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  • Las últimas apariciones públicas de Nicolás Maduro que colmaron la paciencia de Trump: del baile a las burlas

    » Clarin

    Fecha: 07/01/2026 04:45

    Cuando Donald Trump le puso un ultimátum para abandonar el poder, en noviembre, Nicolás Maduro salió a la calle y bailó. Cuando la presión de Estados Unidos se intensificó, con la incautación de un petrolero venezolano, el entonces presidente optó por cantar. Del baile a la burla, sus últimas provocaciones en cámara terminaron por colmar la paciencia de la Casa Blanca. En la madrugada del viernes, Trump ordenó el operativo que lo capturó y puso fin a una puesta en escena que buscó desafiar a Washington hasta el último minuto. Lejos de moderar el tono frente a la amenaza creciente, el depuesto presidente eligió la exposición pública, la ironía y el show. Música, consignas en inglés, gestos festivos y desafíos explícitos marcaron sus últimas semanas al frente del poder, en una secuencia que combinó propaganda, negación del conflicto y una apuesta final por mostrarse invulnerable. A mí no me para nadie Video A fines de noviembre, en una jornada que mezcló exaltación política y clima estudiantil, Maduro lanzó una frase que resumió su estrategia: A mí no me para nadie. Entre música electrónica, consignas de paz y pasos de baile, acusó a Washington de sostener acechanzas y amenazas letales contra su gobierno. Ajeno al tono bélico del conflicto, cerró el acto con un llamado a la celebración. Es viernes, ¿y qué pasa el viernes? Venezuela en paz se declara en rumba total. ¡Rumba, rumba, rumba!, gritó desde el escenario, mientras universitarios lo acompañaban con cánticos. De fondo, sonaba un tema electrónico con frases del propio mandatario en inglés: No war, no crazy war, peace, peace, yes peace. Durante el discurso, pidió a los jóvenes venezolanos que contactaran a movimientos estudiantiles de Estados Unidos para reclamar que paren la guerra. La escena cerró con una postal de exaltación emocional. ¡Maduro, te amo!, le gritó una joven. Yo también te amo, respondió él, antes de asegurar que el amor le daba fuerza para enfrentar todos los demonios. Dont worry, be happy El 11 de diciembre, ya con la presión internacional en aumento, Maduro volvió a cantar. Esta vez fue Dont worry, be happy, el clásico de Bobby McFerrin. Con un sombrero caribeño de ala ancha, dedicó la canción a los ciudadanos estadounidenses que están en contra de la guerra. Video No a la guerra, sé feliz, entonó a su manera, mientras se movía al ritmo de la música. En ese mismo acto, denunció la incautación del petrolero Skipper por parte de Estados Unidos, a la que calificó como un acto de piratería naval criminal. Prometió entonces que Venezuela protegería todos sus buques para garantizar el comercio de petróleo, en una advertencia que contrastó con el tono liviano de la escena. Navidad en clave chavista La noche del 23 de diciembre, Maduro encabezó una cena navideña por la paz y la felicidad en una zona popular de Caracas. Con bufanda navideña, gaitas de fondo y timbal en mano, volvió a cantar, bailar y abrazarse con vecinos de la parroquia San Agustín, uno de los bastiones históricos del chavismo. Video El imperialismo no puede con nosotros, afirmó, en referencia directa a Washington. Yo no he sido ni seré jamás un magnate. Yo soy un hombre de la calle, insistió, antes de cerrar con una consigna inequívoca transmitida por la televisión estatal: ¡A comer, a bailar!. Baile y consignas frente al despliegue militar Un día después de que Trump anunciara un ataque contra un muelle venezolano utilizado para el narcotráfico, Maduro respondió con música y baile. Durante un acto oficial en Caracas, reclamó peace forever, no crazy war y volvió a hablar en inglés para enviar un mensaje directo a la Casa Blanca. Video La escena se convirtió en una suerte de rave improvisada: música electrónica, consignas grabadas con su propia voz y funcionarios bailando en el escenario. Canción hit número uno de la temporada venezolana, celebró, exultante, mientras repetía el estribillo de Not crazy war. Su última aparición pública Pocas horas antes de ser capturado, Maduro recibió en el Palacio de Miraflores al enviado especial del presidente chino Xi Jinping, Qiu Xiaqi. Habló entonces de una unión perfecta, a toda prueba y a todo momento entre Venezuela y China. Video La reunión, que se extendió por tres horas, incluyó sonrisas, regalos y una frase que llamó la atención. Ante la curiosidad de un integrante de la delegación china por la dedicatoria escrita en uno de los obsequios, Maduro esquivó la respuesta con una sonrisa: Chismoso guardalo, es un secreto entre nosotros. Siempre victoriosos, dijo al despedirse. La frase sonó menos dirigida a Beijing que a Washington. Horas después, el telón cayó. Mirá también Mirá también Newsletter Clarín

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