasando mal. Todas las funciones. A la pregunta de por qué tienen sexo, respondían: Para tener un orgasmo o para dormir y no para conectar o por amor. Todos responden lo mismo porque la sexualidad es muy cultural: estamos criados por el mismo mensaje, que a veces es solo la pornografía. Otra cosa que aprendí es que hay temas tabú; tuve récord de desmayos de varones. -Notable. ¿Y las mujeres se desmayaban por algo? -Mucho menos. Hay que ser responsable y respetuoso, que el humor no sea ofensivo, para no reforzar los mitos que quiero romper porque es muy sensible el tema. -¿De qué temas ya no vas a hablar? -Por ejemplo, de las posiciones que necesitamos las mujeres para alcanzar el orgasmo. Hablé mucho sobre eso y creo que ya está, ahora quiero otra profundidad. El show anterior fue una campaña de educación sexual, con toda la información que todos deberían tener. Fuimos por todo el país. -En tus giras, ¿hay algún lugar que fue diferente? -En una provincia nadie preguntó nada, silencio total. Y en otra no me permitieron hacer una función, tuvimos que ir a otra sala. La brecha -¿Por qué te centrás en parejas heterosexuales? -Creo que se malinterpreta. De lo que hablo mucho es acerca de la mujeres que son las que, en los vínculos heterosexuales, tienen menos orgasmos. Esto está comprobado y se llama la brecha orgásmica, cuestión que traigo también a este show porque hay mucha diferencia entre el placer que recibe el varón y el que recibe la mujer. Los peores números están en la relación heterosexual. Pero tampoco es el orgasmo el único criterio del disfrute. Lo que las mujeres cuentan es que, en las relaciones heterosexuales, a los hombres les cuesta registrar qué necesitan, les cuesta usar preservativo, les cuesta ser empáticos... -¿Quiénes son tu público? ¿Mujeres jóvenes? -Sí, pero fue cambiando: al principio, veinteañeras, pero después la franja se fue expandiendo hasta los cincuenta y sesenta. Los varones vienen en pareja, acompañando a la mujeres. Una única vez vino un grupo de varones solos. Mi primer espectáculo estaba orientado más a primeras citas, pero este va más allá de eso, a la charla del después, y es para cualquier edad, cualquier género, cualquier orientación sexual porque apunta a entender cómo funciona tu motor, tu modelo de auto. -Como sexóloga, te la pasás hablando del tema y mucha gente te conoce. ¿Afecta en tus vínculos y en tus ganas? -Tengo los mismos desafíos que cualquier otra persona, pero con un montón de información. Me gusta el deseo, disfruto y peleo por mi sexualidad, la trabajo. Después, lo que pasa del otro lado, el que se inhibe, no depende de mí; alguno se puede inhibir y a otro parecerle fantástico. -¿Pero tu trabajo se mete en la conversación? -Y sí. Se mete y yo también pregunto. Me resulta muy cómodo hablar del tema, lo tengo naturalizado, me resulta más fácil hablar de esto que de otra cosa. Maestros -¿Qué sabés o en qué medida te inspiraste en sexólogos pioneros, como León Gindín, Juan Carlos Kusnetzoff y la puertorriqueña Alessandra Rampolla? -Fui a ver todo lo que pude ver, soy muy autodidacta. Sobre todo, soy muy intuitiva y genuina en lo que hago; no sigo consejos, busco lo divertido, no me gusta lo solemne. -¿Qué dicen tus colegas sobre tu actividad? -Me apoyan en todo, hay mucho reconocimiento, porque visibilizó la profesión, aumentaron las consultas, fue una ganancia para todos. -Con toda la información disponible, ¿por qué la sexualidad continúa siendo un misterio y convoca público? -Una paciente de 30 años me dijo algo al respecto. Tenía toda la información. Pero cuando estaba sola con su cuerpo, la información no le servía para calmar su angustia. Porque hay mandatos y estigmas que siguen funcionando, que están metidos en el cuerpo. O las críticas recibidas sobre si lo hacés bien o mal. O si te duele y cómo lo decís. En mi espectáculo, la gente escucha cómo hablar del tema, les sirve de disparador para charlarlo. Me llegan mensajes de parejas que pudieron tocar algunos temas al salir del teatro. Me encanta que eso pase, lograr ese espacio para poder comunicarse sin que el otro lo tome a mal. -¿Por qué, según afirmaste, los jóvenes cada vez tienen menos sexo? -La vida moderna no fomenta el disfrute, es una sociedad que se considera muy conectada, pero en realidad estamos desconectados, quemados, cansados, enfermos y, sobre todo, aislados. Salud mental, incertidumbre, situación política, cualquiera de estas variables impacta en la sexualidad. Y la pornografía hace desastres, se fue de las manos y no hace mucho: empeoró en los últimos cinco años entre los más jóvenes. -¿La disponibilidad de acceso a contenidos, prácticas, relaciones sexuales incide en el deseo? -Las aplicaciones abrieron mercados de opciones que abruman. Creo que las prohibiciones, tabúes mejor dicho, continúan, porque hoy podés tener sexo pero no te podés enamorar, es muy difícil. -¿La virginidad -que en el pasado era un umbral- ya no es parte de ninguna conversación? -Es un temón, pero en el sentido opuesto. Es una mochila para quien la tiene. Con cambios, pero los mambos continúan. Antes el punto de partida era el amor y el de llegada era el sexo; ahora es al revés, se parte del sexo para llegar a enamorarse, pero no saben cómo, porque duran tres noches. Lo difícil es enamorarse. Hay que cuestionar la sobreabundancia de posibilidades, de pensar que siempre va a venir algo mejor, de pensar que va a hacer todo perfecto y si no es perfecto, te descarto. Hay un sobregiro ahí: el no tolerar nada hace muy difícil vincularse. Creemos que todo se puede planificar y editar, pero no funciona así con los vínculos. -Muchos cambios sociales -Y en muy poco tiempo. Se conocen por las redes, se eligen por las redes, por una foto, sin verse, sin olerse. Sabemos que el olfato es el mayor indicador de atracción y estás decidiendo por una foto. Hay mucha ansiedad. Estamos en una crisis, pero hay esperanza, porque vendrá una contrarrespuesta. Porque estamos desconectados del cuerpo más que nunca. Almorzamos con el celular en la mano, no sabemos lo que nos llevamos a la boca, no conectás con tus sensaciones en ningún momento; llegás a la cama y en lugar de charlar con tu pareja, agarramos el teléfono. -¿Qué pasa si no tenés más ganas de sexo? -El deseo se sostiene por recompensa. Si no la paso bien, ¿para qué voy a querer sexo? No conecto, no me tienen en cuenta, me estresa. Entonces me quedo en casa y evito la frustración. Pero el aislamiento no nos hace bien. Porque nadie se muere por no tener sexo, pero sí tenemos una gran necesidad de contacto humano. -Habrá que encontrarse de otra manera -Soy una defensora de los encuentros. No hablo del amor para toda la vida sino del encuentro, poner el cuerpo, es lo único que nos va a salvar del estresazo y la vida automática que tenemos. Para agendar Encendé tu motor, de la licenciada Cecilia Ce. En la sala Pablo Neruda del Paseo La Plaza (Corrientes 1660), los viernes a las 22, desde el 9 de enero.
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